Get the money

"Todo va bien". Prohibido decir lo contrario. Todo positivo, nada negativo

Economistas, empresarios, analistas... También periodistas. Todos ellos me dicen cada día que todo va mejor. Que la recesión quedó atrás y que estamos saliendo de la crisis. Se sientan en mi mesa, a compartir tertulia cada mañana, y ponen los datos sobre la mesa: baja el paro, suben las exportaciones; crecen los ingresos por turismo, se venden más coches; sube la bolsa, baja la prima de riesgo; el Tesoro coloca deuda a tipos mínimos y los bancos dicen que el crédito comienza a fluir. Suena bien, pero ¿viven ellos en el mismo planeta que yo?

Decía esta semana Francisco González, el presidente del BBVA que en año y medio España va a crear 400.000 empleos. Hace unas semanas el presidente de Telefónica pronosticaba un descenso del paro del 26% actual al 14% en los próximos cuatro años. Suena bien la música. Muy bien. Suena tan bien que faltan los violines, las florecillas y las mariposas revoloteando al alrededor. ¡Ja! Tengo la sensación de que lo políticamente correcto ahora es decir que las cosas van mejor, que las empresas ganan más e incluso, sentenciar que algunas compañías deberían comenzar a subir salarios. ¿Subir salarios cuando hay un exceso de demanda de trabajo y una escasez de oferta de trabajo? No lo entiendo. Me chirrían los oídos y se me retuercen las tripas sólo con pensarlo. Imposible. No nos lo podemos permitir ni locos de atar.

Me cuentan que los inversores extranjeros llegan a España dispuestos a comprarlo todo: pisos, bloques enteros de viviendas, hoteles, centros comerciales, oficinas... buscan precio y lo encuentran: buscan seguridad institucional y la tienen. Buscan rentabilidad a corto plazo y esperan conseguirla. Es el mundo de los grandes inversores, de las firmas de capital riesgo, de las fortunas... en mi mundo, el del trabajo, el salario y las deudas... la realidad es bien distinta. Nadie compra piso porque el banco no le presta dinero. Nadie compra piso porque no tiene la seguridad de mantener su puesto de trabajo. Nadie compra piso porque no tiene un buen puñado de euros bajo el colchón ni patrimonio que respalde la petición de una hipoteca. Hablo del tendero, del taxista, de la enfermera y del profesor. Hablo de la clase media española que está acorralada por las deudas, atemorizada por la pérdida de empleo y castigada por la elevada presión fiscal.

Y por fin apareció Montoro. El ministro está a punto de sacar la reforma fiscal del horno. Dicen que bajará el tipo máximo del IRPF al 50%, que rebajará la presión fiscal a los autónomos, que gravará aún más la segunda vivienda, que eliminará deducciones, aumentará los impuestos medioambientales, que no subirá el IVA, que sí bajará las cotizaciones sociales... bla, bla, bla... ¿Sabe lo que va a pasar al final? Que vamos a pagar los mismos y que se van a librar los de siempre. Que bajarán por aquí y subirán por allí y nos atraparán a usted y a mi, siempre los mismos. 


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