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Cazagangas en España. La corrupción no les frena, sí la elevada presión fiscal

La infanta Cristina, hermana del rey, imputada por el caso Nóos. Magdalena Álvarez, exministra de Fomento con  Zapatero, imputada en el caso de los ERES, abandona la vicepresidencia del BEI. UGT golpeado policial y judicialmente por presunta financiación ilegal. Willy Meyer dimite porque una sicav gestiona la pensión de los eurodiputados.  Uno abre los periódicos del día y todo son casos de corrupción que tocan a todas las instituciones. Sindicatos, empresarios, políticos y Casa Real. ¿Puede un país como España prosperar, crecer y ganar en bienestar con una lacra como ésta?

Parece que sí. Sí que puede crecer y atraer inversión extranjera. Esta misma semana el Banco de España decía que iba a elevar su previsión de crecimiento para este año al 1,2% y un informe de la ONU aseguraba que España es un auténtico polo de atracción de capital. En su estudio sobre las inversiones en el mundo durante 2013, la ONU cuenta que la economía española ha subido al noveno puesto de los países que captan más flujos exteriores. La inversión mundial creció un 9% respecto a 2012 y... en España aumentó –agárrese– a un ritmo del 52%, captando 29.000 millones. Suena a música celestial.

Florecen las margaritas y revolotean los pajarillos cuando además sabemos que la economía española fue la primera receptora de fondos extranjeros en Europa y la cuarta de los principales países desarrollados del mundo, solo por detrás de EEUU, Canadá y Australia. Uf... ¿puede ser posible que mientras la prensa saca a la luz casos de blanqueo de capitales, tráfico de influencias y malversación de caudales públicos los inversores extranjeros sigan comprando España? Sí.

Los inversores internacionales compran España por ubicación y por precio. Muchos de ellos son grandes fondos de inversión estadounidenses, británicos y, cada vez más, fortunas latinoamericanas –de Venezuela y de México principalmente– que quieren invertir en Europa –sobre todo ladrillo y finanzas– y España ofrece seguridad institucional y precio. Buscan la seguridad que ofrece Europa, ya no temen el rescate ni la quiebra ni el abandono del euro y encuentran precios atractivos. Pero ¡ojo!, hay algunos nubarrones que podrían frenar o redirigir esa inversión a otros puntos de Europa: uno de ellos es Cataluña con los delirios secesionistas de Artur Mas, que el Gobierno no hace callar, y el otro es la compleja trama fiscal y los continuos cambios tributarios que soportan familias y empresas, pymes y autónomos, multinacionales e inversores.

La larga ristra de normas, deducciones, tributos se ha completado esta semana con una reforma largamente esperada y finalmente decepcionante. Esperábamos una reforma que simplificara los tributos y que nos mostrara que el sistema recaudatorio es más justo y eficiente. Esperábamos una reforma que incentivara el empleo y el crecimiento, que favoreciera el ahorro y el consumo, que facilitara la inversión y la entrada de capital extranjero. Lo que tenemos es más complejidad y una idea: que subirán de aquí, que bajarán de allá y que pagaremos los de siempre: la clase media. Como dice mi buen amigo Mariano Guindal los gobiernos siempre estrujarán a los mismos: a la clase media porque seguirá trabajando, esforzándose y ahorrando; porque aspira a vivir mejor y teme vivir peor. 


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