OPINIÓN

Sobre el empleo y su calidad

La economía española está disfrutando de un nuevo periodo de esplendor que se vería reforzado si hubiera menos trabas al desarrollo de la función empresarial.

Sobre el empleo y su calidad.
Sobre el empleo y su calidad. Saulo Mohana

Nadie puede estar en desacuerdo con la posibilidad de disfrutar de mucho empleo de calidad. La cuestión es cómo conseguirlo. Al respecto existen tres posibles modelos:

  1. El comunista que tiene a todo el mundo supuestamente empleado –mayormente en no hacer nada socialmente útil- y realmente mal remunerado, sin esperanza de redención buscándose la vida de manera distinta a como ordena el Gobierno. Curiosamente quienes son más críticos y exigentes en España respecto al mercado de trabajo suelen votar opciones políticas que defienden la Cuba y la Venezuela de hoy y la Unión Soviética de ayer.
  2. Las economías de mercado muy reguladas, como España, en las que domina un amplio consenso político y social en contra de la ciencia económica.
  3. Las economías de mercado menos reguladas, como Dinamarca, que aplican la ciencia económica al servicio del pleno empleo.

En una economía de mercado no hay manera de obligar a ningún empresario a que contrate a nadie contra su voluntad; en los años treinta del pasado siglo durante la Segunda República se intentó en el campo junto con la prohibición de utilizar maquinaria con resultados necesariamente desastrosos en materia de empleo.

En cualquier cultura empresarial el aumento del empleo se identifica con el éxito, mientras que el despido se considera un fracaso

Es bastante razonable pensar que todos los empresarios –sin excepción en el tiempo ni el espacio– aspiran a tener los máximos empleados posibles; es decir compatibles con la buena marcha de la empresa para seguir activa. En cualquier cultura empresarial el aumento del empleo se identifica con el éxito, mientras que el despido se considera un fracaso.

Cuando las circunstancias del mercado o incluso errores en la gestión empresarial –que siempre se conocen a posteriori– ponen en cuestión la rentabilidad o viabilidad de las empresas, estas muy raramente comienzan con los despidos de sus empleados para resolver su crisis. Antes tratan de mejorar sus ventas, optimizar todos sus costes, buscar nuevos mercados y productos y en general todo cuanto puede favorecer el mantenimiento del empleo. Solo cuando falla todo, se plantea el empresario la posibilidad de despedir a sus trabajadores; lo que considerará un fracaso profesional y personal. Tiene gracia, que ocupado como estará en organizar su actividad para el futuro se encuentre por el camino con trabas de todo tipo para seguir adelante en su negocio, que es lo que interesa no solo a él, sino a toda la comunidad.

El voto en las empresas raramente es secreto en presencia de los sindicatos; algo que habría que cambiar cuanto antes

Si el nivel actividad y por tanto de empleo de una empresa decae coyunturalmente, al empresario y sus trabajadores siempre les interesará más reducir los salarios que despedir a una parte de la plantilla. Cuando tal disyuntiva se produce, en presencia del voto secreto siempre será elegida la primera opción sobre la segunda. Cabe recordar que el voto en las empresas raramente es secreto en presencia de los sindicatos; algo que habría que cambiar cuanto antes.

Todos los empresarios que han fracasado y han tenido que despedir a trabajadores mediante procesos costosos, largos e incomprensibles terminan “quemados” por la experiencia y suelen ser muy remisos a contratar de nuevo; y si lo vuelven a hacer actuarán con toda la prudencia del mundo.

Es una evidencia tan lógica como empírica que se crearán mas puestos de trabajo en mercados como el danés en el que todo son facilidades para contratar y despedir, que en España cuyas rigideces –incluida la última e indiscriminada subida del salario mínimo– y costes fiscales a priori conllevan a liderar necesariamente las cifras de desempleo.

En cuanto a la calidad del empleo, es decir su nivel salarial y estabilidad, de nuevo la realidad económica impone su lógica frente a los voluntarismos políticos. No es viable en una economía de mercado pagar salarios por encima de la productividad; es decir, del valor de mercado de la producción por trabajador. Dicho valor tiene naturaleza subjetiva –como genialmente descubriera el pensamiento escolástico en Salamanca–y lo definen los propios trabajadores cuando libremente deciden comprar productos y servicios en el mercado.

Sólo cuando la productividad aumenta es posible aumentar los salarios. El consenso doctrinal sobre la importancia de la productividad incluye el supuesto de que la innovación –no sólo tecnológica- es el alma de su crecimiento y que por tanto todo aquello que la facilite mejora la prosperidad social.

¿Cómo se consigue que prospere la innovación?: facilitando que la creatividad empresarialmente se desarrolle plenamente

Y ¿cómo se consigue que prospere la innovación?: facilitando que la creatividad empresarialmente se desarrolle plenamente, lo que exige ausencia de obstáculos a la función empresarial y un marco institucional favorable a lo nuevo. 

Un factor esencial –que en España cobra una enorme importancia- para la proliferación de la innovación y del consecuente crecimiento de la productividad y de la renta per cápita son las barreras de entrada en los mercados. Los países mas libres de obstáculos a la entrada de nuevas ideas y empresas en los mercados disfrutan de mas prosperidad –mas empleo y mayores salarios- que los menos libres. Tres ejemplos lo ilustran en España: los convenios colectivos sectoriales, la división territorial del mercado y la política industrial.

Los convenios colectivos sectoriales establecen iguales condiciones de trabajo a todos los empleados de un sector. Como la tradición y la legislación –en contra del sentido común y el interés general- establecen que tanto los salarios y condiciones de trabajo solo pueden mejorar –incluso si el valor subjetivo del mercado decae- las empresas que quieren entrar en un sector tienen que asumir los costes laborales de las empresas existentes –ahora llamadas incumbentes-; toda una barrera de entrada a la innovación.

¿Por qué los horarios, las tareas laborales y los salarios de una nueva empresa tienen que asumir las condiciones de las viejas, si hacerlo les condena a no existir? ¿Por qué en EE.UU. los ranking de las empresas mas importantes se renuevan mucho más que en Europa o en España?: porque no existen barreras a lo nuevo y su mercado interior carece de fronteras, no está fragmentado y empequeñecido como en la UE y en España. 

Es de sentido común y además está doctrinalmente más que demostrado que en una economía abierta y globalizada la única política económica que tiene sentido es la que facilita la emergencia de las nuevas tecnologías, innovaciones y empresas. En España prevalecen sin embargo políticas muy costosas que favorecen los más viejos y periclitados sectores de la economía, mientras que todo lo nuevo encuentra dificultades por doquier para abrirse paso.

Los países mas ricos, porque gozan de mayor productividad, son los más libres y los más pobres los mas intervenidos

Los países mas ricos, porque gozan de mayor productividad, son los más libres y los más pobres los mas intervenidos. Dada esta muy probada y consistente correlación entre libertad y creación de riqueza, llama la atención que una especie de pensamiento mágico ajeno a la realidad siga dominando a una gran parte de la sociedad, que devota del Estado, no acaba de querer entender que la riqueza la crea la función empresarial y que esta sólo es factible en ausencia de restricciones a la libertad.

En cuanto a la estabilidad de los puestos de trabajo, se trata de una vana pretensión en presencia de cambios tecnológicos cada vez más frecuentes que resultan potenciados con la globalización económica que cambian a su vez el qué y el como producir y por tanto las necesarias destrezas profesionales de los trabajadores. En este nuevo escenario lo mas importante es estar formado en aquellas habilidades profesionales más demandas y remuneradas, por lo que cobra una importancia crucial la formación permanente de los trabajadores; algo muy descuidado en España. Lamentablemente, contando con medios económicos para ello, la formación permanente no funciona como debiera en nuestro país: las empresas, los sindicatos y los trabajadores están muy alejados de cumplir sus deberes.

La economía española está disfrutando de un nuevo periodo de esplendor que se vería reforzado y sobre todo mejor trasladado al mercado de trabajo, si hubiera menos trabas al desarrollo de la función empresarial y políticas económicas favorables a lo nuevo en vez de a lo viejo.


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