Godivaciones

Democracia... ma non troppo

Quedó atrás la primavera árabe en Egipto. Tras la caída de Mubarak en febrero del 2011, se convocaron elecciones y ya tenemos los resultados. Han ganado los islamistas, los Hermanos Musulmanes. Quienes se implicaron, ilusionaron, y proclamaron la necesidad de esos movimientos cívicos que a través de la democracia llevarían el progreso a los países musulmanes oprimidos por dictaduras militares, deben estar decepcionados. La romántica revolución desatada en las calles ha llevado al poder a un grupo radical entre los islamistas.

¿Quiénes son los Hermanos Musulmanes?

Los Hermanos Musulmanes vistos desde el punto de vista de un egipcio son unos héroes. Fundada en Egipto en 1928 por un maestro de escuela esta cofradía secreta, porque no hay lista de miembros, recoge la tradición islámica más pura y, al menos en Egipto, ha padecido persecución, cárcel y muerte. Panislamistas, anti-occidentales, partidarios de implantar la sharia (ley islámica) y de unir el poder civil y el religioso, son cualquier cosa menos defensores de la libertad.

Especialmente si eres mujer u homosexual, la sharia puede hacértelo pasar mal: es una puesta en práctica de normas propias de un país de la Edad Media (o peor). Pero aún así, los Hermanos Musulmanes de ahora no son como los de antes ¡se han moderado! Ya no defienden la violencia, aunque al parecer tienen contactos con organizaciones terroristas en Israel, Siria, etc.

Precisamente su panislamismo es lo que más asusta en Occidente. Los ataques a objetivos occidentales tan trágicos en la pasada década han estado teñidos de esta idea de unión de los hermanos en el Islam sin distinción de fronteras, con la clara intención de extenderse por todo el mundo. ¿Cómo es posible que tenga tanto tirón en Egipto una cofradía como ésta? Muy sencillo: por su acción social.

El poder del dinero

Han creado escuelas, ambulatorios y hospitales en las zonas más deprimidas con las aportaciones de los más ricos. Y eso no se olvida. Están en contacto y en muy buena armonía con los sindicatos del país. Son una fuerza social.

Cuando uno aparece ante sus pares como depositario de la verdad última sagrada y además como el salvador de los más desfavorecidos lo tiene todo ganado. Eso sí, como todo tiene un precio, no vayamos a pedir que además respeten las diferencias o sean aperturistas. ¿Dónde quedaría su unión de lo civil y lo divino si entran nuevas ideas de fuera, en concreto del terrible Occidente?

Como ellos mismos dicen: "El Islam es religión y Estado, libro y espada, toda una forma de vida". Y en esa forma de vida, Occidente no tiene mucho que hacer. Estamos, de alguna manera, ante un nuevo islamismo, el islamismo populista, que adormece el ansia de libertad de la población más necesitada asegurándoles la subsistencia.

Por otra parte, los Hermanos Musulmanes se han dado cuenta de que ya pasó el tiempo de los golpes de Estado, han padecido una dictadura militar que casi los ha masacrado y han sabido adaptarse a los nuevos tiempos. Así que han aceptado las reglas del juego democrático y se han presentado a las elecciones. Y han ganado. Lógico: son los delegados del poder divino y los que enseñan a sumar a tu hijo ¿no les votarías? Y mucho más si la alternativa es un continuista: cualquier cosa menos Mubarak II.

Aunque observadores avezados de lo que pasa por Oriente Próximo como Jordi Pérez Colomé señalan que nunca antes en Egipto había gobernado alguien que no fuera rey, emperador, faraón o militar, la opción del islamismo radical no sé si es la mejor. No solamente para Egipto, sino para la zona, porque el ejemplo puede prender,  y para Occidente, que ve su éxito con cierta reticencia.

¿Democracia siempre?

Si se acepta que la democracia no es más que un modo de elegir representantes mediante una votación, nada asegura que sea un sistema que garantice la paz y menos la libertad. La cosa cambia cuando se considera que para que haya democracia ha de haber separación de poderes. En ese caso deberíamos plantearnos qué sancionamos como democracia y qué no. Empezando por nuestro país, claro. Si los Hermanos Musulmanes representan el peligro de la violencia, aceptarles en el juego democrático puede ser que atenúe esa amenaza, pero por otro lado, emponzoña las instituciones y envilece la democracia.

Tal vez sería necesario desmitificar el concepto, y perfilar su contenido, ser cauto con su uso, o aceptar que no es sinónimo de nada. Es decir, Franco no habría sido diferente como gobernante si hubiera salido elegido en unas urnas. ¿Es, por tanto, de alguna utilidad reclamar democracia como garantía de liberación de los pueblos? Egipto demuestra que no. Pero, ojo, no nos descuidemos, nuestra casa tampoco está del todo limpia.


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