Get the money

Las familias españolas tienen el 26% de la bolsa. ¡Algo está cambiando!

¡Ayyy la bolsa! Cada día me siento frente a las cantar las cotizaciones de los grandes valores del mercado. Que si sube Telefónica, que si baja Santander, que si Viscofán queda plano y Día repite cierre de ayer. Cada día cuento las noticias que mueven esas acciones, a la baja o al alza. Recuerdo cuando empecé en esto de la información económica –hace ya 20 años- que la bolsa era la gran desconocida para el pequeño ahorrador: muchos pensaban que esto de comprar acciones estaba reservado a unos pocos millonarios, acomodados en sus lujosos despachos que decidían comprar tal o cuál acción a golpe de rumor. Llegaron las fusiones de los grandes bancos, la privatización de empresas públicas y tras ellas las OPVs de empresas conocidas por todos que buscaban financiación: desde Telepizza a Inditex pasando por Adolfo Domínguez y viviendo al tiempo la euforia de las puntocom. La bolsa se popularizó, ¡y de qué manera!

Ahora viene otra época dorada para el mercado de acciones. Ya la estamos viviendo. El taxista, el tendero o incluso el profesor de mis niños me confiesan que invierten en bolsa. NO tienen grandes ahorros, pero sí que tienen claro que hay que ahorrar, que la vivienda ya no es una alternativa y que los depósitos no dan ni un pellizco de rentabilidad. La bolsa se ha convertido así en uno de los activos estrella para el pequeño ahorrador y lo seguirá siendo en el futuro. A cierre de 2013, las familias eran propietarias del 26,1% de las cotizadas españolas, una inversión equivalente a más de 150.0000 millones de euros. Se trata del porcentaje más elevado desde 2002, según el informe anual de la Propiedad de las Acciones Españolas cotizadas elaborado por el servicio de Estudios de BME.

Esta cifra duplica además la cuota que las familias europeas tienen sobre las acciones cotizadas en la unión, que a cierre de 2012 se situaba en el 11% según la Comisión Europea. La apuesta de las familias por la bolsa española ha ido en aumento desde 2011 superando incluso la inversión realizada en fondos. ¿Razones? La generosa política de retribución al dividendo y el uso creciente del scrip dividend. Esta fórmula de pago permite el cobro del dividendo en acciones o en efectivo, pero como la mayoría de los inversores opta por los títulos sus posiciones en renta variable han ido en aumento. Las atractivas valoraciones que han alcanzado las compañías durante la crisis y la escasez de alternativas de inversión rentables. Si uno quiere sacarle una rentabilidad a su patrimonio la renta variable se ha convertido en el vehículo más atractivo. Mediante la compra directa de acciones o a través de fondos de inversión.

La música suena bien, pero... ojo, ¡la bolsa tiene riesgos! Esta misma semana lo hemos visto: a la bolsa le comenzaron a crecer los enanos con Gowex, la estafa de Jenaro García y los goles que se dejaron meter el auditor, el supervisor y los analistas. Le siguió el desplome de Banco Espírito Santo y el arrastre a los bancos europeos, y para rematar el avión de Malaysia Airlines derribado en la tarde del jueves le puso la puntilla a una bolsa que se tiñó de rojo. En poco más de dos semanas muchas acciones perdieron más de un 10% e incluso un 15% de su cotización y los índices se dejaron casi todo lo ganado en el año.

Los riesgos están ahí. Son riesgos macroeconómicos y riesgos geopolíticos. Uno debe asumirlos y pensar que la bolsa, con ellos incluidos, es y será cada vez más un activo de referencia para los pequeños ahorradores. Es, como dice un buen amigo mío, el momento de la transformación: el ahorrador español se está transformando en inversor y esto no ha hecho más que empezar. Está claro: hay  liquidez, ha vuelto la confianza en la economía española, los tipos de interés están y estarán bajos durante un largo tiempo y el ladrillo ya no es lo que fue. Si uno quiere ahorrar y sacarle una rentabilidad –pequeña o grande- a su patrimonio no tiene otra alternativa: bolsa, bolsa y bolsa. Ha llegado el momento: el ahorrador se ha convertido en inversor y esto no hay quien lo frene.


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