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¿Qué, cómo y quién enseña a nuestros hijos? Educación: 0

Mucho se habla estos días de educación y muchos ponen como referencia el modelo de Finlandia, un país que hasta hace pocos años malvivía de la pesca y que ahora se ha colocado a la cabeza de la tecnología y la innovación en Europa y en el mundo. Este verano he tenido la oportunidad de viajar al país, una maravilla por sus lagos, sus bosques y el orden que allí reina. Los finlandeses son muy diferentes a nosotros: muy herméticos, poco sociables y muy educados. Ojo, que no digo yo que no seamos educados, ¡ni mucho menos! Son trabajadores y tienen claro que para prosperar y vivir mejor tienen que apostar fuerte por la educación, y es lo que llevan haciendo desde hace mucho tiempo.

Son también tremendamente respetuosos con sus vecinos y con sus propiedades. Dejan las bicicletas, sin candado, en la puerta de su casa o a la salida del trabajo; no ponen cerradura ni candado en la casa del campo y si usted pierde su cartera el finlandés que la encuentre se desvivirá por devolvérsela sin que falte ni un euro. ¡Sorprendida me quedé cuando me olvidé en el restaurante del hotel –en la capital Helsinki- el bolso con cámara de fotos y 300 euros, y apareció todo intacto en la recepción! Aquí te dejas el bolso… ¡y olvídate! En los parques –limpios como la patena- hay unos baúles de plástico donde se guardan cubos y palas para que jueguen los niños. Juegan y los devuelven, nadie se los lleva a casa, porque son de la comunidad y hay que usarlos, cuidarlos y dejarlos en su sitio.

Cumplen lo pactado: me contaba una camarera española que ella estaba contratada en un hotel, uno de los más prestigiosos de la capital, para servir desayunos con un horario cerrado. Cumplía horario y también tareas: no había sorpresas, me contaba, “si te contratan para servir desayunos luego no te enredan para hacer camas o limpiar lavabos. Aquí si te dicen negro es negro, luego no hay regateo”. Sí que pagan altos impuestos pero saben dónde va su dinero: autopistas de primera, seguridad en las calles, educación envidiable y sanidad estupenda.  Los niños no pagan cuando van al médico, los adultos sí: unos 30 euros por consulta hasta un tope de 300 euros año. A partir de ahí, gratis, cómo diría mi madre.

Los niños van a colegio desde las 8:00h hasta las 13:00h. No son muchas horas pero son productivas. Las clases con de 45 minutos y los 15 restantes hasta completar la hora juegan. La educación es gratuita; también los libros y el material escolar, pero deben los pequeños cuidarlo todo porque si lo rompen o lo pierden tendrán que pagarlo. El comedor tampoco se paga. Los profesores –que son los mejores preparados tras la universidad y con una gran vocación- tienen como objetivo no el generar competitividad entre los chicos y sí que ninguno de ellos se quede atrás en sus estudios. En clase estudian en finlandés pero también aprenden sueco e inglés.

Sinceramente no sé cómo lo hacen. Son pocas horas y da la sensación de que apenas tienen deberes ni libros; sí que hacen muchas fichas y son pocos en clase. Los míos, uno en segundo de primaria y el otro en cuarto, se pasan en el colegio unas 8 horas al día. Salen con deberes, ya memorizan sus lecciones de Conocimiento del Medio y tienen exámenes con notas que el profesor canta en alto dos veces al trimestre. Se esfuerzan, memorizan, hacen cuentas, problemas, fichas… no paran y eso que están en edad de jugar a las muñecas y chutarle al balón.

No paran y luego veo que de poco sirve, porque en educación España vuelve a suspender. Lo cojas por donde lo cojas dan ganas de echar a correr: que si la crisis ha hecho aumentar el número de ‘ninis’ en nuestro país, que si invertimos más que la media de países de la OCDE, que si nuestros profesores podrían tener incentivos si sus alumnos consiguen buenos resultados… Que si es el modelo, que si es el sistema, que si los libros fallan, que si los profesores no motivan, que si los padres no se implican...  bla, bla, bla. Esta semana, de nuevo, informe sobre la educación en nuestro país Llevamos años dándole vueltas a lo mismo y la clave está en darle una vuelta de arriba abajo al sistema: revisar qué se enseña, quién lo enseña y cómo se enseña. Implicar de una vez por todas a profesores, familias y sociedad. Tener claro que si no formamos bien a nuestros jóvenes, no prosperamos cómo sociedad y como país, no ganamos en bienestar ni en riqueza.

Sí que es cierto que envidio a los finlandeses por muchos motivos. Por su nivel educativo, su dominio de idiomas, su respeto a la propiedad del vecino, su orden… pero, ¡ojo!, que quede claro: no me cambiaba por ninguno de ellos. ¡Les falta sol y les falta sobre todo vida!


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