Foro de la Sociedad Civil

El voto secreto, redescubierto

Apurados como estamos para salir del impasse político en el que nos ha metido un sistema electoral inoperante que hay que cambiar, lo que obviamente es ahora –justo cuando más lo necesitamos- imposible, hemos redescubierto el “huevo de Colón” con una solución tan perspicaz, como lógica y muy fácil de llevar a cabo: el voto secreto en el Congreso de Diputados para elegir presidente de Gobierno.

La propuesta, además de ser perfectamente viable jurídicamente, es posible de llevar a cabo antes de que pudieran celebrarse unas terceras elecciones, ya que sólo implicaría modificar una norma, el Reglamento del Congreso de los Diputados, cosa bien simple, pues solo requiere acuerdo de esta propia Cámara. En todo caso, cuenta además con un prestigioso precedente: es el sistema utilizado en Alemania para el mismo fin.

El voto secreto, además de servir para que España tenga Gobierno, obliga a pronunciarse a todos los partidos sobre dicha posibilidad y por tanto a “retratarse”

El voto secreto, además de servir para que España tenga Gobierno, obliga a pronunciarse a todos los partidos sobre dicha posibilidad y por tanto a “retratarse” acerca de cómo entienden el funcionamiento de la democracia representativa. En la situación actual nuestro Parlamento es casi y virtualmente prescindible, ya que la disciplina de voto de los partidos conlleva actuar en bloque en la inmensa mayoría de situaciones. Lo lógico en estas circunstancias, y admítase la hipérbole, casi sería que la sede parlamentaria que no tiene otra función que la escenográfica para la TV, fuera sustituida por una sala de reuniones con tantos asientos como partidos políticos; y la hora de votar, cada partido haría valer sus escaños nominales. Eventualmente si hubiera discusiones políticas relevantes los partidos podrían estar representados por especialistas –diputados o no- en las materias objeto de discusión.

El voto secreto liberaría de la disciplina partidista a los diputados, que podrían decidir en conciencia a quien votar, lo que con una alta probabilidad conllevaría –en las actuales circunstancias- a la elección de presidente de Gobierno por mayoría simple.

El secreto del voto no es tan necesario en las democracias como la inglesa y la norteamericana, con circunscripciones individuales, ya que los diputados elegidos, aún siéndolo en nombre de un partido, tienen personalidad propia para votar, sobre todo en EE.UU. En estos sistemas electorales mayoritarios –los que mejor han funcionado a lo largo de la historia- no sólo está garantizada la formación de gobiernos (especialmente en los EE.UU., que no depende para ello del Congreso), sino que el parlamento cumple su función a través de la libertad individual de los diputados que es compatible con la disciplina de voto dentro del partido en la mayoría de los casos. 

El secreto del voto no sólo debiera aplicarse en el Parlamento, también tendría que ser imperativo en un supuesto poco conocido, pero de enorme importancia, que es cuando los trabajadores deben pronunciarse en las empresas sobre sus relaciones laborales. Si en la última crisis económica los trabajadores hubiesen tenido libertad de voto, en vez de verse presionados en asambleas organizadas al efecto por los sindicatos, seguramente se habrían perdido muchos menos puestos de trabajo. Ante el típico dilema de rebajar los salarios o despedir a una parte de los trabajadores para que una empresa pueda subsistir, el voto secreto habría conducido a lo primero, en vez de a lo segundo que es lo que realmente ha sucedido.

La verdadera democracia representativa se concilia mucho mejor a través del voto secreto con la libertad individual

Cabe recordar al efecto que los sindicatos norteamericanos con motivo de su aportación de fondos a la campaña de Obama para las primarias en su partido acordaron con el candidato que si resultaba presidente de EE.UU. instaría la suspensión del –histórico- derecho al voto secreto de los trabajadores en las empresas. Los medios de comunicación –con Business Week a la cabeza- se encargaron de airear suficientemente dicho acuerdo, hasta el punto de que Obama lo terminó incumpliendo; porque en la “democracia americana” –que tan bien glosara Tocqueville- el voto secreto sigue siendo sagrado.

Frente a la falsa democracia asamblearia de brazo alzado que propugnan los populistas y que curiosamente se reproduce -más formalmente- en nuestro Parlamento, la verdadera democracia representativa se concilia mucho mejor a través del voto secreto con la libertad individual, “uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos” al decir de nuestro Don Quijote.


Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba