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De ahorrador a inversor: el cambio ha comenzado ya y no hay marcha atrás

El año 2014 ha superado ya el ecuador de su andadura. Estos días los expertos financieros hacen balance y, lo más importante, lanzan sus pronósticos para la segunda mitad del año. Todos coinciden en que el primer semestre ha sido excelente: el Ibex acumula una rentabilidad que ronda el 11% y la Bolsa se ha convertido en el activo favorito de todas las carteras. Es lógico si tenemos en cuenta que el BCE y la FED están empeñadas en relanzar el crecimiento económico de la eurozona y de EEUU y están haciendo todo lo que está en sus manos.

Es lógico que la renta variable gane atractivo porque los tipos de interés están en mínimos históricos -y así seguirán durante un largo tiempo- la vivienda ha dejado de ser un activo refugio y los depósitos apenas ofrecen nada a los inversores más conservadores. Si uno quiere sacarle una rentabilidad -aunque sea pequeña a su patrimonio- tiene que apostar por la Bolsa. El reto ha empezado: el ahorrador está aprendiendo a ser inversor. No hay alternativa.

Los expertos insisten en que el segundo tramo de 2014 será bueno para los mercados de acciones. Recuerdan que la prima de riesgo se columpia en el entorno de los 130 puntos básicos, que a principios de año cuando se hicieron las previsiones para el Ibex a 11.500 puntos se trabajada con una rentabilidad del bono a diez años del 4.5% y ahora esa rentabilidad apenas supera el 2.6%. Bajan las rentabilidades de los bonos, suben sus precios y por lo tanto, si uno quiere rentabilidad debe apostar por la bolsa: hay confianza, hay liquidez y el miedo ¿quién dijo miedo?

¿Exceso de auto-complacencia? ¡Quizás! Mi buen amigo José Luis Cava asegura que la auto-complacencia es uno de los riesgos que acechan a los mercados, pero insiste que la tendencia es claramente alcista y me recuerda que al mercado nunca hay que llevarle la contraria. Podremos ver recortes, correcciones puntuales más o menos bruscas que deben servir para que entremos más barato en la bolsa.

Lo dicen ellos, los que miran cada día a las pantallas. Lo cacarean al tiempo que corean que la clave estará en los resultados empresariales y en los datos macroeconómicos. ¡Ay, los datos! Los últimos que hay sobre la economía española son buenos. Esta semana sin ir más lejos tuvimos cifras de paro en nuestro país. Esa gran lacra que soporta nuestra sociedad y nuestra economía. Arranca el verano con 122.684 ocupados menos y una subida de afiliados a la Seguridad Social de 56.622. ¡Éste es un dato realmente importante! La Seguridad Social ganó 291.130 afiliados en el último año, las mejores cifras desde junio del año 2007, cuando España vivía los últimos coletazos de la burbuja inmobiliaria. La ocupación creció por quinto mes consecutivos hasta rozar los 16.7 millones de cotizaciones, pero de nuevo lo relevante es que corregida la estacionalidad el empleo aumenta en junio por primera vez desde el estallido de la crisis y acumula diez meses consecutivos de avances. El mercado laboral se recupera, aunque aún el ritmo es moderado… La música suena bien si además la acompañamos con un repunte del consumo doméstico del 3%, con un incremento importante de las matriculaciones de turismos o con un incremento  de la inversión en bienes de equipo del 11.1% en el primer trimestre del año.

¡Uf! ¿Pinta bien? Sí, pero no hay que conformarse. La renta disponible de las familias sigue cayendo a un ritmo del 2,7% interanual, la remuneración de los asalariados ha bajado cuatro décimas y España aún soporta una tasa de paro del 25% con 4.449.701 parados. Nos gastamos al año 30.000 millones de euros en prestaciones por desempleo y el gobierno se ha visto obligado a retirar otros 5.500 millones de euros del fondo de reserva de las pensiones para afrontar el pago de la extra de verano de los jubilados. Para colmo, la presión impositiva –por mucho que insista Montoro que va a bajar– es tan elevada que desincentiva el ahorro, el esfuerzo y el mérito.

Con este cóctel, los que saben de ahorro insisten: hay que estar en Bolsa. Los datos en su mayoría acompañan –sobre todo los que hablan de confianza y los que apuntan a un mayor crecimiento– y el sentimiento es positivo. Quedó desterrado el miedo al rescate, se olvidó el pánico a una ruptura del euro y ahora lo que importa en que España tira y las acciones ya lo descuentan. Bolsa sí o sí. De forma directa, a través de fondos o a través de ETFs. Grandes y también pequeños valores. Industriales, financieras, constructoras. Por dividendo. Por rentabilidad. Es la apuesta para la recta final del año. ¡Eso sí! No olvide que los expertos se cubren las espaldas y dicen: bolsa sí, alzas también, pero volatilidad también.


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