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El dinero quiere riesgo. Ucrania, ¿Quién dijo miedo?

Que los mercados son impredecibles es una realidad. Que son irracionales, exagerados y temerosos, cierto como que el cielo es azul, los pájaros vuelan y nadan los peces. Que el dinero es miedoso y que ante cualquier amenaza sale en estampida, también. Esta semana las bolsas se han convertido en un auténtico polvorín por la invasión de Crimea por parte del ejército ruso. El lunes batacazo, el martes rebote y el miércoles todos despistados. El jueves todos a otra cosa, mariposa: Rusia, Ucrania, la tardanza de Europa al reaccionar y la suavidad de Estados Unidos. 

Todo en muy pocas horas demostró que Putin recupera influencia, Obama amenaza con la boca chica y la UE está a por uvas. En los mercados, sin embargo, las reacciones se suceden con una rapidez pasmosa: dónde unos vieron una amenaza, otros descubrieron una oportunidad para comprar más barato. Aunque en las últimas horas se agolpan las recomendaciones de los bancos de inversión llamando a la prudencia, el dinero quiere riesgo, hay apetito por la bolsa y los indicadores aguantan. Ahora dicen los que están pegados a las pantallas que no es ni Rusia ni Ucrania, sino Draghi el que tiene la llave de más subidas en la renta variable. 

Sobre Ucrania se acumulan los informes. Deutsche Bank recuerda que un 30% del gas que consume Europa procede de Rusia y de él un 50% pasa por Ucrania. Barclays alerta de que en caso de mayores tensiones Rusia podría frenar sus exportaciones de gas. Selfbank habla de un impacto moderado porque la economía ucraniana supone sólo el 1,4% del total de la eurozona y el peso en las bolsas mundiales es relativamente pequeño. Con tanto ruido las bolsas temblaron en un primer momento, pero ganaron el oro, el yen y el franco suizo que actuaron como activos refugio. 

Cierto es que la economía rusa sigue siendo débil aunque se haya modernizado considerablemente en las dos ultimas décadas. Se apoya principalmente en las exportaciones de petróleo y gas. Buena parte del continente europeo, sobre todo en el centro y el este depende del gas ruso. El 90% del consumo de Bulgaria, el 60% de Republica Checa o Polonia, el 100% de Finlandia; pero también de la parte occidental: el 36% del consumo de gas en Alemania, el 16% en Francia y el 25% en Italia viene de Rusia. Cuenta el gas, pero también el crudo porque Rusia es uno de los tres mayores productores de petróleo del mundo y es un gran productor de metales como el paladio, el níquel y el aluminio. No hay que subestimar las consecuencias de un conflicto mayor en Ucrania, pero tampoco hay que despertar los miedos: todas las partes están interesadas en un equilibrio entre la necesidad de mantener el flujo de petróleo y gas rusos, eliminando la incertidumbre, y conceder a Rusia lo imprescindible o lo irrenunciable para salvar la cara de todos. 

Como dice un buen amigo mío, una tormenta sobre una taza de té. Todos hablan del cisne negro, todos lo temen pero de esos hay pocos; la gran mayoría son blancos. Por ello quiero pensar que lo de Ucrania ha abaratado las bolsas y han hecho que las acciones consolidaran los niveles alcanzados. Hay ganas de riesgo y no hay alternativas de inversión. Hay liquidez y los sustos sirven para comprar más barato. ¿Acaso alguien dijo que 2014 iba a ser un camino de rosas?. Rentable sí, fácil no.


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