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Montoro ataca de nuevo: más impuestos y los funcionarios en la diana

Montoro me trae por la calle de la amargura y, eso que no soy funcionaria. El ministro de Hacienda, junto con el de Economía, diseña estos días el cuadro macroeconómico que servirá para fijar los PGE de 2014. Todo parece indicar que la bajada de la prima de riesgo, los máximos de la bolsa española, el brío de las exportaciones y la mejor percepción que tienen los inversores extranjeros en nuestra economía harán que Montoro y Guindos eleven las previsiones de empleo y de PIB. Si es así hay un riesgo latente: que el Gobierno se recree en algunos datos aislados como el aumento de la recaudación en un 3,1% hasta agosto y que se relaje en las reformas. Que el Gobierno vuelva a gastar más de lo que debe y que, acuciado por Bruselas, nos meta aún más la mano en el bolsillo.

¿Aún más? Si no es posible, dirá usted. Sí que lo es. De momento lo que sabemos es que en 2014 lloverá sobre nosotros un auténtico aluvión de impuestos. Hacienda mantendrá todas las subidas fiscales que aprobó con carácter transitorio y lanzará una batería de nuevos impuestos. Desde la subida del IVA a escáneres, gafas y vendas hasta el gravamen a los documentos que validan los notarios. Desde la subida del IBI al aumento de retenciones a profesionales, pasando por los incrementos fiscales a empresas y eliminación de deducciones. En total 24.000 millones de euros extra para ajustar el déficit vía ingresos.

Vía gastos, todo va más lento aunque hace el mismo daño. Hacienda vuelve a colocar el la diana a los funcionarios. Pretende congelarles el sueldo en 2014. A cambio, para que no pongan el grito en el cielo, les devolvería varios de los días moscosos que perdieron el año pasado o les garantizaría el cobro de la paga extra de Navidad. Hay que reconocer que los funcionarios acumulan una larga lista de sacrificios con éste y con anteriores gobiernos, pero también es cierto que gozan de privilegios que no tenemos el resto de los trabajadores.

¿Sacrificios? Los estamos soportando todos: funcionarios, pensionistas, autónomos, pymes y también empleados de la empresa privada. Entiendo a Montoro, y que no sirva de precedente, cuando estudia congelar su sueldo; les entiendo a ellos cuando piden lo acordado, es decir, subida de salario en función del IPC; les entiendo aún más porque se sienten centro de todas las criticas y envidias por tener empleo fijo para toda la vida; odio a los que critican su escasa dedicación, su alto escaqueo –por aquello de los cafelitos de Antonio Beteta- y defiendo a los funcionarios frente a los empleados públicos –asesores y demás personal de confianza puestos a dedo por el político de turno- que quitan recursos de lo que realmente necesita el país: bomberos, maestros, médicos, jueces, policía...

Montoro debería arreglar, más que el sueldo de los funcionarios, su destino y su número. Hay 2,8 millones de trabajadores, entre Gobierno central, CCAA y ayuntamientos, y sólo el 60% de ellos son funcionarios de carrera. ¿Demasiados? Aunque son 377.000 menos en 2011, aún son demasiados para lo que España a día de hoy puede y debe gastar.


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