Get the money

Estampida empresarial en Cataluña. ¿Culpable? Artur Mas

La multinacionales españolas que están afincadas en España y sobre todo en Barcelona deben flipar. Alucinar en colores cuando ven que a los banqueros españoles se les llena la boca al hablar de lo bien que le va a nuestra economía. Botín ha sido el último en resaltar lo fantástico que le va a España y el mucho dinero que está entrando en nuestro país. Sí que es cierto que la bolsa está en máximos anuales, que las exportaciones van viento en popa pero ellas, las multinacionales afincadas en Barcelona, deben echarse a temblar cada vez que Artur Mas abre la boca.

Muchos guardan la calma al pensar que éste es un debate de sentimientos y no de dinero; otros creen que la Generalitat entrará en razón cuando deje de recibir fondos del Estado central que juega a dejarse chantajear con el dinero del resto de los españoles... pero sólo unos pocos alzan la voz. Esta semana el presidente del Grupo Planeta –uno de los pocos empresarios que hablan claro de las consecuencias de los delirios de Artur Mas- dijo que la independencia de Cataluña de España era imposible. Antes fue el presidente de Grifols, una de las empresas de hemoderivados más importante del mundo, el que dijo que la marca Cataluña le penalizaba. Y justo ayer el NY Times dedicaba una página entera a los temores que despierta en el tejido empresarial la amenaza independentista. El presidente de Freixenet señalaba en esas páginas que estaba muy preocupado por los efectos que las tensiones políticas pudieran tener en el negocio empresarial.

Cada vez son más los que se quintan la mordaza y hablan  sin pelos en la lengua. Precisamente también esta semana desde la Cámara de Comercio de Estados Unidos en España, Jaime Malet,  señalaba que muchas multinacionales protagonizarán una deslocalización masiva desde Cataluña hacia otras regiones si el debate sube de tono: recuerda que su mercado potencial no es de 7 millones de consumidores y sí de los 47 que tiene el conjunto del país, y apunta también que no les merecería la pena superar los obstáculos derivados de una hipotética independencia: reinstauración de aduanas y aranceles, posible expulsión del euro, falta de crédito...

El temor a esta situación no es exclusivo de las empresas estadounidenses, sino que también preocupa a las alemanas, británicas o japonesas: es decir, los responsables de prácticamente toda la inversión foránea en la economía española. Hablamos de Cargrill, Pepsico, Arbora&Ausonia, General Cable,  The Colomer Group, HP, IBM, Air Products, Dow Chemical... Estarían en juego más de un millón de empleos en toda España además de la inversión en la anhelada y necesaria I+D+i para una recuperación económica. Conforme a la lógica empresarial más evidente, las empresas huirían del riesgo y de la inestabilidad que provocaría un proceso secesionista.

Pero el futuro ya está aquí. Las tensiones forzadas por la Generalitat en sus reivindicaciones soberanistas ya están teniendo un impacto evidente sobre la inversión extranjera en Cataluña: una parte de las nuevas inversiones que tradicionalmente se destinaban hacia esa comunidad por su atractivo polo industrial y emprendedor se han desviado hacia Madrid, donde la inversión foránea se ha incrementado cuatro veces más desde 2005. Me temo que esto no ha hecho más que empezar y que cada vez que Artur Mas abre la boca y sueña con la independencia le hace un flaco favor a los catalanes. Las empresas, y con ellas el empleo y la inversión, salen en estampida.


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