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Madrid 2020: las Olimpiadas del hambre

Si hay algo que crispa, y mucho, a los ciudadanos, además de los padecimientos interminables a los que se están viendo sometidos, es la actitud de la clase dirigente, que sigue, pese a la propaganda y el maquillaje, extrayendo rentas a buen ritmo, como si la crisis no fuera con ellos. Pruebas de ello las hay en abundancia. Y algunas claman al cielo. La última y más irritante es sin duda la aventura olímpica Madrid 2020, cuyo aval es una encuesta telefónica realizada a 2.000 personas, de las cuales el 80,2% (1.604) estarían a favor de la candidatura olímpica madrileña. Un plebiscito diminuto y tramposo con el que se legitima el disparate. Es la farsa democrática de las encuestas a medida, detrás de las cuales asoma, ante la mirada atónita de un pueblo famélico, el régimen de los excesos versallecos.

Lo de siempre, un poco de pan para hoy y mucha deuda para mañana

Tan duros de oído para otras demandas, sorprende la extraordinaria sensibilidad y bondad de nuestros gobernantes, a quienes les basta con 2.000 llamadas telefónicas para dejarse las uñas en pos de arrancar al COI unos Juegos Olímpicos. 80.000 empleos, proclama la propaganda del régimen, generaría la organización del evento, aunque a buen seguro serán menos. Y mucho turismo, amén de colocar el nombre de la capital de España en el Olimpo. Que dichos empleos sean en su mayoría temporales y de baja cualificación –es decir, breves y mal remunerados–, es lo de menos. Porque con más de medio millón de parados oficialmente contabilizados en la Comunidad de Madrid, ¿a quién le importa el largo plazo? Pan para hoy y deuda para mañana es el lema. ¡Y que siga la fiesta en Versalles! Tampoco importa la ausencia de inversión productiva y que las empresas agraciadas no arriesguen un euro de su bolsillo. Porque estos son los verdaderos negocios, los que se sufragan con dinero público, a fondo perdido y en familia.

El régimen manda y Rajoy obedece

A todo esto, dice nuestro impávido presidente, ese recordman del autismo político, que ha transmitido a los miembros del COI "el sentir de la sociedad española", porque cuando quiere la empatía le desborda. Y ha ensalzado a la capital del reino como una ciudad "acostumbrada a organizar grandes eventos y a recibir gente". Lo cual en buena medida es cierto. Porque Madrid, como otras muchas ciudades y pueblos de España, está acostumbrada al despilfarro y a agasajar a unos y a otros, con un dinero público que, lejos de ser de nadie, tiene claros beneficiarios. Y antes de marcharse a la carrera, porque el señorito es muy fino y el frío aire que baja de la sierra le destempla –aire de Madrid, que mata a un hombre y no apaga un candil–, remató su discurso diciendo que “estamos preparados y dispuestos a organizar los Juegos, y lo haríamos muy orgullosos. Y mientras se frotan las manos en la gran famiglia madrileña, los ciudadanos, además de cornudos, contentos.

'Don' Mariano, alérgico a disgustar a los poderosos, dentro de los cuales se incluyen los oligarcas regionales, y de paso sus edecanes, que son los políticos locales, no se toma estas cosas a la ligera. Sabe que, estando los señores del pelotazo caninos, de no echarles una mano podrían aflorar nuevos datos de esa corrupción irrestricta que es la esencia del sistema. Y como dijo un experto negociador: "siempre hay que dar una salida a quien anda muy apurado. De lo contrario, puede volverse imprevisible".

Después de 32 años en esto de los trueques de favores; es decir, en la cutre política española, este absentista con plaza en Santa Pola no es tan estúpido como para haber juramentado su cargo sin cruzar antes los dedos. Es decir, sabe que España no es una nación al uso, ni siquiera un Estado. Es una denominación de marca que sirve para que los negocios de algunos. Y esto, si se quiere seguir en el machito, hay que tenerlo presente. De ahí que sea un chico muy obediente y haga tan bien los recados.

La dignidad de los vieneses frente al ninguneo de los madrileños

Que el pasado 12 de marzo los vieneses rechazaran en referéndum los planes de su alcalde, Michael Häupl, para que Viena presentara candidatura olímpica a los Juegos de 2028 (el 71,94% votó en contra), es algo inimaginable en España. Porque aquí, democracia poca o muy poca. 1.604 almas en el limbo demoscópico bastan para legitimar la candidatura de una ciudad y una comunidad autónoma, cuya deuda conjunta roza los 30.000 millones de euros. Auténtico disparate, irresponsabilidad mayúscula se mire cómo se mire. Pero al fin y al cabo, al decir de la clase dirigente, siempre es ese pueblo sumiso y atribulado, que no sabe lo que quiere, el que legitima los latrocinios. Dicho lo cual, de esta crisis somos todos culpables. Así, mientras unos pocos hacen caja, los demás cargan con el complejo de culpa y el pufo. Debemos aceptarlo con fair play. Lo exigen, además del espíritu olímpico, quienes demuestran un olímpico desprecio por la democracia.


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