Get the money

España: cada vez más vieja. ¡Horror!

Esta primera semana del mes de diciembre ha sido intensa. Por el frío pero sobre todo por la información económica que ha goteado durante toda la semana. Que si el descenso del paro, que si la subida de la perspectiva de Moody's a la deuda española, la multa histórica de la Comisión Europea a seis grandes bancos por manipular el euríbor, la pugna energética entre las eléctricas y el ministro Soria, la crisis desatada en la Agencia Tributaria por la dimisión de algunas de sus cabezas... Se ha hablado tanto de economía que ha pasado de puntillas una cifra que es grave para la sociedad en su conjunto y para el futuro de nuestras cuentas: el desplome de la natalidad en España. 

La población española está en declive. Los nacimientos han bajado un 18% desde 2008 y un 6% en el primer semestre de este año. ¿Los motivos? Lo más recurrente es echar mano a la crisis: que si el empleo de hoy en día es precario, que si acceder a una vivienda es imposible, que si los jóvenes se emancipan tarde porque terminan a los veinti-muchos sus estudios, que con sueldos de 1.000 euros es imposible formar una familia... Motivos reales que están ahí y que hacen que las mujeres decidan cada vez más tarde ser mamás y que, por ello, muchas de ellas se queden con un solo niño o, a veces incluso, tanto retraso en la decisión, conlleve el que se pase el arroz. 

Hay otros argumentos que frenan la natalidad como la falta de ayudas por parte del estado –España es el país de la UE que menos dinero destina a fomentar la natalidad- o lo difícil que es conciliar la vida laboral con la vida familiar. Pero, hay un motivo más de fondo que, quizá no sea políticamente correcto mencionarlo, pero que explica a mi juicio el NO a formar una familia por parte de una pareja: el miedo a la responsabilidad y al compromiso permanente, constante y sin fecha de caducidad. Hemos creado una sociedad que vive bajo el paraguas del consumo, que tiene como objetivo final sólo la felicidad, que esquiva el esfuerzo, la disciplina y el mérito. Nuestros hijos, lo han tenido todo, han pensado que era fácil conseguirlo y quieren vivir así por siempre jamás. Y, la familia,  y la responsabilidad y sacrificio que conllevan, no encajan en esta ecuación.

El problema es que la baja natalidad está provocando un envejecimiento de la población que tiene consecuencias dramáticas desde el punto de vista económico y también social. Bajan las afiliaciones, corren peligro las pensiones, merma la actividad, la competitividad, el dinamismo de la economía... Cada vez habrá menos jóvenes para crear, producir y aportar; habrá más mayores porque, afortunadamente, vivimos más años y vivimos mejor. Pero aumentará el gasto en sanidad, en farmacia, en dependencia... El problema es que los gobiernos no son conscientes del problema, y si lo son, no lo abordan porque requiere soluciones a largo plazo y, a corto, aparcar la ideología. 


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