Game Over

Malos augurios para esta la actual Legislatura

La imagen que acompañó a Don Juan Carlos en su discurso de Noche Buena, en la que aparecía él mismo flaqueado a ambos lados por sus dos más serviciales caballeros, no fue una foto cualquiera. Es obvio que esa alegoría en forma de retrato fotográfico expresaba el apoyo incondicional a la Corona de los dos partidos mayoritarios. Pero tiene además otro mensaje emboscado: el imperativo mandato a los mensajeros de los medios leales, sostenidos por uno y otro partido, de que, en momentos tan delicados, han de tratar a la primera institución del Estado con exquisito cuidado. No en vano Su Majestad es la piedra angular de un modelo político – y por ende económico – que lleva dando pan y cobijo a los buenos vasallos desde hace la friolera de 36 años. Y ese y no otro es el verdadero sentido de esa extraña foto de familia sin familia, en la que el Rey y sus dos meritorios caballeros aparecen juntos, hombro con hombro. No hay hijas, hijos o nietos, sólo los padres de la patria, en cuyas manos recae un poder casi absoluto.

“Este enfermo […] es la Monarquía de Vuestra Majestad, que está doliente en la cabeza, que es la real hazienda”, parecen avisar al Rey los líderes políticos del presente, tal y como hicieron los del pasado. Y puesto que se ven impotentes para curar al enfermo – que es España y por ende la Corona –, se disponen a conservar lo que de salud le quede. Y así, mientras el común es distraído con esos cabos sueltos de la corrupción que son los casos  “Urdangarín” y “Campeón”, nuestros políticos trabajan a marchas forzadas para evitar que el sistema se venga abajo cerrándolo a cal y canto.   

De ahí que el Rey se haya enrocado y se cubra las espaldas, sacrificando al Duque de Palma, y de rebote a la Infanta Cristina, quizás a la espera de que la sospechosa demora de la Justicia y la lentitud añadida de los juzgados hagan prescribir los principales delitos, si es que los hubiere, y quede todo el embrollo en algo menos que nada. Y, por otra parte, los partidos mayoritarios vuelven la mirada al pasado, tratando de identificar el momento exacto en el que el sistema político nacido de la Transiciónpareció funcionar.

Pero el problema es muy grave. Sin ideas, sin capacidad de proponer soluciones y sin convicción, y perdida por completo la conexión con la calle, el desconcierto y el miedo a perder los privilegios, hace que esta huida hacia delante de quienes representan a las instituciones del Estado obre el efecto contrario de hacerles volver sobre sus pasos. Así que el futuro se sitúa básicamente en el pasado. Y por ello estamos asistiendo a un desesperado y torpe intento de Restauración que, tal y como la Historia demuestra, sólo se produce cuando la falta de visión de la nación política se vuelve clamorosa.

En este sentido, resulta revelador ver como en el PSOE no hay más alternativa que Pérez Rubalcaba, de 61 años de edad y en política desde1982, flanqueado por otros personajes de tanta o más antigüedad en el partido. Don Alfredo es la vuelta al pasado y a la vieja guardia: una restauración interna a la medida del PSOE como solución única a la gravísima crisis del partido. Y lo cierto es que, descartando a Carme Chacón, que a la sazón es poca cosa en lo ideológico, no hay mucho más donde escoger. Ante este inquietante panorama, hasta el propio Partido Popular se muestra preocupado. Lo cual no debería extrañar a nadie, pues el modelo político se basa en la alternancia y el PP necesita de la otra cara de la misma moneda para legitimar esta democracia de listas cerradas.

Respecto al nuevo Gobierno de Mariano Rajoy, tras haber obtenido una mayoría absoluta que pronto empieza a perecer inmerecida, además de haber cerrado la puerta a cualquier personaje independiente y mostrar signos preocupantes de apostar también por la Restauración, ha incumplido ya su promesa electoral de no subir los impuestos, alegando que el déficit público finalmente no será del 6% sino del 8%, como si nadie sospecharan que esto pudiera suceder y no contemplaran en su momento un plan B ante una contingencia más que probable. Y, ahora, tras haber prometido hacer lo que sea necesario “cueste lo que cueste”, la salvación del país queda supeditada a los intereses electorales del partido en Andalucía. Y hasta entonces, se expolia a la clase media y se compromete aún más si cabe el crecimiento económico.

“Quanta similitud tenga el gobierno con el cuerpo humano, el qual también adolece por excessos o causas naturales: y lo mismo sucede a la República, la cual va en declinación o por mal gobierno de los que la tienen a su cargo, o por causas naturales que proceden del mismo tiempo”. decíaJerónimo de Ceballos.En el caso de España, nuestro cuerpo político, pese a adoptar algunas características formales de la democracia, ha permanecido cerrado a cal y canto. En consecuencia, ha ido declinando hasta verse sumido en una decadencia severa. Y, ahora, quien ejerce de médico – la clase política – no puede curarlo, pues antes deberían cumplir con aquello de “médico, cúrate a ti mismo” o, en su defecto, hacer la reformas necesarias para dejar el paso expedito a un nuevo tiempo político. 


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