Game Over

Rescate y apoteosis de la Transición

Hay que reconocer que Mariano Rajoy le ha echado un par de bemoles al tomar al Euro como rehén, las cosas como son. Pues gracias a ello, y pese a un bagaje reformista casi inexistente, vamos a conseguir dinero a mansalva vía compra de Deuda. Ahora lo que importa es saber si el Gobierno solicitará formalmente el rescate antes de las elecciones del 21 de octubre o volverá a caer en los excesos del cálculo político. En cualquier caso, dentro de muy poco sólo se hablará de cómo será este rescate. Y quién sabe si también de la primera grave crisis de gobierno de esta legislatura. Pero esa es otra historia. Lo importante es que la España oficial está de enhorabuena. La luz brilla ya en su túnel particular.

El rescate como mal menor

El Rescate será la gran novedad que el nuevo curso nos traerá y que sin duda dará lugar a debates tan estelares como tramposos. Y no es poca cosa. Porque, nos guste o no, si Europa nos hubiera dado la espalda, nuestro sistema político-económico habría implosionado, generando turbulencias de consecuencias impredecibles. Y pese a que, en opinión de algunos, el colapso traería consigo la beneficiosa liquidación del actual modelo político, visto como las gastan quienes tienen los resortes del poder en sus manos y, también, el talante de las facciones más extremistas, el derrumbamiento incontrolado del régimen nacido de la Transición habría degenerado muy posiblemente, aunque parezca imposible, en algo mucho peor. Llamémoslo equis. Y es que si bien España es una tierra que ha aprendido a sobrevivir bajo el yugo de los caciques, los salvapatrias bienintencionados, aún los aparentemente inocuos, no se sabe muy bien por qué, suelen acarrearnos tragedias.

Europa no puede reformar la España política

Además, no seamos tan ingenuos como para creer que fuera los políticos son un dechado de virtudes o que el resto de democracias europeas están a salvo del grave proceso de descomposición que asola a Occidente. Aceptémoslo, Europa no está para grandes gestas ni cruzadas en pos de la libertad de nadie. La regeneración política de España es una cuestión privativa de los españoles. Y era de prever que en Berlín, y aún menos en Washington, fueran a dejar indefinidamente en el aire los 3 billones de euros que adeudamos por mor de unas reformas que nuestra clase política no está dispuesta a hacer, ni aún cuando el cielo se desplome sobre nuestras cabezas.

Y aunque cualquiera con dos dedos de frente sabe que, sin reformar el modelo político, España no podrá crecer de manera estable y prolongada, a ningún político nacional o extranjero le importa lo más mínimo lo que vaya a suceder de aquí a 10 años. Porque ya sean españoles, alemanes o lituanos, su visión sólo alcanza hasta las próximas elecciones. En resumen, nunca antes Europa ha afrontado problemas tan grandes liderada por políticos tan pequeños.

Esto es lo que hay

Por eso el reformismo anunciado abombo y platillo por el actual gobierno llega hasta aquí. En el haber quedan la subida del IRPF y el IVA, los recortes a los funcionarios, la reforma laboral (que hay que coger con pinzas), el carrusel de las reformas bancarias, la reducción del gasto farmacéutico, la liquidación de la Ley de dependencia y la puesta en vereda del derecho a la atención sanitaria y alguna que otra pifia que me ahorraré citar. En lo fundamental, subidas de impuestos al margen de toda doctrina económica mínimamente solvente. Rentas que se detraen y secan aún más nuestra maltrecha economía y que, para colmo, no son más que gotas de agua en comparación con el incesante torrente del despilfarro.

Entretanto, la Ley de emprendedores ha quedado aparcada, la reforma de las Administraciones Públicas en suspenso (gracias al acuerdo en el desacuerdo entre PP y PSOE), el mercado interior sigue sin recomponerse y los autónomos y las empresas siguen adelantando el IVA –ahora del 21%–, cobrando tarde, mal y nunca. Para colmo, el precio de la gasolina y la energía en general, por obra y gracia de los cárteles nacionales, bate récords. Y los precios de todos aquellos productos y servicios básicos continúan en una senda alcista inversamente proporcional al descenso del consumo y la renta disponible de los españoles. Y es que nuestros grandes empresarios y banqueros, los mismos que ora ejercen de visitadores oficiales de Su Majestad, ora cenan en privado con el ministro de turno, son los guardias de Corps de esta economía nuestra. Y algunos se han propuesto mantener contra viento y marea su nivel de vida por la vía del aumento de precios. El resto, esos a los que los políticos adulan llamándoles emprendedoresla adulación es la vaina que esconde el puñal– sólo pueden contener el aliento. Porque la economía real, la que nos atañe a los ciudadanos comunes, así no podrá levantar cabeza.

El final del principio

Pese a todo, precisamente ahora, que entramos en la apoteosis de este modelo político y económico surgido de la Transición, no hay que bajar los brazos y dejar por imposible el cambio hacia un sistema de libre entrada. Cometer el error de pasar de la utopía al más absoluto desencanto es un lujo que no podemos permitirnos. Tal y como explicaba Cunico, precisamente la esperanza se basa en el completo conocimiento de las cosas, en tomar conciencia de la realidad. Y en esa parte del camino estamos, lo cual no es poco si lo miramos con perspectiva. Así pues, la lucha en pos de una regeneración democrática no ha hecho más que empezar. Aún queda mucha gente por rescatar de las garras del hooliganismo ideológico y a la que hacer comprender la urgente necesidad de anteponer las reformas políticas básicas a los debates ideológicos. Ahí están las redes sociales, los foros de los medios de información y demás lugares públicos muy concurridos a los que se puede acceder. Seamos realistas y maduremos. Lo que lleva pudriéndose décadas, incluso siglos, no se arregla en un par de días, ni siquiera en un par de años –y quién sabe si un par de décadas bastarán– con acciones milagrosas e instantáneas. Lo importante es no cejar en el empeño. Y lejos de caer en el fatalismo, animar e instruir a quienes vienen detrás de nosotros y aún habrán de pagar la fiesta. ¿Quién dijo que salvar España fuera tarea fácil?


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