Game Over

Fouché en los despachos de Bruselas

“...Diariamente vemos de nuevo que en el juego inseguro y a veces insolente de la política, a la que las naciones confían aún crédulamente sus hijos y su porvenir, no vencen los hombres de clarividencia moral, de convicciones inquebrantables, sino que siempre son derrotados por esos jugadores profesionales que llamamos diplomáticos, esos artistas de manos ligeras, de palabras vanas y nervios fríos”. De esta forma se referíaStefan Zweig, en la introducción a su biografía de Joseph Fouché (1929), a los verdaderos muñidores del destino político de las naciones, esos personajes desconocidos que, cobijados en el anonimato y a la sombra de los líderes, terminan siempre, hoy al igual que entonces, por escribir la Historia. Esta interesante reflexión enlaza perfectamente con el ambiente que se respira en Bruselas y las dudas sobre nuestro déficit que, al parecer, fluyen desde allí a los cuatro vientos con total impunidad. 

El bueno de Zweig, aquel vienés erudito y de sensibilidad casi infinita que, torturado por las convulsiones de una Europa cada vez más atroz, se quitó la vida en 1942, no se refería a esa clase política perfectamente identificada de la que en estos tiempos desconfía hasta la más crédula de las criaturas. No, en absoluto. Los desnortados líderes europeos, por más que sean merecidamente el blanco de todos los reproches, son sólo las caras visibles de un nuevo sistema de poder extraordinariamente prolífico e intrincado, la punta del iceberg bajo la cual se encuentra el verdadero problema: una floreciente estructura administrativa, la Unión Europea, donde andan emboscados los verdaderos fouchés de nuestro tiempo. Allí reinan personajes casi anónimos y de inteligencia precaria, pero astutos, soberbios y, a su manera, peligrosamente vanidosos.

El recurso del “perverso Rubalcaba”

Respecto de este evidente complot, mueve a risa ver como es puesto de nuevo en el punto de mira Alfredo Pérez Rubalcaba, equiparándolo por enésima vez a Fouché, con el fin de eliminar cualquier duda sembrada en la opinión pública por los intrigantes de Bruselas. Un paralelismo imposible, pues la inteligencia y disciplina de quien fue sacerdote, después saqueador de iglesias y comunista revolucionario y finalmente multimillonario y Duque de Otranto, así como su insólita psique, están fuera del alcance no sólo deDon Alfredo sino de cualquiera de nuestros previsibles políticos. Los protagonistas de este affaire son otros tipos mucho más peligrosos, con quienes se la juega en estos días el Presidente y, por ende, España entera, a cuenta del ajuste del déficit, ese endiablado dolor de muelas que quita el sueño a Don Mariano. 

Tras la recientes reformas, que podrían endurecerse aún más en su trámite parlamentario, son los burócratas que medran en Bruselas el último gran obstáculo para poner rumbo por fin, tras cinco años malgastados, hacia una recuperación que será lenta, dolorosa y, de seguro, llena de sobresaltos. Y a cuenta del déficit, lo que está en juego no es poco. No menos de dos o tres años a sumar a otros tantos si los que se dedican a filtrar interesadas sospechas a la agencia Reuters – nada menos que tres fuentes distintas – se salen por fin con la suya. Para estos personajes poderosos que actúan en la sombra, lo importante es el triunfo de su poder por encima de todo, y, de paso, dar escarmiento a nuestros aprendices de Maquiavelo por pretender ganarles por la mano en su propio terreno. Se trata de los mismos personajes que se pliegan oportunistas a los intereses deAlemania y Francia para ser cada día más fuertes. Y a tal fin, como aquel francés poliédrico, transforman las directrices recibidas en imposiciones vehementes al servicio de su fines. 

Una demostración de fuerza con la ortodoxia como pretexto

Si de lo que se trata es de reducir nuestro déficit estructural y actuar dentro de la ortodoxia, en eso, mal que bien, estamos. Sin embargo, si las condiciones actuales son distintas a las que los burócratas de Bruselas previeron, es del todo ortodoxo y procedente que se conceda a España un margen puntual equivalente a ese error de cálculo. De no hacerlo, además de poner a España al límite e incentivar las malas artes contables, cabría sospechar que la cuestión de fondo no es tanto la defensa de la necesaria ortodoxia económica como una demostración de fuerza de ese cuarto estado en el que se ha convertido la Unión Europea por obra y gracia de esta crisis. La burocracia que medra en Bruselas y que opera impunemente al margen de cualquier control democrático, está aprovechando la zozobra en la que se encuentran sumidos los gobiernos para consolidar su nuevo status. Cada vez resulta más evidente que estos personajes de manos ligeras, palabras vanas y nervios fríos, son quienes en realidad gobiernan, aún por encima de Angela Merkel y de quien proceda. Y, por obra y gracia de la urgencia que vivimos, lo hacen sin ningún tipo de control o cortapisa. Con sus garras clavadas en el lomo de Europa, no sólo se permiten vituperar a España, al amparo del poder de sus principales valedores, Alemania y Francia, sino que están aprovechando la ocasión para crear un monstruo que, llegado el momento, quizás se vuelva contra sus amos, quién sabe. Por ahora lo cierto es que, en Europa, mientras Tocquevillesigue muerto, Joseph Fouché goza de una salud de hierro.

Twitter: @BenegasJ


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