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¿Preocupado por la corrupción? Tanto como a los esquimales el frío

A los españoles nos preocupa el paro. También la economía. Lo dice el CIS cada mes y lo palpamos todos nosotros cada día. Cuando miramos nuestra cuenta corriente, cuando pagamos la hipoteca, cobramos el sueldo y cuando Montoro nos cruje a impuestos cada vez que nos metemos la mano en el bolsillo. Cierto es que el paro de mayo bajó en casi 100.000 personas, que aumentó también el número de cotizantes a la Seguridad Social, que se disparó en abril el número de empresas creadas en más de un 30% y que el turismo arroja buenas cifras al igual que las exportaciones. Pero ¡ojo! habrá que ver qué pasa con la llegada del otoño y habrá que ver también qué ocurre con los dichosos impuestos. Rajoy se pone de perfil, Montoro esquiva a Soraya Sáenz de Santamaría y Soria dice a las claras que subirán el IVA reducido de pan, leche, medicinas y libros pero que quedará en el 10% el IVA del turismo y la hostelería.

Sin embargo, la encuesta del pasado mes de mayo arroja un dato sorprendente, una cifra que nos ofrece un diagnóstico del alma colectiva de los españoles muy revelador: el índice de preocupación de nuestros conciudadanos por el fraude y la corrupción ha descendido nueve puntos. Marcó un máximo en abril en pleno apogeo de los ERE en Andalucía, del ‘caso Blesa’ y del culebrón de Urdangarín. Aún con la resaca del ‘caso Campeón’, la pena de cárcel para Julián Muñoz y la trama de escuchas capitaneada por los detectives de Método 3. Y con imágenes que colocan ante el juez a expolíticos y exbanqueros… desde María Antonia Munar hasta Acebes, pasando por Rato y una interminable lista de testigos, de imputados y de sospechosos de habérselo llevado crudo. Máximo en abril y caída en picado en mayo: más de nueve puntos.

La mengua de la inquietud por la corrupción no se debe a que ésta haya disminuido ni haya sido ejemplarmente castigada. No, ni mucho menos. Ni ha bajado ni tampoco ha sido castigada porque los casos se dilatan y dilatan y dilatan en los juzgados hasta tal punto que ya olvidamos las acusaciones, las penas y los delitos. Baja nuestra inquietud por el fraude y la corrupción porque los españoles, en su inmensa mayoría, han metabolizado que la corrupción es consustancial a la política y al mundo financiero, en definitiva al poder. De ahí la pérdida general de confianza de los españoles en los partidos políticos y en las instituciones, que también recogen las encuestas del CIS. A los esquimales les preocupa el frío en la misma medida que a los españoles la corrupción. Y eso es lo malo.


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