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SOS: no más impuestos. No más populismo

Estamos rodeados. Totalmente acosados y saqueados por los impuestos. Patrimonio, Sucesiones, IRPF, IVA, especiales, cotizaciones sociales... y luego llegan el IBI, las basuras... uf, no sigo porque me caliento. El rompecabezas tributario de este país es cada vez más enrevesado y, por si no teníamos suficiente, las comunidades autónomas lo complican aún más. En el año en que se van a tramitar la reforma fiscal y el cambio de la financiación autonómica, el Registro de Economistas y Asesores Fiscales ha presentado un informe demoledor. 

Entre las conclusiones, Madrid es donde menos se paga y Andalucía, Cataluña y Asturias donde más. Los madrileños pagamos menos IRPF que el resto, ya que en nuestra comunidad se bajó este tributo en 1,6 puntos en 2014. Los que declaren ingresos superiores a los 100.000 euros y estén empadronados en Andalucía o Asturias pagan el IRPF más alto, ¡que tiemblen o que escapen! Lo del resto de impuestos – patrimonio, transmisiones patrimoniales, sucesiones y donaciones- depende de la comunidad, de la cantidad, de si el que hereda es soltero, tiene hijos, es rubio, moreno, alto o gordo...

Que quede claro que aplaudo la competencia fiscal. Es positiva porque es una consecuencia directa de lo que votan los ciudadanos en las urnas. Es favorable porque genera una competencia entre comunidades para reducir el gasto, para mejorar los servicios y para –por tanto- crear empleo dejando en el bolsillo de ciudadanos y empresarios más dinero para que gasten, ahorren, inviertan o contraten. El problema es que se legisla mucho y se modifica a menudo. Se cambian tipos, deducciones, requisitos, bonificaciones... todo es variable en el tiempo y muchos de los tributos se solapan con los del Estado. Son normas farragosas. Son cambios continuos que crean un sistema que no es ni transparente ni equitativo.

Lo de las comunidades autónomas y la maraña de impuestos es de aurora boreal, pero lo del Gobierno central es para salir corriendo. Se había generado una gran expectación ante los anuncios que pudiera hacer Rajoy en el debate sobre el estado de la nación. Finalmente todo queda en una tarifa plana de 100 euros en la Seguridad Social para los contratos fijos y en dejar exentos de pagar el IRPF a los que ingresen menos de 12.000 euros al año. Está bien lo de bajar los impuestos al trabajo, pero lo que no encaja es que la medida sea temporal y no definitiva; que haya condiciones como que el empleado tenga que permanecer tres años en la empresa y que ésta aumente la plantilla.

Es una media tibia, coyuntural y poco valiente para lo que necesita España y nuestro mercado laboral que agoniza con una alta tasa temporalidad y un paro dramático. Lo de no pagar el IRPF a los que ganen menos de 12.000 euros está bien si pensamos que hay que ayudar a los más desfavorecidos, pero ojo, la que crea empleo y riqueza en un país es la clase media y ésta esperaba una señal, un gesto por parte del Gobierno que le permitiera atisbar la recuperación. Ambas medidas van en la buena dirección pero se quedan excesivamente cortas. Necesitan concreción y celeridad para dotar de seguridad a empresa y empleados, y para que se conviertan de verdad lanzadera de una mayor actividad y un mayor empleo. 


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