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Hollande, infiel a Valérie, pero no a Angela Merkel

De riguroso azul marino, con paso firme y cara de circunstancia. Así apareció François Hollande en la sala de fiestas del Elíseo. Su conferencia de prensa batió todos los récords de acreditaciones: seiscientos periodistas abarrotaban la sala. Su retransmisión a través de la pequeña pantalla superó los 4 millones de telespectadores. Muchas ganas en Francia y en el mundo entero de conocer las explicaciones que daría el presidente de la Republica sobre su conducta privada. Gestos fríos, mirada serena y ni un pestañeo cuando afirmó que los asuntos íntimos se tratan en la esfera íntima y que clarificaría su situación personal antes del viaje oficial a la Casa Blanca el 11 de febrero.

Increíble. Zanjó el tema desviando la atención hacia el dinero: el Gobierno socialista francés recortará el gasto en 50.000 millones de euros.  

Holande insistió en los temas económicos. “Francia debe imperativamente recuperar fuerza económica”. Y admitió que el país “no ha ganado todavía la batalla del empleo”. El presidente socialista anticipó nuevos ajustes: 15.000 millones de euros para este año y 50.000 millones hasta 2017. Insistió en su compromiso de continuar con la reducción del gasto publico para equilibrar las cuentas y para preservar – dijo- “el modelo social francés”. Apuntó directamente  a las empresas y dijo que tanto para ellas como los trabajadores autónomos es el fin de las cotizaciones familiares lo que representa 30.000 millones de euros. Reduce además, siguiendo –en parte- las recomendaciones del FMI y de Bruselas, que llevan meses advirtiendo de que Francia no puede aumentar más los impuestos, la carga impositiva anunciada antes del verano, que ahora será de 3.000 millones . El ajuste se repartirá en un 80% ahorro y un 20% impuestos, frente al 70%-30% previsto inicialmente. 

Los periodistas acreditados en la sala se quedaron boquiabiertos. ¿Quiere tapar Hollande sus escarceos amorosos con un brutal recorte del gasto? Los sindicatos y los partidos más de izquierda creían estar viendo gestos al estilo Tony Blair o Gerhard Schröder. Revuelo en la sala y ¿en la calle? Se habla de Hollande, de sus escarceos amorosos, de la crisis de ansiedad de su pareja, de la famosa actriz que coquetea con él. ¿Del giro radical en la política económica del presidente? De eso se habla menos aunque su trascendencia económica y política es impresionante.

Lo que parece más que evidente es que Hollande le es infiel a Valérie Trierweiler, con una actriz a la que ve en un apartamento a dos calles del Elíseo y al que llega en un scooter, sentado en el asiento de atrás con casco y custodiado por los guardaespaldas, pero no le es fiel a Angela Merkel. La canciller alemana, que le había dado dos años para que Francia redujera su déficit al 3% había mostrado en ya varias ocasiones su preocupación por la ausencia de reformas estructurales en la economía francesa. Hollande decidió contentar a Angie –así la llama mi buen amigo Jose Carlos Díez- recortando el gasto este año en 15.000 millones de euros. Aún así, Bruselas está inquieta porque París sobrepasará su objetivo de déficit este año en al menos cuatro décimas, lo que dejará el desfase en el 4,1%.


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