Godivaciones

Derecho, legislación y reptilianos

Desafortunadamente, la semana informativa ha estado de nuevo teñida de violencia y sangre, ofreciendo imágenes de muertes de civiles, torturas, detenciones infundadas y todo tipo de atropellos por parte de los responsables en el poder. Una de las cuestiones que quienes no quieren ver, o quienes están a favor del gobierno oficial, ponen encima de la mesa a quienes clamamos por la sangre derramada es el tema del cumplimiento de las leyes.

Derecho y legislación no son lo mismo

Porque resulta que a Maduro lo eligieron los venezolanos, y no puede ser que hubiera fraude. Simplemente Jimmy Carter es infalible y de ver algo raro en esas votaciones no lo habría consentido. Porque resulta que hay unas leyes que deben ser respetadas o, de lo contrario, los demócratas deberíamos defender que se reforzara ese cumplimiento y se penalizara a los infractores. Y parece que las cosas están al revés. Desde el punto de vista de algunos, Maduro es el representante legítimo que debe cumplir y hacer cumplir las leyes. Y ese es el punto clave.

¿Siempre hay que cumplir las leyes?

Este es un tema que abordó Friedrich von Hayek, entre otros, distinguiendo entre derecho y legislación. Esa distinción es importante porque cuando se habla del "estado de derecho" hablamos del derecho, pero cuando nos referimos al cumplimiento de las leyes como normas de derecho positivo, en realidad hablamos de la legislación. La diferencia es que uno está fundamentado en principios sólidos y la otra en normas positivas contingentes, que dependen de quien las establece, que es quien las diseña. Así, no matar no es una norma que haya sido diseñada por un legislador, es una norma de derecho. Pero la prohibición de salir a la calle a partir de las seis de la tarde, pertenece a la legislación, es una norma positiva. Lo que los gobiernos de Ucrania y Venezuela están haciendo es aprovecharse de la confusión que reina en nuestros días a este respecto.

La defensa propia y la violencia civil

El escolástico y fundador de la Escuela de Salamanca, Juan de Mariana, consideraba que un individuo estaba legitimado para acabar con la vida del tirano si éste estaba atentando contra su pueblo. Un pueblo masacrado tiene derecho a defenderse, y si un ciudadano toma la decisión de asumir la defensa de todos, para el padre Mariana, ese acto de violencia es legítimo. Eso sí, el jesuita definió de manera precisa a qué llamaba tirano, de forma que no hubiera dudas a quién y cuándo.

Las cosas han cambiado y los tiranos se han amoldado a los nuevos modos de jugar a la política como el agua al vaso. Supuestamente se someten a las reglas del juego democrático, pero ocultan lo que hacen bajo cuerda para que los observadores internacionales sonrían y certifiquen. No sabemos cuánto de miedo había en el ciudadano que votó en un sentido o en otro. No sabemos la violencia civil en las calles de Caracas o de cualquier otra ciudad, debido al reparto de armas entre los hampones por Chávez y Maduro. No sabemos nada.

Lo que sí conocemos son los signos económicos de colapso, el desabastecimiento de productos básicos, la inseguridad ciudadana y la indignación de la ciudadanía que sale a las calles, no solamente en Venezuela sino en Ucrania también, donde las bajas se cuentan por cientos. Independientemente de la legitimidad de esa defensa propia de los ciudadanos y de la libertad de expresar su descontento, es necesario, para no repetir ambos casos, detenerse a pensar cuándo empezó todo. 

No empezó hace un par de semanas. Tampoco empezó cuando cada uno de los pueblos se acercó a votar, coaccionados o no. Todo empezó cuando alguien uso su sillón parlamentario para su propio beneficio y no hicimos nada. Empezó cuando aceptamos la terrible excusa de consentir el mal menor y justificamos una "pequeña" falta de nuestros gobernantes. Y empezó cuando los gobernantes pasaron a ser nuestros "responsables" políticos, cuando les cedimos demasiada responsabilidad.

Está claro que no hemos establecido mecanismos de contrapeso, monitorización y vigilancia de esos poderosos. Eso lo sabemos por la parsimonia y falta de pudor con que miran a cámara mientras roban, agreden y mienten. Pero, a esos tiranos hay que unir aquellos que miran a otro lado mientras se completa el abuso, esos gobiernos que dirigen su atención a otro lado, esos políticos que distraen a la opinión pública aludiendo a los oscuros intereses que hay tras los estudiantes venezolanos. La conspiración siempre vende muy bien. La existencia de una raza de reptilianos en la Tierra que solamente unos pocos pueden ver también. En un caso y en otro, alguien gana dinero a costa de la ingenuidad de la gente. Pero en el primero, los que se esconden tras esa idea son cómplices de muertes y abusos.

Me quedo con los reptilianos.


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