Europa, parque temático

La unión política: ¿para cuándo?

Más Europa y no menos Europa

A pesar de todas las vicisitudes que padecemos en nuestro querido y vapuleado viejo continente sigo  siendo un europeísta convencido, lo cual no quiere decir que no sea irremediablemente crítico con algunas de las medidas que se están tomando por las instituciones que lo gobiernan. Parece obvio, al menos para mí, que lo que hoy necesitamos es “más Europa y no menos Europa”. Aun asumiendo el riesgo de que muchos de los lectores puedan tildarme de convulso exagerado, la aparición e implantación  del  Euro ha podido representar uno de los mayores avances en la construcción de la nueva Europa, la Europa del futuro. La de las generaciones venideras que habrán nacido en ella, ya consolidada y no en experimentación. Después de los brutales ajustes de cuentas acometidos no podemos volvernos atrás. Se ha exprimido el limón hasta el final, hasta sus últimas gotas. Han caído países pequeños, Grecia, Portugal, Irlanda. Se ha llegado a decir que no eran una amenaza para la estabilidad del proyecto europeo. Que eran economías que representaban una porción irrelevante de la tarta del Euro. Y aún así, esa no preocupante inestabilidad ha producido un verdadero tsunami. Si fuéramos nosotros los que cayéramos, con seguridad arrastraríamos, o, cuando menos, pondríamos en riesgo la estabilidad de países como Italia.  O, al contrario, y, en ese caso, sería muy difícil que Francia no sufriera también. Así las cosas, no nos queda otra que convencer a la señora Merkel de que en la situación actual -posibilidad de Grexit incluida- ni ella, ni su país, tienen  nada que ganar y sí mucho que perder. ¿Olvida que sus bancos sí fueron ayudados a  mutualizar su deuda?

Es irrenunciable no exigir cierta lealtad a los negociadores griegos en la mesa de la negociación, y, de igual forma, hemos de ser conscientes de los riesgos de una salida traumática de Grecia de la Eurozona

Es irrenunciable no exigir cierta lealtad a los negociadores griegos en la mesa de la negociación, y, de igual forma, hemos de ser conscientes de los riesgos -aun cuando sólo sea por la incertidumbre que la ruptura de la moneda única podría generar-  de una salida traumática de Grecia de la Eurozona. Salvo que en las mentes, no siempre preclaras de algunos dirigentes, ésta pueda ser una muy buena oportunidad para dinamitar el proyecto europeo. Recordemos que Camerón va a preguntar a los británicos si desean seguir participando en él o recuperar su plena identidad. ¿Está en riesgo cierto el futuro del Euro? Dudar, siquiera, puede precipitar su inestabilidad frente a otras divisas de referencia y ello a poner en riesgo la economía de todos, en su conjunto, y la particular de cada uno de sus Estados miembros. Perderemos todos. Nos empobreceremos irremediablemente y retrocederemos medio siglo hacia atrás.

Loa años 60 del siglo pasado

Y es que en los años 60 del siglo pasado se gestaron toda una serie de cambios de significativa  importancia para el mundo. En sus justos términos, se produjo una suerte de nuevo Renacimiento. Los líderes políticos de entonces, quizá por la propia realidad socio política del momento, ofrecieron una representación de sí mismos mucho más sólida y de mayor capacidad de liderazgo y empatía que la de quienes hoy gobiernan las principales potencias del mundo: KENNEDY, KRUSCHEV, DE GAULLE, etc. La sociedad seguía con entusiasmo la música de ELVIS o los BEATLES, y, afortunadamente también la de culto que proporcionaban los grandes maestros de la época como BERNSTEIN o VON KARAJAN. En el mundo de la pintura se admiraba a PICASSO y DALÍ. En otras disciplinas, como la filosofía se valoraba la valentía intelectual de  SARTRE o HEIDEGGER. Incluso se recibía con cierta algarabía, el movimiento hippy. Triunfaba el cine de HITCHCOK, FORD o BUÑUEL.  Las obras de GARCÍA MÁRQUEZ o  BORGES. La contestación estudiantil, la independencia de las colonias africanas y asiáticas, Vietnam. El futbol de PELÉ y LUÍS SUÁREZ. En Europa se  daban los primeros pasos de lo que hoy llamamos la globalización; nacieron exitosos fenómenos de liberalización e impulso económico por ampliación de mercado, que no otra cosa fueron la OCDE, la CECA, el Tratado de Roma con la creación del Mercado Común Europeo de seis países y la EFTA, y, además, se vivió un proceso de consolidación y crecimiento de políticas sociales. Y es que la UE ha sido para los Estados miembros un medio para obtener mayores ventajas, coordinando sus acciones con otros países, pero cediendo solo una parte, no determinante, de cierta  soberanía.

La formación de un Estado Europeo no es un interés inmediato de la Unión. Lo cual pone en peligro la supervivencia del propio  proyecto europeo en sí mismo

La hora de la verdad

Así llegamos a la hora de la verdad, al título del artículo: ¿para cuándo la Unión Política? Pues parece que largo me lo fiáis. La formación de un Estado Europeo no es un interés inmediato de la Unión. Lo cual, en mi opinión, pone en peligro la supervivencia del propio  proyecto europeo en sí mismo. Han transcurrido ya muchas  de décadas desde el Tratado de Roma y algunas desde el Tratado de Maastricht,  y el Estado Europeo no avanza al ritmo que debiera. Es inverosímil  sin una unión fiscal, reclamando ésta, a su vez, una unión bancaria y una verdadera unión económica pero por encima de todo lo importante es una  unión política con un Gobierno Federal y un Parlamento europeos. Y, en definitiva, una mayor participación directa e identitaria  de sus ciudadanos. Está claro que una  participación real de los ciudadanos significaría mayor legitimidad para la institución europea, y este déficit de participación tiene su origen en la ausencia de programas formativos en las escuelas y en las familias en la que se haga ver  la importancia de un proceso de construcción nacional europeo que cree una cultura europea común. Por desgracia si tuviéramos que calificar el progreso hacia la Unión Política, cierta y real, en una escala del uno a diez, a mi juicio, y a pesar de todo lo que se ha llevado a cabo hasta la fecha, estaríamos todavía en un cuatro. Y es que sólo el 60% de los europeos se sienten ciudadanos de la UE, por lo que estamos muy lejos en el tiempo de alcanzarla. Se confirma la  ausencia de mentalidad y graves carencias en materia de solidaridad entre todos los países que la forman. Crucemos los dedos y apostemos porque esa falta de solidaridad no conduzca a una salida traumática  de Grecia del Euro, abandonando la UE. Para llegar a esa situación es justo reconocer que se han cometido errores por las dos partes, de Grecia y sus gobiernos y de la Eurozona y sus instituciones. Veamos algunos de ellos:

1. El primer error fue dejar entrar a Grecia en el Euro sin que su economía estuviera ajustada ni preparada para ello.

2. El segundo la propia relajación del país heleno confiado en su pertenencia a un área monetaria y descuidando su sector exterior.

3. El tercero haber aceptado el rescate con toda su condicionalidad. Un rescate sin crecimiento está condenado al fracaso. Tampoco en Bruselas han prestado atención a este problema.

En definitiva, si Grecia sale del Euro tendrá serios problemas a corto plazo. Pero, a medio y largo plazo, será la Eurozona la que pueda tenerlos, si no corrige su marco institucional y no reconoce los errores cometidos desde 2010. Por ello esperemos que impere el sentido común y la solidaridad y podamos  terminar la construcción de Europa y alcanzar la Unión Política lo que habrá de constituirse en verdadero legado para las generaciones venideras que nazcan teniendo en sus neuronas el concepto de una Europa unida, formando un gran Estado, con pleno empleo, justicia social y sobre todo solidaridad. Y de esa forma, evitar que se haga realidad la frase de que "en el mundo del futuro los americanos inventarán, los asiáticos fabricarán y unos y otros vendrán de vacaciones a Europa".


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