Game Over

Españoles… el Régimen del 78 ha muerto

El 20 de noviembre de 1975, Carlos Arias Navarro, entonces presidente del Gobierno, anunciaba por televisión a todos los españoles la muerte de Franco. Visiblemente emocionado, Arias inició su alocución con la histórica frase  “Españoles… Franco ha muerto”. Y a continuación leyó con voz compungida el testamento político del dictador, para finalizar con un tembloroso ¡Viva España!

Antes, en líneas generales, todo había sido ya planificado desde dentro y fuera de España. Porque, en aquellos días, la división del mundo en dos bloques, el comunista y el de las democracias capitalistas, hacía que lo que aconteciera en España fuera internacionalmente trascendente. Así, el 3 de noviembre, es decir, 17 días antes del fallecimiento del Generalísimo, la revista Time ya había publicado una portada, en la que, bajo el título Spain after Franco, se reproducía a todo color la fotografía del entonces príncipe Juan Carlos. Y detrás, en segundo plano, una desvaída, casi fantasmal, imagen de Franco.

Sea como fuere, la alocución de Arias Navarro puso punto y final a un controvertido periodo de la historia de España. Para unos, periodo negro y terrible. Para otros, mal menor necesario. Afortunadamente, quedaba la España de finales de los ‘70 bajo la tutela de las naciones democráticas, en especial de Estados Unidos, Francia y Alemania. Y la supervivencia de la coalición gobernante, que habría de emerger tras el desmantelamiento del régimen franquista, dependería de que España transitara de la dictadura a la democracia.

La democratización fallida

Lamentablemente, la estabilidad de los países aliados del llamado “mundo libre” era un bien tan preciado en los tiempos de la Guerra Fría que el proceso, es decir, la manera en que se llevaría adelante la transición de la dictadura a democracia, nunca fue debidamente tutelado. Y finalmente no se instauró una democracia formal con todos sus atributos. Tampoco se pudo, o no se quiso, diseñar una ordenación territorial en la que primaran los criterios de cohesión y eficiencia. La carta otorgada que redactó la coalición gobernante –el ratón que parió la montaña– resultó tan ambigua, tan convenientemente imperfecta, que el futuro de España quedó hipotecado.

El Régimen del 78 sancionó de tapadillo un Sistema de Acceso Restringido que impidió el desarrollo horizontal de la sociedad española

Desde entonces, hemos avanzado al albur de la economía internacional, primero la Occidental y después la globalizada, incapacitados para generar músculo más allá de las burbujas, porque el Régimen del 78 sancionó de tapadillo un Sistema de Acceso Restringido que impidió el desarrollo horizontal de la sociedad española. Así, mientras el entorno internacional era benigno, España mal que bien crecía y progresaba. Pero cuando el mundo estornudaba, enfermaba de pulmonía.

Hoy, como pequeñas perturbaciones atmosféricas, que giran en un mismo sentido para terminar confluyendo, todos y cada uno de aquellos fallos de diseño del modelo político han dado forma a una borrasca que, en un entorno internacional preocupante, donde a las incertidumbres económicas de los últimos ocho años se han ido sumando numerosas tensiones geopolíticas y conflictos bélicos y prebélicos, amenaza con convertirse en tormenta perfecta.

Un cadáver de cuerpo presente

Decía John Fitzgerald Kennedy que las grandes crisis producen grandes hombres. Tal afirmación parece no aplicarse en estos tiempos. En nuestro caso, lo cierto es que el Régimen del 78 murió súbitamente la madrugada del 9 al 10 de mayo de 2010, cuando, mediante una intempestiva llamada telefónica procedente de Berlín, fue declarado financieramente inviable: insostenible. Era sencillo de entender: los ingresos coyunturales de la burbuja inmobiliaria se habían evaporado, mientras que los estructurales seguían a todo trapo. Sin embargo, ningún personaje de la España oficial ha tenido el valor, la estatura política, para anunciarlo solemnemente y dar paso a un tiempo nuevo.

Muy al contrario, todas las decisiones de estos últimos años han venido a negar la evidencia, en la confianza de que la economía mundial tarde o temprano remontaría y España sería remolcada lejos del ojo de la tormenta. Esa ha sido, y sigue siendo, la apuesta de un establishment incompetente, abotargado y envejecido, que sostienen no sólo los amos del dinero y de los partidos políticos, sino infinidad de personas que abarcan todo el espectro ideológico y todos los niveles de renta, muchas de las cuales, hoy venidas a menos, ven en Podemos la máquina del tiempo con la que regresar al pasado.

Un relato infantil para un pueblo acaudillado

Y es que la crítica situación de España no es un problema exclusivo de este PP terminal, ni del revirado Mariano o la ambiciosa Soraya, por más que hoy estén, en apariencia, en el puente de mando. Lo nuestro es una infección generalizada, con multitud de agentes oportunistas, que van desde la izquierda a la derecha; desde quienes defienden “lo público” hasta quienes dicen preferir “lo privado”. Y ningún modelo económico, por milagroso que sea, va a ponerle remedio. Esto no es una cuestión de ortodoxia o heterodoxia económica. Ese debate nació muerto toda vez que la nación y sus instituciones se han demostrado podridas.

Desconfíen también de quienes adulan al pueblo, porque, como bien sabía Adriano, la adulación es la vaina que esconde el puñal. El problema no es sólo la malvada casta. Esa es la explicación infantil de nuestra historia, el cuento para que los niños crean en la existencia de las brujas y las hadas y, en consecuencia, de las soluciones milagrosas. El problema es la irresponsabilidad, el irrealismo colectivo; en definitiva, nuestro nulo compromiso individual con la libertad y la verdad.

Para bien o para mal, la nueva Transición ha comenzado. El único trámite pendiente es que alguien aparezca en televisión y lo anuncie

Nunca saldremos del túnel si seguimos pensando en clave platónica, distinguiendo a lo sumo entre buenos caudillos y caudillos pésimos, pero aceptando caudillos al fin y al cabo... “En una palabra: [sea hombre o mujer] deberá enseñarle a su alma, por medio del hábito largamente practicado, a no soñar nunca actuar con independencia, y a tornarse totalmente incapaz de ello”. Mucho mejor recordar a Pericles cuando dijo que si bien sólo unos pocos son capaces de dar origen a una política, todos nosotros somos capaces de juzgarla, aunque ello conlleve aceptar que aquí los únicos inocentes son quienes todavía no han nacido, y que si hoy nos encontramos entre las espada del populismo y la pared de la casta es porque nos lo hemos ganado a pulso. "Cada cual se fabrica su destino, no tiene aquí fortuna parte alguna".

Que el Régimen del 78 es ya cadáver es un hecho incontestable. Para bien o para mal, la nueva Transición ha comenzado. El único trámite pendiente perfectamente prescindible es que, como aquel 20 de noviembre de 1975, alguien aparezca en televisión y lo anuncie. Ojalá sus exequias no den paso a otra transición tramposa travestida de empoderamiento del pueblo. Porque la democracia no es un sistema de poder para cambiar el mundo, obligar a las personas a pensar de la misma manera y condenarlas a ser siempre mayoría. Es el control del poder por parte del individuo; es decir, justamente lo contrario. 


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