OPINIÓN

La panacea catalana: el regreso de la sociedad civil

El mejor, más seguro y civilizado remedio al problema catalán es el regreso de la sociedad civil, previa marcha atrás de la política de los espacios que tan costosa como ilegítimamente ha venido usurpando.

La panacea catalana: el regreso de la sociedad civil.
La panacea catalana: el regreso de la sociedad civil. EFE

Uno de los más acreditados signos distintivos de nuestra cultura y civilización, la occidental, y una de las razones de sus logros y avances económicos y sociales a lo largo de la historia es la existencia de la llamada “sociedad civil” que al generar pluralismo ideológico e institucional previene el establecimiento de monopolios de poder y de verdad y contrabalancea las instituciones centrales de naturaleza política. Podríamos definir la sociedad civil como el conjunto de instituciones no gubernamentales suficientemente fuertes como para contrabalancear el Estado y sin menoscabar sus funciones de mantenimiento de la paz y arbitraje de los grandes intereses, prevenir su dominio de una sociedad atomizada.

“Los americanos de toda edad, condición y tendencia se asocian continuamente. No solo poseen asociaciones comerciales e industriales, de las que todos forman parte, sino que tienen también otras muchas de otro tipo:  religiosas, morales, grandes y fútiles, generales y específicas, muy amplias y restringidas. Los americanos se asocian para celebrar fiestas, fundar seminarios, construir albergues, erigir iglesias, difundir libros, enviar misioneros a las antípodas; crean hospitales, cárceles, escuelas. Por doquier, donde a la cabeza de una institución veréis en Francia al Gobierno, tened la seguridad de que en Estados Unidos veréis una asociación”. Así describe Alexis de Tocqueville en “Democracia en América” su descubrimiento de la sociedad civil norteamericana.

Los países en los que proliferan las más libres y diversas expresiones de la sociedad civil son menos dependientes del Estado y por tanto más prósperos

Desde entonces para acá sabemos a ciencia cierta que los países en los que proliferan las más libres y diversas expresiones de la sociedad civil son menos dependientes del Estado y por tanto más prósperos, mientras que en el extremo contrario de los regímenes totalitarios donde la sociedad civil apenas existe por la ausencia de libertad, la dependencia del Estado y la pobreza están a la orden del día.

Cataluña, que, gracias a sus propios méritos y las políticas arancelarias e industriales de los gobiernos de turno de la nación, se desarrolló económica y socialmente antes y mejor que las demás regiones de España desplegó una gran variedad de iniciativas propias de su sociedad civil hasta consolidarse como líder modernizador y como la mejor referencia española en dicho ámbito. Desde Fomento del Trabajo a los medios de comunicación, pasando por el Círculo Ecuestre, el Liceo, las plazas de toros, el Barça, etc…..y hasta La Sagrada Familia son expresiones de la vitalidad de la sociedad civil catalana que con el paso del tiempo han ido perdiendo vigencia en competencia con un Estado Autonómico cada vez más invasor de las instituciones civiles.

El desmesurado crecimiento del Estado, en este caso autonómico, compite y termina debilitando y a veces sustituyendo a muchas instituciones de la sociedad civil

El desmesurado crecimiento del Estado, en este caso autonómico, compite y termina debilitando y a veces sustituyendo a muchas instituciones de la sociedad civil; llega incluso a corromperlas con subvenciones asociadas al puntual ejercicio de la militancia en los postulados políticos de quien las asigna. La Cataluña de nuestros días tiene una sociedad civil mucho más empobrecida que antes del dominio mesiánico y totalitario de sus dirigentes nacionalistas.

Sin embargo, el pasado domingo la verdadera sociedad civil catalana en un gesto que la honra salió a la calle libre y voluntariamente para decir basta a las demostraciones sociales mayormente subvencionadas y por tanto manejadas por un poder político totalitario.

El mejor futuro posible para Cataluña pasa necesariamente por la desocupación de los espacios propios de la sociedad civil por la política

El mejor futuro posible para Cataluña pasa necesariamente por la desocupación de los espacios propios de la sociedad civil por la política –de cualquier partido político- lo que debe implicar la supresión de todo tipo de subvenciones, incluso a las empresas –también en el resto de España– para evitar agravios comparativos. Otra cosa es que, de una vez por todas, se ponga en marcha en España un sistema de mecenazgo que anime a los ciudadanos a sufragar libremente sus manifestaciones y organizaciones preferidas de la sociedad civil.

Una Cataluña sin medios de comunicación ni organizaciones nacionalistas –también las demás-  subvencionadas no se parecería en nada a la que participó en la ridícula “performance” del pseudo-referéndum.

Por todo lo dicho el mejor, más seguro y civilizado remedio al problema catalán es el regreso de la sociedad civil, previa marcha atrás de la política de los espacios que tan costosa como ilegítimamente ha venido usurpando y ocupando. Si a través de la aplicación del archifamoso artículo 155 de nuestra constitución se llevara a cabo dicha tarea, el natural despertar de la sociedad civil catalana terminaría poniendo las cosas en su sitio, frente a los delirios nacionalistas cuyo protagonismo han venido secuestrando.


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