Godivaciones

Banca y Estado: un matrimonio de conveniencia

Así que nadie lo sabía. Que la banca financia al Estado y el Estado financia a la banca parece que es algo nuevo en la historia de la humanidad. Nos miramos los unos a los otros con cierto pasmo y nos apresuramos a condenar tan malsana relación. ¿Y el contribuyente? ¿Y la sufrida clase media? Y como la Reina de Corazones del cuento de Lewis Carrol clamamos que les corten la cabeza a todos ellos. En especial a los banqueros, porque –de repente, recordamos- el Estado es la ubre de la vaca que nos nutre de subvenciones. Todos sorprendidos… menos quienes leen historia monetaria y financiera de vez en cuando.

Es fácil imaginar la Inglaterra medieval del siglo XII, cuando el oro escaseaba en Europa (menos en la España musulmana que se nutría del oro de Sudán) y cómo los señores y reyes apuntaban las deudas fiscales de los ciudadanos haciendo muescas en un palo (tarja o tally) que utilizaban a su vez como aval para pedir prestado a los banqueros y financiar sus guerras. De ahí en adelante todo es igual. La banca financia las guerras, campañas electorales, lobbies favorables al gobierno, y a cambio, obtienen privilegios: impuestos encabezados que les permitía cobrar más de lo estipulado y asolar a la población, permisos de navegación, aranceles propicios, monopolio de emisión (en el caso del banco central) o financiación barata del Banco Central Europeo.

No hay mucha diferencia, solamente nos hemos sofisticado. Ahora los banqueros aceptan “voluntariamente” el descuento de los bonos gubernamentales en poder de ellos (50% a 70% en el caso de Grecia), lo que afecta negativamente a sus accionistas, incluso a sus clientes. Incluso se pliegan y dan el sí a reinvertir el capital restante después del descuento, en ese Estado técnicamente insolvente. Y se dejan echar la culpa de la crisis, de los terremotos y de que el Fernando Alonso no gane el Mundial, si hace falta. Pero a cambio, por supuesto, quieren saber “qué hay de lo suyo”. Y los gobernantes de Eurolandia, como justa contrapartida, periódicamente sacan de sus apuros a los bancos  sobreexpuestos a la deuda, con el dinero de los contribuyentes. Todo un idilio histórico.

Hay que cambiar de dirección

Pero ¿qué actores faltan en esta ecuación? Los ciudadanos, quienes, sea como individuos, sea como empresarios, van a pagar los desmanes de unos y otros. Pues aún se sorprenden algunos de que haya paro, de que las empresas se cierren y anden con el agua al cuello. Una planta no puede crecer si no tiene savia, en este caso, actividad económica. Y son empleadores y empleados quienes producen y consumen, quienes crean rentas y las emplean, quienes ahorran e invierten, quienes innovan y se forman, quienes, en una palabra, sacan adelante el país.

Por eso, cada vez que oigo y leo clamar a los más apocalípticos que Rajoy no nos va a sacar de ésta, o que Merkel nos va a condenar al fuego eterno, y cosas por el estilo, y que la culpa de todo la tiene la banca me pregunto qué es lo que impide que veamos que la dirección de la flecha es al revés: la banca está metida en ese charco porque le sale más rentable prestar a los Estados que a las empresas. Y eso es así porque hay Estados que van al mercado de deuda y desplazan a los “usuarios originales”, los empresarios. De esta forma, el crédito fluye hacia los emisores de deuda soberana y las empresas, secas, no pueden tirar hacia delante.

¿De quién es la responsabilidad? ¿De los banqueros por tratar de sacar el máximo beneficio a largo plazo (recordemos que es mucho más fácil cerrar una empresa que hacer quebrar a un país)? Pues no. Son los Estados quienes deberían haber cuidado sus presupuestos y haber renunciado a conseguir votos para su partido, que al fin y al cabo es un interés particular, con el dinero de todos los ciudadanos. Eso sí, no se olvide de que los partidos políticos que ocupan ese Estado son votados por los lobbies y por usted. Y cuando les vota, les autoriza.


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