OPINIÓN

Orden económico frente a desorden político

Sobra Estado –medido en despilfarro público y proliferación normativa- y falta sociedad civil en Cataluña.

Orden económico frente a desorden político.
Orden económico frente a desorden político. EFE

Estamos saliendo, tras casi una década perdida,  de la mas grave crisis que se recuerda en la España contemporánea y que estuvo a punto de llevarnos a la bancarrota como consecuencia de los excesos de la política: una alocada expansión del gasto público y la quiebra de las cajas de ahorros gestionadas por políticos que generaron un déficit fiscal superior al 11% del PIB y una consecuente y creciente deuda pública –mayormente exterior- que ha llegado a superar nuestro PIB y lastrará el porvenir de las  nuevas generaciones.

Gracias a la necesaria disciplina exigida por la pertenencia a la UE y al Euro, España ha ido reduciendo su déficit y recuperado el crecimiento económico, ahora cuestionado por el desorden político catalán

Gracias a la necesaria disciplina exigida por la pertenencia a la UE y al Euro, España ha ido reduciendo su déficit y recuperado el crecimiento económico, ahora cuestionado por el desorden político catalán. Manuel Lagares describía, el pasado miércoles en El Mundo, con datos incontestables su indignación por las consecuencias económicas de tal desorden.

Hay quien sostiene, con fundadas razones, que la reciente y fallida declaración secesionista del depuesto gobierno catalán fue un intento deliberado de aprovecharse  de una situación de debilidad de la economía española de la que creían podrían obtener ventaja. Por otra parte es una vieja y muy consabida táctica revolucionaria provocar desórdenes sobre los que construir –es un decir- el “nuevo Estado”. A los secesionistas catalanes, como no podía ser de otra manera, les ha salido mal –pase lo que pase el 21 de diciembre- su plan independentista, pero los catalanes en particular y los españoles en general vamos a pagar una enorme y sobre todo estúpida factura económica, al decir de Carlo M. Cipolla*.

Resulta asombroso que ningún partido político –entre los supuestamente constitucionalistas- esté reclamando el orden económico en Cataluña

Llegados a este punto resulta asombroso que ningún partido político –entre los supuestamente constitucionalistas- esté reclamando el orden económico en Cataluña, entendido este como ausencia de cualquier despilfarro público y en particular de las transferencias y gastos en todo tipo de actividades secesionistas.

¿Cómo es posible que una comunidad autónoma sobreendeudada, incapaz de obtener financiación en los mercados, pueda seguir despilfarrando nuestros impuestos –de todos los españoles- para fabricar un verdadero golpe de Estado a la nación española? Ante tamaño desmán deberíamos reclamar los españoles aquello que los habitantes de la Norteamérica de mediados del siglo XVIII plantearon a Inglaterra:No taxation without representation(No debe haber tributación sin representación, es decir, sin votar para qué).

¿Por qué hemos de seguir pagando todos los españoles una televisión pública regional que despilfarra un coste superior al de todas las televisiones nacionales privadas, un verdadero ejército de independentistas a sueldo de organizaciones financiadas con recursos públicos, subvenciones a partidos políticos declaradamente antisistema,  enormes gastos en propaganda antiespañola –¿o es que es gratis el filo-secesionismo de ciertos medios de comunicación internacionales?-, la estancia en Bruselas de ex -gobernantes y alcaldes, etc..? ¿Hasta cuando van a seguir estando al margen del control de la hacienda pública –que debería velar por el buen fin del uso de nuestros impuestos- la miríada de empresas públicas catalanas y sobre todo su relación económica y financiera con el proyecto secesionista?

Sería de suponer que la aplicación del famoso artículo 155 debería servir al menos para ordenar la economía pública catalana rescatándola de sus innumerables despilfarros

Sería de suponer que la aplicación del famoso artículo 155 debería servir al menos para ordenar la economía pública catalana rescatándola de sus innumerables despilfarros entre los que se han llegado a denunciar trasferencias de presupuestos para servicios sociales a fines propagandistas de los secesionistas. Sin embargo, no tenemos noticia de que nada haya sucedido al respecto y lo que es peor, que ni siquiera se anuncie acción alguna al respecto.

Después de todo lo dicho, resulta evidente la tesis que se viene defendiendo desde esta columna: el despilfarro del gasto público, que tanto males causa a la sociedad, tiene una estrecha relación causal con el desorden político catalán; por tanto, un mayor orden económico es el mejor antídoto contra el desorden político.

Porque, ¿cuántos secesionistas habría en Cataluña sin su financiación pública y la programación política de los contenidos educativos? Después de haber dado lugar en el pasado al reaccionario carlismo y al destructivo anarcosindicalismo, la Cataluña de nuestros días ha resucitado aquellos viejos fantasmas en forma de una tercera innovación institucional: la revolución desde arriba, es decir, desde la Generalitat, financiada –algo asombrosamente inaudito– con dinero de todos los españoles.

Sobra Estado –medido en despilfarro público y proliferación normativa- y falta sociedad civil en Cataluña; que habiendo sido protagonista del mejor pasado catalán ha sido arrinconada por sucesivos gobiernos totalitarios.

*Las leyes fundamentales de la estupidez humana. “Una persona estúpida es la que causa un daño a otra persona o grupo de personas sin obtener, al mismo tiempo, un provecho para sí, o incluso obteniendo un perjuicio”.


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