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España: 46,7 millones de habitantes. Cada vez somos menos y más viejos

¿Sabe usted lo de la pirámide de población? ¿Aquello que nos contaban de que lo ideal sería una población en forma de pirámide con muchos niños y jóvenes, con una masa importante de personas entre los 16 y los 50 años en edad de trabajar, consumir y aportar, con menos viejos? Pues aquello debe ser un mito porque en España lo que tenemos es una seta. Nada de pirámide.

Esta semana hemos conocido las cifras del padrón del pasado año. 2013 fue el tercer ejercicio consecutivo en el que se redujo la población empadronada en España y, lo peor, que en 2013 se agudizó este movimiento. Al finalizar el año pasado había en nuestro país 46,72 millones de habitantes, 404.000 menos que el año anterior. El padrón queda en el mismo nivel que hace cinco años. La mayor parte se debe a la salida de extranjeros del país, 545.000, lo que no ha sido compensado por la subida de empadronados en 141.000. Los extranjeros, igual que llegan cuando las cosas van bien, se van cuando la crisis comienza a acechar: su llegada, por tanto, no soluciona la falta de nacimientos y el envejecimiento de la población.

La pérdida de población es uno de los grandes problemas de la sociedad y también de la economía española. Lo dice el Banco de España y lo dicen también algunos organismos internacionales, como la agencia de calificación de riesgos Moody's. Hay cada vez menos gente y, sobre todo, hay menos gente en edad de trabajar y más jubilados que mantener. Si miramos a la seta, que no a la pirámide, el 16% de los empadronados tienen menos de 16 años; el 40% de los españoles está entre los 16 y los 44 años y el resto –el 45% de la población- tiene más de 45 años. ¡Es un país de viejos!

España pierde población porque muchos se van escapando de la crisis y pocos se animan a ser padres porque temen un futuro peor para sus hijos que el presente que ellos viven. Hay cada vez menos gente: se pierde capital humano, y los que hay son cada vez más viejos. Somos menos los que tenemos que mantener cada vez a más: somos menos jóvenes, el paro machaca las cotizaciones sociales y la esperanza de vida -bienvenida sea- hace que los que tienen derecho a una pensión sean cada vez más numerosos. Menos gente en edad de trabajar y más gente en edad de recibir una pensión; esto afecta al consumo, al ahorro, a la inversión, a las cotizaciones sociales... afecta al sistema de salud, a las pensiones, a la evolución del precio de los pisos...

Y en todo esto, ¿el Gobierno qué debe hacer? Como dice un buen amigo mío, el Gobierno debe no estorbar. No estorbar debería ser el undécimo de los mandamientos. De momento sí ha hecho algo, aunque poco: aprobó recientemente la reforma del sistema de pensiones: el nuevo modelo eleva a 25 años de cotizacióm el listón para poder optar a la pensión máxima: establece a partir de 2019 un factor de sostenibilidad según la esperanza de vida, y sube a 67 años la edad para jubilarse, pero escalonadamente hasta 2027.

Son medidas dolorosas porque implican una reducción de la pensión, pero necesarias y bien encaminadas. ¿Suficiente? No. Claramente no. Lo más probable es que en los próximos años el Gobierno incentive más, vía fiscal, las pensiones privadas. Lo ideal, como dice mi amigo Vicente Boceta, sería hacer lo que hizo Chile y comenzar ya a realizar la transición del sistema de reparto al sistema de capitalización, pero mucho me temo yo que esto es una quimera.


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