Game Over

PP y PSOE camino a la perdición

Próximos a abordar un año 2013, que se vislumbra aún más turbulento que este agitado 2012, la clase política ha aprovechado el Día de la Constitución para revindicar el, a su juicio, indiscutible éxito de nuestra Carta Magna, aludiendo en última instancia –diría que con desesperación– a las altas cotas de libertad alcanzadas. En palabras del Presidente del Gobierno: “En el marco constitucional de convivencia cabe todo, todos nos podemos sentir protegidos e identificados y desarrollar los proyectos personales y sociales que deseemos”.

Lamentablemente, los hechos parecen refutar tanta autocomplacencia. Porque, más allá de que vayamos camino de coronar la espeluznante cima de los seis millones de parados, según el indicador elaborado por European Anti Poverty Network (EAPN), dentro de la Unión Europea, España es, junto a Grecia, Bulgaria y Rumanía, el país con mayor tasa de población en riesgo de pobreza. Es decir, el 27%* (más de una cuarta parte de la población total), o lo que es lo mismo, 12.741.434 personas viven bajo el umbral de la pobreza o padecen una privación material severa. Lo cual, dado que España debería estar más a la vera de Inglaterra o Francia que de Bulgaria, Rumanía y, por supuesto, Grecia, resulta a priori inconcebible. Y para mayor desgracia, a este desastre estadístico se añade la guinda de que nuestro país se encuentra, según el estudio de Transparencia Internacional (IT), a la altura de Botsuana en lo que a percepción del nivel de corrupción se refiere.

En consecuencia, si el éxito de nuestra Constitución se midiera en términos de prosperidad, el fracaso sería incontestable. Y en cuanto a las cotas de libertad alcanzadas, conviene recordar aquello tan cierto de que la libertad sin pan no es libertad. No es de extrañar, por tanto, que, según el barómetro del pasado mes noviembre elaborado por el CIS, sólo el 37,4% de los encuestados diga estar bastante o muy satisfecho con la Constitución, mientras que el 51,5% asegure estar poco o nada satisfecho. Pero aún más significativo es que, en ese mismo barómetro, sólo el 29,6% se muestre satisfecho con nuestra democracia, mientras que el 67,5% afirme estar poco o nada satisfecho. Es decir, a ojos de una gran mayoría, la naturaleza de nuestros problemas tiene mucho que ver con las instituciones políticas. Y a lo que parece, vender soluciones políticas ya no es lo mismo que vender bebidas refrescantes. El público se ha vuelto mucho más crítico y exigente.

Cinco años cruciales enterrados en un falso debate económico

Estas dos tenebrosas pinceladas, que son el índice de pobreza y la percepción de la corrupción, unidas a la opinión de los españoles, ponen de relieve no ya la urgencia sino la exigencia de ir más allá del acostumbrado debate económico. Porque precisamente ahí ha estado y está el problema, en la entronización del hecho económico como clave de esta crisis. Lo cual ha dado lugar al advenimiento de una Economía exógena y todopoderosa, donde cuestiones cruciales, como la ineficiencia de nuestro modelo político, no sólo no han tenido cabida sino que han sido intencionadamente sustraídas del debate.

Cumplidos ya 5 años de travesía por el desierto, prevalecen las mismas visiones miopes; la de un centro-derecha que no está dispuesto a ir más allá de reformas muy limitadas y la habitual política de la cataplasma, y la de una izquierda que sigue sin enterarse de que España sobrevive gracias a la respiración asistida. Un debate tramposo donde sólo ha habido lugar para dos alternativas políticas y dos visiones de muy corto recorrido; esto es, la política de la austeridad y los recortes o la política de los estímulos económicos, tanto monta, monta tanto. Una lamentable pérdida de tiempo, habida cuenta de que ha sido la España Política la que ha colapsado. Y la Economía, en todo caso, es el sismógrafo que ha medido y mide la magnitud de este terremoto. Una evidencia que ya ha trascendido al ciudadano común, según demuestran las encuestas. De ahí que el ciudadano de a pie demande ingenieros que reformen los cimientos de nuestro edificio institucional. Y no fontaneros que arreglen las cañerías. Tomen buena nota de esto.

El PP y PSOE, como los dinosaurios

Estando así las cosas, no es de extrañar que, a la vez que el Partido Socialista Obrero Español está en trance de convertirse en un partido marginal, el Gobierno del Partido Popular pulverice todos los récords de pérdida de confianza. Y si bien el problema en el PSOE es una imparable pérdida de credibilidad ganada a pulso a lo largo de dos legislaturas nefastas, en el caso del PP el desplome en intención de voto no es, o no es sólo, fruto de los recortes y subidas de impuestos, aunque así quieran verlo algún irreductible estratega con mucho predicamento en la calle Génova, ni siquiera de su irritante falta de palabra, sino producto de la manifiesta incapacidad y/o falta de disposición para abordar un profundo proceso de transformación que vaya más allá de la chapuza económica.

Pese a todo, ambos partidos siguen empeñados en un debate que es, en lo fundamental y pese a los aderezos ideológicos o demagógicos, estrictamente económico y, por tanto, falso e incoherente hasta el absurdo. Y de persistir en su cerrazón, ambas formaciones políticas pagarán un alto precio, pudiendo llegar a convertirse en partidos marginales e, incluso, desaparecer. Tiempo al tiempo.

(*) Estos datos corresponden al año 2011. Es más que posible que en 2012 hayan empeorado.


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