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Botín a Rajoy: "No he venido a pedir, he venido a felicitarlo"

"No he venido a pedir nada a Rajoy, he venido a felicitarlo". Con esta frase llegaba Emilio Botín, el presidente del Santander, a la cita que tenía con el presidente del Gobierno. Boquiabiertos se quedaron todos por lo dicho y sobre todo por el empuje y entusiasmo de Botín. ¡Impresionante! Junto a Botín, otros grandes empresarios se hacían la foto con Rajoy: Brufau, Alierta, González, Del Pino, Sánchez Galán... también los presidentes de Mango, Grupo Osborne, El Corte Inglés... En total 18 empresarios, los primeros espadas de nuestra economía. El ambiente era más distendido y optimista que en otras ocasiones. La situación es totalmente distinta.

La economía crecerá –según las previsiones del ejecutivo- un 1,2%. La rentabilidad del bono a diez años está en mínimos históricos, la prima se columpia en los 150 puntos básicos, crecen las exportaciones, sube el turismo, se crea empleo tímidamente... Rajoy  se presentó ante ellos respaldado por las ultimas cifras y antes de que abriesen la boca se comprometió a seguir con las reformas y dijo: "De relajación nada de nada".

La música suena bien y la foto quedó estupenda. Corbatas verdes, rojas, azules... apretones de manos, sonrisas amables y gestos relajados. Pero estas fotos chirrían. Sí, chirrían porque antes con Zapatero pasaba lo mismo. Quizá menos optimismo, pero sí respaldo al presidente y por tanto a sus políticas. En aquel entonces nos decían que, aunque no algunos de los primeros espadas de la gran empresa española comulgaran con las decisiones del Ejecutivo, había que lanzar un mensaje al exterior –a inversores y acreedores- de confianza de la gran empresa en el presidente. Poca crítica por parte de los empresarios antes y también ahora. También mucho halago.

Son todas ellas empresas privadas pero sus negocios se hacen en mercados regulados. Unos más y otros menos. Unas en el energético, donde recientemente algún cambio de norma les ha hecho más de un agujero. Otras en la distribución, muy al tanto de horarios, unidad de mercado y demás reglas que pueden impulsar o frenar su negocio. Otras en el terreno de la construcción, donde las inversiones públicas son decisivas para cerrar un buen año. El intervencionismo del Estado en la economía es muy importante: por su capacidad de gasto y también por su capacidad de regular. El que más y el que menos depende o está pendiente de una norma, una ley o una ayuda que necesita el visto bueno o la autorización del Ejecutivo. Así que esta vez, igual que las anteriores, mucha frase rimbombante, mucho optimismo al frente y poca crítica.

¿Esperaba usted otra cosa? Si lo esperaba, es que usted aún es joven o peca de ingenuidad. Sí que le pidieron al presidente no bajar el ritmo de las reformas y Rajoy se comprometió a ello. Pero, ¿lo veremos? El BCE y también la Comisión Europea le han pedido lo mismo al presidente. Ponen el foco en el paro y en el déficit y exigen más ajustes. Lo que está claro es que la economía española ha cogido impulso, aún muy tímido, y es imprescindible apuntalarlo. ¿Cómo? La receta no es nueva: menos impuestos, más seguridad institucional, menos y mejor regulación. Relajarse es un lujo que no nos podemos permitir.


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