Game Over

La última legislatura

Finalizada la reunión de dos días de los ministros de Economía y presidentes de los bancos centrales del G20, previa a la cumbre de líderes del mes de noviembre en la ciudad de Brisbane, el ministro de Economía Luis De Guindos advertía de que "la economía española no es absolutamente inmune a lo que ocurre en Europa". Unas palabras que entraban en contradicción con las afirmaciones hechas por Mariano Rajoy apenas un mes antes, durante la visita de Angela Merkel a España, con las que el presidente español restaba importancia a la debilidad de la economía alemana durante el segundo trimestre del año, y también a la crisis del Gobierno francés a cuenta de unos ajustes en el gasto público sin precedentes. 

El caso es que a la desaceleración alemana y a la cada vez más preocupante situación de Francia, ahora hay que sumar los malos datos de la economía italiana, que parece estar entrando a toda velocidad en una nueva recesión. Y todo ello, tal y como sutilmente advertía De Guindos, habrá de afectar por fuerza a las previsiones de crecimiento de una España muy dependiente de las grandes economías europeas.

Cuando la economía lo es todo. Y la política, un juego de tahúres  

Este gobierno lo fio todo a la política económica. Y más concretamente a una recuperación fruto de las ayudas del Banco Central Europeo y el saneamiento, con cargo al contribuyente, del sector bancario español, donde las Cajas de Ahorros acumulaban deudas catastróficas fruto de los manejos de políticos y mercantilistas. 

La legislatura está al albur de una Europa que parece encaminarse con paso firme a una tercera recesión

Pero entretanto Rajoy se ha mantenido fiel a este guion, el gasto público, lejos de reducirse, ha seguido aumentando; las reformas estructurales, más allá de la reforma laboral y la reestructuración bancaria, han sido casi inexistentes; y el crédito no ha terminado de fluir, bien porque no existe una demanda solvente, bien porque la concentración bancaria ha encarecido los préstamos de manera extraordinaria, o bien por ambas cosas. Y ahora la legislatura está al albur de una Europa que parece encaminarse con paso firme a una tercera recesión

Con todo, lo peor no es que esta legislatura, pese a los muchos sacrificios hechos por el ciudadano de a pie, pueda terminar siendo la más inútil de todas las habidas desde el inicio de la Transición, sino que el inmovilismo reformador de Mariano Rajoy, en caso de fracasar “su” recuperación económica, podría empujar a España a la ingobernabilidad y abocar al país a una salida desordenada de la crisis institucional y económica que padece.

El sentimiento de revancha 

Y es que han trascurrido ya más de siete años desde que la crisis financiera internacional actuara como catalizador de esa otra endógena y netamente española. Y el más grave de nuestros problemas, el desempleo, no sólo no se ha resuelto sino que ni siquiera ha sido puesto en vereda. En consecuencia, la desafección ciudadana es tal que el abismo entre el régimen de la Transición y los ciudadanos parece ya insalvable. 

El modelo político surgido de la Transición está despertando el sentimiento de revancha, casi de venganza, de una sociedad maltratada por la crisis y por sus gobernantes

Ni siquiera la abdicación del rey Juan Carlos el pasado 19 de junioha servido de revulsivo para poner punto y final al inmovilismo. Al contrario, el precipitado y rocambolesco relevo en la Casa Real ha dejado en evidencia la descomposición casi completa de un modelo político que ya sólo funciona a golpe de urgencia e intereses de grupo. Modelo que, lejos de generar confianza y certidumbre, está despertando el sentimiento de revancha, casi de venganza, en una sociedad que se siente muy maltratada por la crisis… y por sus gobernantes. 

En efecto, el resentimiento y el odio han trascendido las divisiones partidarias y se derrama indiscriminadamente sobre toda la clase política y sus acólitos. Y el concepto “casta” se ha convertido en un arma arrojadiza de uso tan frecuente, y, en ocasiones, gratuito, que se ha banalizado y ha dejado de tener relación con ese otro concepto pedagógico y empírico de “élites extractivas”, acuñado por James A. Robinson y Daron Acemoglu. En definitiva, en la calle las emociones crecen y la racionalidad mengua a gran velocidad. Y Rajoy y sus mariachis siguen cantando rancheras y cruzando los dedos, mientras, aterrados, miran de reojo a Bruselas. 

En definitiva, España necesita un nuevo rumbo y, sobre todo, más razón que emoción. Precisamente sobre esto hablaremos en la mesa redonda organizada por el Ateneo de Madrid este martes día 23 a las 19.30 horas, a la que usted, querido lector, está invitado. 


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