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El retiro dorado de los ex-ministros

Rato, a Telefónica. No es el primero y mucho me temo que no será el último de los ex-políticos que termine colocado en la mayor empresa de telecomunicaciones de España. No es cuestión de ser de derechas o de izquierdas, simplemente estuvo en el poder y por ello ahora le corresponde un sillón de lujo en la operadora. No dudaré de su experiencia. Jamás. Gran cabeza y un curriculum envidiable: ex-ministro de economía con Aznar en una de las etapas más prosperas de España. Ex-director gerente del FMI y presidente de Bankia, cargo este último que le hizo sufrir y que le restó lustre a su larga y provechosa trayectoria profesional. Cabeza portentosa y una larga y valiosa lista de contactos que seguro que Telefónica sabrá aprovechar.

No es el nombre, no es el cargo y tampoco es el partido. Poco importa que los que alcanzan altos puestos en empresas privadas españolas -ya sea como asesores o consejeros- sean ex del PP o del PSOE, lo que cuenta es que estuvieron en los gobiernos al frente de España. Lo que evidencia es que las empresas, aunque privadas al 100%, quieren y deben llevarse bien con el gobierno de turno porque de él dependen las concesiones, los proyectos, las inversiones...

Lo vemos ahora con Rato y Telefónica, pero lo hemos visto tantas veces con tantos otros políticos y con tantas otras empresas. Del sector de las telecomunicaciones, del energético, de las constructoras, concesionarias grandes y medianas. Son los fichajes y son también las fotos. ¿Recuerdan cuando Zapatero se fotografiaba en la escalinata de la Moncloa rodeado de los 30 mayores empresarios del país? ¿Recuerdan que todos asentían con la cabeza para escenificar que estaban de acuerdo con sus reformas? Callaban porque sabían que no podían alzar la voz ni ser incómodos con el gobierno reinante.

Lo vimos con Zapatero y lo vemos cada día en la Cataluña de Artur Mas, con los silencios de los empresarios que cierran la boca mientras tiemblan sus piernas ante el desafío nacionalista. Pocos hablan, quizás los que tienen menos que perder. Entre las voces discordantes, pocas. Recuerdo la de Grifols, empresa puntera en el mundo de la tecnología médica. Es española, es catalana y dice abiertamente que ésto es un handicap para su negocio por el intervencionismo y la falta de seguridad institucional. Recuerdo también la del Grupo Planeta o al BBVA al negarse a participar en el Banco Malo a pesar de las llamadas del Gobierno.

Lo de ver a empresarios bailándole el agua a los gobiernos, lo de ver a ex-politicos buscando acomodo y retiro en grandes empresas no me gusta. No me gusta nada. Me huele a intervención, a favores devueltos y a poca libertad para las empresas. 


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