Get the money

El CNI económico ya está en marcha. ¿Son ellos los nuevos espías del siglo XXI?

Siempre quise ser espía. Cuando era pequeña y me preguntaban qué quería ser de mayor, nunca dije ni peluquera, ni profesora ni enfermera. Siempre espía. No vean en este deseo un exceso de influencia de las películas de James Bond. Nada más lejos. La explicación hay que buscarla en un cartel que veía muy a menudo al ir al colegio: un cuartel militar, una placa enorme de color marrón con letras doradas en las que se leía: Centro Militar de Intendencia. Mi gran imaginación y mi poca agilidad a la hora de leer hacían que mi mente cambiara algunas letras: Centro Militar de Inteligencia. ¡Ese era el mensaje que mi mente quería ver!

¡Ay, los espías! ¡Cómo ha cambiado el mundo de los espías! Antes lo importante era la Política con mayúsculas y ahora lo que cuenta es la economía, las empresas, el dinero. Eso lo sabe muy bien el Gobierno de Mariano Rajoy. Desde que tomó posesión de su cargo, ya en el discurso de investidura dijo muy claramente que su objetivo era colocar a España en el lugar que le correspondía en el mundo. Recuperar el prestigio y la influencia. Poco a poco se está consiguiendo. España ha dejado de ser una oveja negra, un problema para el euro y un país al borde del rescate para ser una economía que atrae inversores. Una economía queexporta productos y negocios fuera de sus fronteras. Desde Calvo, con su conservas que triunfan en Brasil, a Alibérico, que conquista Estados Unidos; desde Inditex, que aplaude las 500 tiendas ya en China, hasta Cvne, que riega con sus tintos medio mundo. Pero no es suficiente. Hay que dar un paso más allá y eso lo sabe muy bien el Gobierno. Hay que recuperar el prestigio y la credibilidad, hay que anticiparse a futuros problemas, hay que facilitar el camino a las empresas y resolver conflictos. El Gobierno se toma muy en serio este objetivo y por ello se ha puesto manos con el Sistema de Inteligencia Económica, también llamado CNI económico, que estará formado por economistas y diplomáticos que velarán por los intereses económicos de España.

La crisis de Sacyr en Panamá, la delicada negociación entre Repsol y el Gobierno argentino tras la expropiación de YPF o la postergación del concurso en Brasil para construir el Ave entre Río de Janeiro y Sao Paulo han puesto de relieve la necesidad de tomarse muy en serio la defensa de los intereses españoles fuera de nuestras fronteras. También las expropiaciones, amenazas y demás barbaridades vistas en algunos países antes amigos, en la época Zapatero. Estoy pensando en Venezuela, Ecuador o Cuba. Es imprescindible además recuperar la credibilidad ante los inversores internacionales y los socios europeos en un momento clave para muchas de nuestras compañías. Si hace años las embajadas eran un punto de referencia para la imagen y las relaciones de un país con otro, ahora las oficinas comerciales son las que han tomado el relevo. Constructoras, energéticas, constructoras, empresas de servicios... todas ellas hacen negocios, abren sedes, crean empleo y generan inversiones. Cada día buscan acuerdos, cierran proyectos y tienden puentes con otros países, otras empresas y otros gobiernos. Es clave que desde España se vaya por delante. Que se les favorezcan los pasos, que se prevean los problemas y que se resuelvan antes de que puedan hacer daño a la compañía, a sus empleados y accionistas, y sobre todo a la marca España en un momento en el que necesitamos crecer en el exterior para no hundirnos en el interior.

Lo de Sacyr ha sido lo último. La situación es delicada y la Autoridad del Canal y la constructora española están condenadas a entenderse. A ninguna le interesa abrir una guerra en los tribunales internacionales que se eternice en tiempo y en costes. Decenas de grupos españoles siguen de cerca el desenlace del conflicto. En vilo están 45 contratistas nacionalistas: empresas de seguridad, de transporte, ingenierías como Sener, Indra o Garrigues. El Gobierno ha actuado con diligencia en esta ocasión. Quizás a remolque en otras como en el caso de Repsol y Argentina; y quizás con dejadez o despreocupación en Venezuela con ciertas expropiaciones.

Lo que está claro es que es coherente y sensato el crear un organismo de economistas y diplomáticos que defiendan, se anticipen y velen por los intereses de nuestras empresas y negocios fuera. Sensato también que dicho organismo, previsiblemente pilotado por Álvaro Nadal, no dependa ni de Economía ni de Exteriores. Una perita en dulce que todos quieren y que finalmente reportará directamente al presidente.


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