Game Over

Las mutaciones del Régimen

Escribía Victor Hugo (Besanzón, 1802) en Los miserables que "es cosa bastante repugnante el éxito. Su falsa semejanza con el mérito engaña a los hombres". Y, añadía, que el éxito era un falso doble del talento, con el que podía obtenerse la supremacía sobre las masas para (se entiende) engañarlas fácilmente.

Nadie mejor que este ilustre escritor francés para escribir una sentencia tan inquietante, pues él mismo alcanzó un lugar prominente durante el reinado de Luis Felipe I de Francia gracias al favor del propio rey. Sin embargo, ya con las manos manchadas de sangre tras sofocar las revueltas obreras de París de 1848, comprendió que su éxito personal, su trabajada posición de privilegio, no era más que el fruto de la traición a sus principios y del consentimiento del Poder.

Cambiar un régimen desde dentro y otras boutades

Lo peor, con todo, es que Victor Hugo, aunque dedicó grandes esfuerzos a alcanzar una posición relevante durante el reinado de Luis Felipe I, no lo hizo movido por el lucro personal o la vanidad, sino que, educado desde muy joven en el respeto a la monarquía, tenía el convencimiento de que podría regenerar el régimen si, desde dentro, alcanzaba gran influencia. Pero su plan, lejos de funcionar, terminó haciendo de él un aliado de la tiranía y, finalmente, un instrumento de su violencia.

Así, tras un sinfín de episodios controvertidos, en los que sus principios zozobraron, el bueno de Victor supo que sus esfuerzos serían inútiles y llegó a una conclusión: el régimen nunca podría ser cambiado, ni siquiera desde dentro, y por lo tanto debía ser demolido. Y así, en un gesto de grandeza hoy difícilmente imaginable, renunció a su posición de privilegio, se exilió voluntariamente y se convirtió en irreductible defensor de la democracia. ¿Alguien está dispuesto a tomar nota?

Esa delgada línea que separa la regeneración del fraude  

La advertencia que Victor Hugo hizo con aquella sentencia tiene dos lecturas. La primera y más evidente, que el éxito no es un bien privativo del talento o el esfuerzo, sino que, dentro de un sistema cerrado o de intercambio de favores, está al alcance de cualquiera no demasiado escrupuloso que sepa jugar bien sus cartas. Por lo tanto, éxito y fraude pueden muy bien ir de la mano. Y la segunda y más importante, que hay que desconfiar de todos aquellos políticos y personajes públicos que, en los regímenes cerrados y, aparentemente, sin el apoyo explícito del poder, consiguen brillar con luz propia. Pues si los caminos que conducen a la relevancia personal están celosamente custodiados por quienes mandan, el hecho de que un personaje cualquiera termine destacando sobre el resto rara vez tendrá que ver con sus méritos. Y lo más probable es que su éxito se deba a la conveniencia de los poderosos.

En España, donde nada ni nadie trasciende sin que los poderes fácticos lo consientan, la segunda advertencia resulta extraordinariamente oportuna. De ahí que los españoles, al menos, deberíamos sospechar de quienes en estos días tan aciagos se nos presentan como improvisados campeones de la libertad y la justicia, ya que entraría dentro de lo posible que fueran hombres de paja al servicio del poder o de sí mismos. Y, por poner un ejemplo cualquiera, cabría preguntarse cómo es posible que ninguno de los partidos que parecen estar en posición de desbordar el catenaccio bipartidista cuestione seriamente la monarquía, cuando hacerlo nada tiene que ver con declararse republicano sino con las convicciones democráticas más elementales, según las cuales legitimar el modelo político requeriría como primera providencia un referéndum sobre la forma del Estado.

Neomarxistas televisivos o la “revolución” como coartada

Por otro lado, no deja de ser asombroso que, de un tiempo a esta parte, personajes travestidos de neomarxistas, con sus piquitos de oro, desfilen como rutilantes estrellas por las principales tertulias televisivas con el beneplácito de los grandes grupos informativos; los mismos grupos que son correa de transmisión de la coalición gobernante y, por lo tanto, muro de silencio infranqueable para cualquier intelectual de verdad independiente, honesto y transgresor. ¿Qué milagro hace que las aguas del Mar Rojo se abran para que estos nuevos profetas nos conduzcan a la Tierra Prometida? ¿No estará el Régimen, abrumado por la pérdida de legitimidad, intentando suplantarse a sí mismo, reemplazando a los gastados agentes políticos, pero dispuesto a mantener las mismas reglas del juego e idéntica morfología; es decir, esa útil polarización izquierda-derecha que divide a la opinión pública y moviliza el voto?

Los otros aspirantes a pertenecer a la “nueva” élite

Por último, tampoco hay que dejar en el olvido a esos otros personajes supuestamente ajenos a cualquier corriente política, a la sazón intelectuales y, también, economistas de prestigio, tan apegados a su carrera que, lejos de jugarse el todo por el todo, se mueven en ese terreno de nadie que va desde proponer un puñado de reformas más o menos pertinentes a postularse como integrantes de una “nueva” élite que dé aire al Régimen, para lo cual se dedican a pintar, también, líneas rojas alrededor de la Corona. Me refiero a esos eruditos que, en el papel de elegantes outsiders, y con la cabeza bien a cubierto para que ningún francotirador se la vuele, señalan los graves problemas de España desde un horizonte tan bajo que aunque quisieran no podrían distinguir si la Tierra es plana o redonda.

El éxito auténtico se vende muy caro

En definitiva, ya sea con la mejor de las intenciones o bien por puro y duro oportunismo, con lo demostrado hasta ahora a lo más que podemos aspirar es a un recambio de los actores políticos y, quizá, una renovación de la farsa. Pero lo que es el Régimen, parece que se dispone a escapar vivo.

Sacar a España del hoyo requiere tomar grandes riesgos; sacrificios mucho mayores, casi absolutos. No están los tiempos para seguir haciendo carrera sino para oblaciones a mansalva. Desgraciadamente, sigue sin haber voluntarios para dar ese pasito al frente con el uno se queda, y perdón por la expresión, con el culo al aire: expuesto a las represalias, al silencio informativo y, en definitiva, a la inanición por pérdida de privilegios. El mérito, el esfuerzo… y el sacrificio, han de estar a la altura del desafío. Y éste, sin duda, es enorme. ¿Dónde está, pues, esa gente honesta, generosa y valiente? ¿Alguien la ha visto?


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