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Día D, de Draghi. Objetivo: mantener su credibilidad

Estoy de Draghi hasta ... ufff! No digo nada por educación, porque soy una señorita y porque me muerdo la lengua aunque me envenene. ¿Cuánto tiempo llevamos con Draghi por aquí, Draghi por allí, SuperMario que actúa, el BCE que calla y el Bundesbank que otorga? Aggg... cansino y aburrido! Pero por fin llegó el día. El famoso 5 de junio. El D de Draghi. El día de pasar de las palabras a la acción: el día en el que el bizcocho que durante tanto tiempo ha cocinado Draghi a base de palabras y tibios mensajes hay que sacarlo del horno.

Mucho se ha hablado de las armas que tiene Draghi para calmar la sed de los mercados: bajar tipos de interés; poner la facilidad de depósito en terreno negativo; alargar la barra libre de liquidez a tipo fijo hasta, al menos, junio de 2015; dejar de drenar liquidez semanalmente por las compras que hizo bajo el primer programa de deuda; subastas de liquidez a largo plazo condicionadas a la concesión de crédito; compras de paquetes de titulizaciones o ABS y como medida más agresiva la implantación de un quantitative easing. Se ha hablado de las herramientas y de los objetivos: frenar la caída de precios como primer objetivo al tiempo que impulsa el crédito y relanza la economía sin, ojo, engordar la burbuja que podría estar creándose en el mercado de deuda.

Me decía esta misma mañana que el objetivo de Draghi es -aunque en su ideario esté el control de la inflación- generar crecimiento. Con crecimiento, el resto de problemas –el bancario, el de deuda y el de la divisa- se combaten radicalmente. Mentira: El objetivo de Draghi era y es , tras esta cita, mantener su credibilidad. Por ello ha actuado, por ello ha pasado de los mensajes a la acción: se había quedado atrapado en su propio laberinto. Hasta ahora le había funcionado: los mercados se han mostrado en estos meses excesivamente dependientes de sus mensajes y excesivamente ansiosos de ser rociados de liquidez.

Liquidez es la que necesitamos ahora todos los españoles. Pymes y familias. Liquidez que llegará –o al menos eso esperamos- con más crédito sin ser más caro, y con menos impuestos. La  cuenta atrás para poner en marcha la reforma fiscal ha comenzado. Tic, tac, tic, tac ... el día 13 de junio está a la vuelta de la esquina y ese será otro día D. Día de la esperada rebaja de impuestos. Entre los planes de Hacienda -además de rebaja de cotizaciones sociales, subidas de impuestos verdes y eliminación de deducciones- aprobar una rebaja más amplia del IRPF. Podría llegar a los 7.000 millones de euros.

El ejecutivo debería premiar los sacrificios asumidos por los asalariados españoles y situar la media de este impuesto por debajo del nivel de 2011. Si es así, sería un revulsivo para las familias y el consumo, para recortar las deudas, para fomentar el ahorro y la confianza. Junto a ello, el gobierno debe emprender un adelgazamiento más ambicioso de las administraciones publicas, lanzar nuevos incentivos a la contratación de parados, mejorar el acceso al crédito y aprobar de una vez por todas la ley de servicios profesionales par liberalizar los sectores excesivamente cerrados a la competencia. En juego está, como con Draghi, su credibilidad. El gobierno debe pasar igual que SuperMario de las palabras a la acción, y por ejemplo, la tan carareada reforma de la administración que deje de ser un mantra para convertirse en realidad. 


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