Foro de la Sociedad Civil

El necesario adelgazamiento del Estado

La evolución del Estado ha pasado hasta ahora por tres fases según sostienen John Micklethwait y Adrian Wooldridge en su reciente libro “La cuarta revolución”.

Para los autores la primera revolución aconteció cuando los príncipes de Europa construyeron estados centralizados. Hobbes decidió llamar al Estado, al que consideraba como la única respuesta a la maldad, la brutalidad y la brevedad de la vida humana, con el nombre de un monstruo bíblico: Leviatán. Estos estados-nación se convirtieron  en democracias liberales que consiguieron que Occidente dejara atrás las otras regiones del planeta.

El modelo de Estado que propusieron filósofos políticos como John Stuart Mill debía reducir su presencia y garantizar simplemente la seguridad de sus ciudadanos

La segunda revolución, asociada a las revoluciones americana y francesa, dio lugar al Estado moderno cuyo nacimiento se glosó al tratar del actual desorden territorial español. El modelo de Estado que propusieron filósofos políticos como John Stuart Mill debía reducir su presencia y garantizar simplemente la seguridad de sus ciudadanos y otras funciones básica, haciendo hincapié en la eficiencia y la libertad.  

En la segunda mitad del siglo XIX, el liberalismo comenzó a cuestionarse sus principios sobre la pequeñez del Estado. ¿De qué sirve la libertad de un trabajador que no tiene acceso a la educación ni derecho al cuidado de su salud? La mejora de la calidad de vida de los ciudadanos entró a formar parte del contrato con Leviatán, dando lugar a la tercera gran revolución: la invención del moderno Estado de bienestar.

Pero el Estado de bienestar, al cabo de los años ha entrado en crisis tanto en Occidente como en el mundo emergente. Los países emergentes necesitan reformas para seguir avanzando y Occidente tiene que cambiar porque se encamina a la quiebra. La deuda y la demografía obligan a los Estados occidentales a cambiar; unos más que otros en función de sus deudas y pirámide poblacional.

Siendo imposible pagar las deudas pendientes y sostener el actual Estado de bienestar, no hay más remedio que empequeñecerlo y hacerlo mas eficiente. Aunque haya autores muy solventes como William Baumol que sostiene que es imposible reducir el tamaño del Estado ya que se concentra en las zonas de trabajo intensivo, como la atención sanitaria y la educación, donde es difícil aumentar la productividad, las tecnologías de la información y la comunicación –TIC- pueden y deben cambiar el curso de la historia.

La cuarta revolución, la del adelgazamiento fiscal del Estado y la mejora de su eficiencia, no es un quimera porque ya ha sucedido en Suecia: de ser el cuarto país mas rico del mundo en los años 70 del pasado siglo cayó al 14º lugar en 1990 y hoy, gracias a sus reformas –ampliamente glosadas en esta sección en un artículo previo, “Indagación moral y racional del Estado de Bienestar” – ha podido regresar al 5º lugar.

Una de las razones que dificultan el adelgazamiento del Estado tiene que ver con la recaudación centralizada de impuestos y el gasto municipal y regional de los mismos

Una de las razones que dificultan el adelgazamiento del Estado tiene que ver con la recaudación centralizada de impuestos y el gasto municipal y regional de los mismos; así, los que gastan no se “desgastan” cobrando impuestos, sino reclamando a “Madrid” dinero para atender su clientela política. Además, hay que tomar muy en serio “La lógica de la acción colectiva” titulo de un libro de Mancur Olson –que escrito en 1965 está ahora de moda–  en el que descubrió el enorme poder de grupos pequeños de interés muy bien organizados en forma de lobbies para apropiarse de recursos del Estado a costa del resto de los ciudadanos. La lógica de esta acción colectiva consiste en que los pocos se benefician muchísimo a costa de los muchos que costean un poco cada uno a aquellos. Los primeros tienen grandes incentivos en conseguir sus objetivos, mientras que los demás perjudicados tienen muchas dificultades y limitados incentivos económicos individuales para oponerse y  evitar las acciones “extractivas”.

Los países escandinavos están demostrando que es posible contener el Estado  al tiempo que se mejora su rendimiento invirtiendo el antiguo modelo: en lugar de extender el Estado sobre el mercado, están ampliando el mercado dentro del Estado. Estos países fueron los primeros que al exagerar sus “estados de bienestar” antes se quedaron sin dinero y por tanto los primeros que escaparon del la “enfermedad de Baumol” domesticando su Leviatán reconsiderando el papel del Estado y utilizando las nuevas tecnologías para mejorar su eficiencia.

La salud democrática de Occidente, según los autores de “La cuarta revolución”, presenta tres frentes críticos: 

  • El crecimiento del Estado reduce gradualmente la libertad
  • Los grupos de presión se ven favorecidos por un Estado en expansión
  • El Estado hace promesas que no puede cumplir

El adelgazamiento del Estado y la redistribución de funciones,  “la cuarta revolución” española, es imperativa

En España, al peso de la deuda y el envejecimiento de la población, se le añade un desorden territorial que es preciso reconducir: el adelgazamiento del Estado y la redistribución de funciones,  “la cuarta revolución” española, es incuestionablemente imperativa. Si nuestro país ha sido capaz de desenvolverse con éxito en el actual Estado Democrático de Derecho que constituye la tercera revolución que se acaba de glosar, no hay razón que pueda impedir la salvación de nuestros mejores logros sociales si somos capaces de evolucionar hacia el siguiente estadio histórico del Estado.

Para comenzar sería muy útil conocer a fondo y reproducir aquí las mejores prácticas que los países nórdicos y algunos asiáticos como Singapur y Corea del Sur están poniendo en práctica con buenos resultados.


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