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Suspenso en educación: España necesita mejorar urgentemente

¿Resultado? Nefasto. El informe Pisa vuelve a dejar por los suelos el sistema educativo español. Ya sacamos malas notas en las pruebas que se hicieron en papel en Matemáticas, Lengua y Ciencias que se presentaron hace unos meses, pero los resultados obtenidos en formato digital son aún peores: ocupamos el puesto 23 de los 28 de la OCDE; sólo el 7,8% de los alumnos se podría considerar excelente, mientras que el 28,5 son alumnos rezagados y repetidores, y en España más de uno de cada cuatro alumnos no sabe resolver un problema básico de la vida diaria como manejar un mp3, un robot aspiradora o el termostato del aire acondicionado.

Lo que evidencian las pruebas es que la educación española hace aguas por todas partes. Los chicos tienen dificultades con el pensamiento encadenado y con la comprensión lectora imprescindible para entender y resolver cuestiones básicas de la vida diaria. Fracasan en la resolución de problemas elementales basados en sus secuencias lógicas porque les falta orden intelectual y capacidad de atención. Falta además formación evidente en ciencia, lenguaje, expresión y complejidad mental. Sobra desmotivación y desconcentración, algo que cada día los profesores comprueban en las aulas y los padres sufren con las notas.

España tiene hoy uno de los índices más altos de fracaso escolar –un 25% de los jóvenes no termina la enseñanza obligatoria- y el mayor porcentaje de alumnos repetidores –un 33% frente a la media del 17% de los países de la OCDE- no es casualidad ni fatalidad, sino consecuencia de un sistema que no premia el mérito, que prefiere el igualitarismo. Consecuencia de una metodología de enseñanza anticuada. Decía esta semana la secretaria de Estado de Educación, Montserrat Gomendio, que “nuestra metodología pone todo el énfasis en el método memorístico y no se pone en el esfuerzo en hacer tareas complejas, en equipo”.

¿Memorizar? Sí. Es básico ejercitar la memoria: hincar los codos y saberse los ríos, los reyes y conocer al dedillo la historia, los filósofos y releerse a los escritores. El razonamiento, el pensar, llega a los de ciencias con las matemáticas y a los de letras con el latín: al menos eso pasaba en mi época. Una vez asentados los pilares del conocimiento, entonces es básico saber adaptarse a los nuevos tiempos: razonar, ir de lo concreto a lo abstracto, saber utilizar esa información, saber aplicar la teoría a la práctica... porque si no lo hacemos tenemos aquí los resultados: fracaso escolar galopante y una vergonzosa tasa de paro juvenil.

La responsabilidad es de todos. El sistema debe buscar y premiar la excelencia. Debe promover el respeto al profesorado y debe insistir en el esfuerzo. Profesores, directores de instituto, colegio y también de universidad están obligados a colaborar sin reticencias en la reforma educativa impulsada por el Gobierno de Rajoy, que otorga más margen de maniobra y autonomía a los profesores y directores de instituto. Los padres también están obligados a implicarse en la educación de los hijos: no pueden conformarse con soltar a los niños en el colegio y desentenderse de su educación.

Es un reto de todos y por el bien de todos. Nos jugamos mucho. El reto es poder competir en un futuro con finlandeses, coreanos, japoneses australianos o canadienses que simplemente han estudiado más y mejor. Países como Canadá o Australia preparan mejor a los alumnos para utilizar la información y para afrontar tareas en las que pueden ir de lo concreto a lo abstracto. El reto está ahí y sería un gran error no afrontarlo.


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