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PGE: sin ambición suficiente para resolver el agujero negro del paro

Los PGE ya están en sobre la mesa, o mejor dicho, en la Tablet. Cierto es que a Montoro la tecnología se le resistió ligeramente el pasado lunes cuando presentó las cuentas de 2015 ante la prensa. Los números son claros: crece la inversión en infraestructuras un 8,8%; la recaudación sobre sociedades e IVA eleva los ingresos un 5,4%; vuelven a subir un 0,25% las pensiones pero el gasto crece un 3,2%; los gastos corrientes del Estado crecen un 3,1%; el gasto en desempleo y deuda pública se reduce en 5,500 millones; el presupuesto en Agricultura e Industria crece en un 14% y un 11% respectivamente. El mayor recorte se lo lleva empleo con un 15%; los gastos de personal aumentan un 1,6%… podría seguir así casi hasta el infinito desgranando los PGE 2015. Son los datos fríos, las interpretaciones ya son muy diferentes.

Los más próximos al Gobierno dicen que las cuentas que ha presentado Montoro son realistas y razonables; que son coherentes y aplauden la vuelva a la inversión en infraestructuras tras varios años de parón; que son los presupuestos que necesita España para impulsar el crecimiento y favorecer el empleo; que avanzan en las reformas pendientes… Los más críticos al Gobierno dicen que estas cuentas están pensadas en clave electoral, que son demasiado inseguras por el lado de los ingresos y seguras por el lado de los gastos, que falta inversión en I+D+i y formación, que están demasiado confiados en la demanda interna, que apenas avanzan en la reducción del déficit, que son demasiado optimistas porque apenas cuentan con el estancamiento de la eurozona… bla, bla, bla… siempre pasa lo mismo, según seas afín o detractor al Gobierno, así es tu lectura de los PGE.

Lo cierto es que mire por donde se mire estas cuentas tienen un agujero importante: es la poca ambición que muestran a la hora de intentar arreglar el verdadero problema que tiene España: el desempleo. La tasa de paro sigue por encima del 24% y estos presupuestos prevén un descenso tímido al 22,2%. ¿Veo al Gobierno demasiado parado, o quizás confiado? Septiembre ya nos dio una de cal con el aumento de desempleados en 19.720 personas. Luego vendrán las lecturas: que si hay mucho trabajo temporal, poco indefinido, demasiado a tiempo parcial, poco crecimiento en afiliaciones a la seguridad social… mire por donde se mire el paro es galopante, la precariedad se ha instalado y prometen ambos quedarse con nosotros durante un largo tiempo.

El Gobierno se ha conformado con la reforma laboral que puso en marcha a principios de legislatura y poco más va a hacer con las elecciones autonómicas de mayo y con las generales a la vuelta de la esquina. Cruzará los dedos para que el estancamiento europeo no eche por tierra la tibia recuperación de nuestra economía, nos venderá que la reforma fiscal nos deja más dinero en el bolsillo y confiará en un repunte del consumo. Y ¿la oposición? Me da risa, ¡o no!, me da mucho miedo. Ayer me eché a temblar –porque correr no puedo- cuando escuché a Pedro Sanchez pedir un aumento del salario mínimo interprofesional y un aumento de los salarios. Decía el secretario general de los socialistas que así conseguiríamos aumentar el poder adquisitivo de los españoles y con ello el consumo y el crecimiento del PIB: ¿Nos hemos vuelto locos, o qué? Si hay exceso de demanda de trabajo y escasez de oferta, ¿cómo nos planteamos subir salarios? No sé si nos toman por tontos o qué. Una lástima que a estas alturas de curso estemos con tanto nivel de demagogia y de inoperancia. Nos jugamos mucho y perdemos los de siempre: los ciudadanos. 


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