Europa, parque temático

¿Para cuándo la profunda reforma del Estado?: “Vuelva Vd. mañana”

“Vuelva Vd. mañana” es el título de un largo y conocido artículo de Mariano J. de Larra, publicado en 1833. En él, el escritor relata la historia de un amigo extranjero que llega a España con la intención de invertir aquí, en negocios, parte de su dinero. El protagonista tiene previsto realizar las gestiones necesarias en quince días y regresar a su país inmediatamente después. Larra le advierte de que, en quince días, no podrá hacer nada de lo que quiere y, efectivamente, el artículo acaba diciendo que “después de medio año largo, si es que puede haber medio año más largo que otro, se restituyó mi recomendado a su patria, maldiciendo esta tierra…y diciendo sobre todo que en seis meses no había podido hacer otra cosa sino volver siempre mañana”. Lo que más desespera a Larra es que en aquél tiempo, y me pregunto si todavía hoy, se justificaban los retrasos alegando urgentes ocupaciones e importantes prioridades, cuando la realidad era que las verdaderas causas se debían a la indolencia, la falta de interés y la incompetencia. Todo ello para Larra se resumía en uno de los pecados capitales que durante siglos más han podido caricaturizarnos: la pereza, como actitud colectiva profundamente interiorizada en nuestros comportamientos más elementales.

La estructura del Estado

Larra, en su artículo, no hacía una expresa, y única referencia, a la función pública y sí denunciaba una actitud, que su protagonista no acertaba a comprender que estuviera tan extendida por toda aquella instancia a la que acudía. Casi doscientos años después, cuando estamos atravesando una profunda crisis que está afectando muy crudamente al pueblo llano y soberano, a las clases más desfavorecidas, que sufren en primera persona y sin alternativas unos ajustes y recortes muy difícilmente digeribles, tanto en el ámbito personal como en el social, en este momento en el que lo que hacen falta son soluciones es cuando volvemos a recuperar el tópico del “vuelva Vd. mañana”. Y no me estoy refiriendo a los innumerables trámites administrativos a que estamos sometidos, que también, sino a la pereza, laxitud, desidia y falta de cumplimiento por parte de nuestros políticos de las promesas realizadas cada día. El “vuelva Vd. mañana” se está reproduciendo en demasiados casos, de los que por su actualidad voy a referirme a uno de los que más acuciante respuesta exige, como es la reducción de la estructura del Estado.

En este momento en el que lo que hacen falta son soluciones es cuando recuperamos el “vuelva Vd. mañana”

En esta cuestión, nadie quiere “ponerle el cascabel al gato”. Los dos partidos políticos nacionales han tenido sendas oportunidades para tenderse la mano el uno al otro y viceversa, pero la falta de grandeza de miras de ambos nos deja, de nuevo, a las puertas del “vuelva Vd. mañana”. Tanto el Partido Popular, hoy gobernante, como el Partido Socialista, 22 años al frente del gobierno, coinciden en la necesidad, y la conveniencia, de acabar con los solapamientos institucionales y las “sangrantes”, en lo económico, duplicidades, pero la ceguera de sus urgencias partidistas nos recuerdan la desazón de Larra en sus denuncias de desidia y laxitud.

Solo hace sacrificios la sociedad civil

Se nos dice que es necesario apretarnos el cinturón y rebajar ostensiblemente nuestro estado del bienestar y se deja siempre para mañana algo que resolvería el problema de manera significativa como es, por un lado, la disminución de muchas empresas públicas -estatales y fundamentalmente locales y autonómicas- que lo único que hacen es destruir valor y, por otro, la reducción de competencias de las autonomías -aunque crecen las voces que apoyan su desaparición total, definiendo y propiciando otro modelo de Estado -sobre todo en materia de sanidad, educación, y hacienda. Hoy cada día son más las Comunidades Autónomas que en voz baja maldicen la ambición de haber reclamado para sí esas competencias, especialmente la sanidad y, excepto en aquellas en las que la educación tiene una finalidad última inconfesable, también ésta. Todo ello supondría un ahorro de más de cincuenta mil millones de euros. Eso sin tener en cuenta el Senado, las Diputaciones y el excesivo, e injustificado, número de Ayuntamientos.

La sociedad civil está haciendo numerosos sacrificios, sin duda en muchos casos necesarios, pero no sucede de la misma manera en la estructura del Estado, de las autonomías, administraciones y empresas públicas. En un caso los sacrificios son reales y los padecen y sufren las personas, en el otro, en el caso de las administraciones públicas, son, como diría Larra, simplemente, para mañana. Muchas veces, quizá demasiadas, para nuestra clase política es más fácil negar la evidencia que hacerse responsable de ella.

Larra, se resistió, hasta su prematura muerte, tanto en su faceta periodística, a través de sus escritos, como en su pensamiento y posición política, a aceptar la indolencia, la desidia, la necedad, la holgazanería de una sociedad que vivía, y parece vive, para lamentar sus defectos y debilidades. Permítanme insistir, luchemos todos contra la corrupción. Como dijo John Wayne: "La perversión y la corrupción se disfrazan casi siempre de ambigüedad; por eso la ambigüedad no me gusta, ni confío en ella"


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