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Francia: el cambio del miedo o el miedo al cambio

Tras la primera vuelta electoral, parece que corren aires de cambio en la vecina Francia. Por un lado, Hollande gana por escaso margen al actual presidente Sarkozy. Y por otro, Marine Le Pen se afianza como tercera fuerza por delante de la izquierda más radical y de los centristas.

Los titulares de la prensa francesa, española y europea, en general, señalan el aparente cambio que supuestamente anunciaría este resultado. Prácticamente todos apuestan por la victoria de Hollande en la segunda vuelta. Este pronóstico se basa, en opinión de algunos expertos, en la factura política que le está pasando a Sarkozy su amistad peligrosa con la canciller alemana, Angela Merkel. Desde que estalló la crisis y se perfiló el eje franco-alemán como base de la toma de decisiones en la Unión Europea, los enemigos de Sarkozy han hecho todo lo posible por denostar al presidente de todas las maneras posibles, incluyendo ataques personales a su estatura. Aludir a "le petit Nicholas" para remarcar la menor influencia del francés de origen húngaro en el dúo Merkozy es bastante ruin.

La derecha indecisa quiere dar una lección al presidente y votan al partido de Le Pen.

También ha colaborado la izquierda española, incluyendo esa izquierda que se autodenomina conservadora de derechas, como José García Domínguez, insultando a Sarkozy y acusándole de afrentar a nuestra patria simplemente porque ha señalado lo mal que lo hizo Zapatero y la penuria que ha dejado a su paso. Eso sí, nadie en España se cuestiona si no es ofensivo profundizar en las diferencias de España con Grecia por la mezquindad de sus políticos y las mentiras de sus gestores, y poner al pueblo griego a caer de un burro. Pero cuando pregunto a los franceses de a pie por los resultados de esta primera vuelta no les sale otra cosa más que "como siempre". La derecha indecisa quiere dar una lección al presidente y votan al partido de Le Pen. Ante el ascenso de la derecha más radical, esos mismos indecisos prefieren volver a votar a Sarkozy, junto con los centristas de Bayrou, en la segunda vuelta. Resultado final: el mismo. Tal vez una mayoría menos abultada, tal vez incluso, una victoria por los pelos… pero no esperan que pierda Sarkozy.

El voto del miedo

Sea como fuere, los franceses tienen ante sí la ocasión para elegir cómo van a enfrentarse a lo que se les avecina, sea esto malo, sea esto peor que malo. Lo que sí parece que está cada vez más claro es que el futuro no va a ser venturoso, al menos de momento. Y ahí, con permiso, yo le doy la razón a Sarkozy. Es previsible que la opción socialista de Hollande gestione mucho peor el momento de vacas flacas que la opción, también socialista pero de derechas, de Sarkozy. Hollande vende el mismo humo que Zapatero, tal vez con menos torpeza, pero el mismo humo. Sarkozy, precisamente por asociarse con Merkel, probablemente será más precavido y no se deje llevar por cantos de sirena tan descaradamente.

La lástima es que el de los franceses va a ser el voto del miedo. Miedo a que Sarkozy gane y promueva ajustes de los que escuecen y miedo a que gane Hollande y se comporte irresponsablemente como si el "estado del bienestar" aún estuviera vivo.

No se han enterado los partidarios de Hollande, los socialistas españoles y muchos ciudadanos europeos de que el "estado del bienestar" tal y como lo conocemos es pasado, fue, y no puede seguir manteniéndose. La nueva era en Europa está aún por inventar.

El próximo día 6 de mayo, cuando los franceses emitan su voto, nos enteraremos a quién le tienen más miedo los franceses, de quién se fían menos.


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