Game Over

El PP: el mejor aliado de Podemos

Para explicar la imparable progresión de Podemos en intención de voto, desde la sala de máquinas del Partido Popular argumentan que es la crisis económica lo que da alas a los demagogos. Pero que estos “salvapatrias” tienen las patas muy cortas. Así, en su opinión, Podemos no es más que una reacción coyuntural, cuya fuerte pegada se basa en su crítica fácil y foribunda contra “el sistema”. Pero que "cuando rascas no hay nada debajo, salvo volver a cosas del pasado". Y arremeten contra las delirantes propuestas económicas del nuevo partido de izquierda, como la "Renta Básica Universal", que supondría 145.000 millones extra al año. O la última, una "asignación universal por hijo" a la argentina.

Así que los gurús de la calle Génova ya han hecho sus vaticinios: anticipan que el partido que lidera Pablo Iglesias será flor de un día. Y que a lo sumo terminará fagocitando a Izquierda Unida.

Parafraseando al actual presidente del gobierno cuando aquello del Prestigie, la corrupción sería solo unos pequeños hilitos de color negro que, de cuando en cuando, fluyen

Siguiendo este guión, que es el único que manejan los más insignes peperos (realmente no tienen otro), en cuanto la crisis económica española concluya, las aguas volverán a su cauce. Así pues no hay de qué preocuparse, puesto que, en palabras de Mariano Rajoy, la recuperación ha llegado con fuerza. Y lo ha hecho para quedarse. Lo cual casa bastante mal, todo sea dicho, con el hecho de que nuestro déficit comercial se haya duplicado hasta alcanzar los 11.882 millones de euros por el menor tirón de las exportaciones.

El régimen surgido de la Transición, aunque huela, no se toca

Eso sí, reconocen a regañadientes que las deficiencias institucionales existen. Pero, en contra del pensamiento general, no son de una gravedad extraordinaria. Parafraseando al actual presidente del gobierno cuando aquello del Prestigie, la corrupción sería solo unos pequeños hilitos de color negro que, de cuando en cuando, fluyen.

Sea como fuere, el modelo político español surgido de la Transición, aunque sea manifiestamente mejorable, sigue, y seguirá, cumpliendo honrosamente. De ahí que afirmar que nuestra corrupción es estructural se haya convertido en anatema. En todo caso, se trataría de una disfunción coyuntural, que la Ley de transparencia, ese esfuerzo legislativo sin parangón en Europa, subsanará sin mayores contratiempos.

Por supuesto, tampoco es relevante que según las tramas afloran, queden en evidencia cantidades cada vez más colosales de dinero público estafado, defraudado o sencillamente robado. Y que, como desde hace ya tiempo se bromea en la redes sociales en relación con el destino de miles de millones de euros de los sufridos contribuyentes españoles, la capital de España no sea Madrid sino Suiza.

La alarma social se llama corrupción estructural

Poco o nada importa que un estudio de la Universidad de Las Palmas (Ulpgc) cifre en 40.000 millones de euros el “coste social” de la corrupción en España. Y que ésta, más allá de las mareantes cifras que exhibe, tenga un impacto mucho mayor que el que puedan reflejar las estadísticas oficiales. Porque también hay un coste indirecto que afecta al funcionamiento de las empresas, a la economía y, en definitiva, a la prosperidad de todos.

Lo que da alas al partido que lidera Pablo Iglesias es la necesidad de ruptura con el actual modelo político que demanda la sociedad, no las 'soluciones' que ellos puedan proponer

En efecto, en los países corruptos, las empresas dejan de ser competitivas porque terminan por dedicar sus recursos a conseguir favores de la Administración, ya que ello les resulta mucho más rentable que producir bienes y servicios necesarios. Comportamiento anómalo este que tiene unos costes enormes muy difíciles de calcular, por no decir que es imposible, y que se conoce como “rent-seeking” (búsqueda de rentas). Y que explica racionalmente cómo, cuando la corrupción se institucionaliza y se vuelve estructural, tal cual sucede en España, las empresas dejan de sentirse concernidas por los intereses de los consumidores y se dedican a atender los requerimientos de quienes tienen la potestad de redactar los boletines oficiales.

Con el tiempo, la imagen-país se degrada, lo cual lleva aparejado nuevos costes. Así, el Banco Mundial, Transparencia Internacional y otros organismos señalan que el capital más productivo, el que invierte a largo plazo, rehúye los países corruptos, porque éstos suponen costes añadidos que son imposibles de predecir. Y es que el capital que busca rendimientos a largo plazo necesita de un entorno institucional solvente y estable y, sobre todo, claro; en definitiva, que la corrupción sea de baja intensidad.

Y así, gracias al interesado inmovilismo del Partido Popular, la maquinaria de la corrupción sigue intacta, libre de la amenaza de verdaderas reformas políticas, y Podemos crece en intención de voto, convirtiéndose en una seria amenaza para los partidos tradicionales. Y es que en Génova no quieren comprender que lo que da alas al partido que lidera Pablo Iglesias es la necesidad de ruptura con el actual modelo político que demanda la sociedad, no las 'soluciones' que ellos puedan proponer; es decir, que cada vez más ciudadanos ven en Podemos un ariete con el que derribar los muros del búnker. Lo que pueda venir después no les importa. De ahí que el Partido Popular sea con diferencia el mejor aliado de Podemos.


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