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Batalla contra el fraude. Montoro va a por las comuniones, bodas y bautizos.

Montoro, lo de este ministro no tiene limites. Fíjese usted que esta semana, por fin, me pareció que hacía algo sensato. La prensa especializada contaba que Hacienda no tiene previsto, en la próxima reforma fiscal, tocar los impuestos que gravan a las SICAV que son del 1%. Me sorprendió que, por una vez, coincidiera con el ministro: creo que es acertado mantener baja la tributación al ahorro porque es necesario favorecerlo y premiarlo si queremos dejar atrás la recesión. Lo ideal sería que la tributación fuera baja para todo tipo de ahorro: para las SICAV, instrumento que utilizan principalmente las grandes fortunas para invertir, para los fondos, los planes de pensiones, los depósitos o la compra directa de acciones. Pero bueno, menos da una piedra y bienvenida sea la idea de mantener baja la tributación de las SICAV y borrar la intención de acometer cualquier subida.

Cuando aún me frotaba los ojos por la extrañeza que me causaba coincidir en algo con Montoro, llega y desvelan los periódicos que el ministro va a poner el foco en bodas, bautizos y comuniones. ¡Mis piernas repentinamente comenzaron a temblar! La idea es luchar contra el fraude fiscal a pie de calle: celebraciones, colegios y comunidades de vecinos ... Sobres con dinero de la abuela y de los tíos del niño, de los compañeros de clase para comprarle al niño la videoconsola o de la prima lejana que te da para la bicicleta o el monopatín. ¿Nos hemos vuelto locos? ¡Me imagino en la comunión de la niña pidiéndole a la abuela Teresa que me dé el sobre con el regalo bajo la mesa, de tapadillo, por si el camarero es un inspector de Hacienda camuflado! ¡Imagino incluso buscando en la agenda un amigo inspector de Hacienda y otro inspector de la SGAE para que certifiquen que en la boda de mi hermana es todo legal!

Lo de luchar contra el fraude me parece bien. Lo de perseguir a los defraudadores me convence. Lo de evitar la pérdida de recaudación resulta espectacular. Lo de dar formación a los funcionarios para dar publicidad a las actuaciones y amplificar su efecto... Eso ya, me parece algo demagógico y peliculero. Lo que realmente sería eficaz para frenar el fraude sería,  primero, bajar los impuestos: con una presión fiscal tan elevada como la que soportamos trabajadores y empresarios es, muchas veces, más rentable engañar a Hacienda que cumplir con ella. Segundo: habría que desterrar la idea de que Hacienda sólo persigue a los buenos mientras deja escapar a los malos. El ciudadano de a pie tiene la impresión de que los grandes evasores fiscales se van de rositas: amasan sus fortunas en España, eluden al Fisco, se refugian en paraísos fiscales y tras unos cuantos años, reciben el perdón a través de una amnistía. El ciudadano tiene la impresión de que Hacienda persigue siempre a los mismos: a los que están atrapados por una nómina o a los pequeños autónomos como el albañil, el camarero, el fontanero, el taxista... Mientras que los delitos cometidos contra el Fisco por los políticos, los banqueros o los grandes empresarios quedan impunes. Y tercero, defraudar tiene que dejar de estar bien visto por la mayoría de la población. Según el CIS, casi la mitad de la población considera admisible el fraude: el que defrauda es admirado por el que no defrauda porque no comprende que el que engaña, nos engaña a todos.

La receta por tanto para luchar contra el fraude es sencilla: más educación, menos impuestos y, más y mejor justicia. 


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