OPINIÓN

Las tres preguntas que deberían hacer al ministro de Energía sobre las renovables

Los europeos nos hemos puesto de acuerdo en que hay reducir las emisiones de efectos de gas invernadero a la de los años 90. Olvídense de un 100% energía renovable. No solo no es conveniente. Además es imposible a un coste razonable.

Las tres preguntas que deberían hacer al ministro de Energía sobre las renovables.
Las tres preguntas que deberían hacer al ministro de Energía sobre las renovables. Pixabay

Ya hay un amplio consenso en la Unión Europea sobre los programas de energías renovables, lo elevado de su coste y su más que manifiestamente mejorable diseño y estrategia. Los estudios más rigurosos así lo aseveran. La factura eléctrica española es alta precisamente porque tenemos  muchas renovables caras, no porque haya un complot empresarial para arruinar a las familias. Esa es una visión técnicamente ridícula, aunque políticamente muy rentable. Hoy somos el segundo país del mundo, por detrás de Dinamarca, en energía eólica instalada per cápita y el séptimo en energía solar. España es el país de Unión Europea, de población superior a 10 millones de habitantes, que más electricidad genera con las energías renovables, por encima de Francia, Alemania, Reino Unido e Italia. Y estas energías, que son más baratas ahora, las seguimos pagando a lo que costaron en su momento. No a su coste actual.  Para ilustrar la cuestión, baste decir que el precio del panel solar fotovoltaico ha caído un 80% en los últimos 10 años.

Es cierto que en las empresas eléctricas hay problemas de falta de competencia. Pero eso no es nuevo. Teníamos el mismo problema hace 20 anos. Pero entonces la factura eléctrica era manejable. Algo hemos hecho mal, o algo no sabemos hacer bien.

Es cierto que en las empresas eléctricas hay problemas de falta de competencia. Pero eso no es nuevo. Teníamos el mismo problema hace 20 anos. Pero entonces la factura eléctrica era manejable

Antes de embarcase en un programa masivo de renovables cualquier gobierno debería haber respondido sinceramente a tres preguntas claves: 1) ¿para qué queremos las energías renovables?, 2) ¿cuánto estamos dispuestos a pagar por ellas? y 3) ¿cuál es el objetivo final? Si usted realizara estas preguntas al actual ministro de Energía español, o a cualquiera de los anteriores o a los consejeros responsables del ramo en las diferentes Comunidades Autónomas, las respuestas serán las mismas: queremos energías renovables para crear puestos de trabajo sostenibles y de alta cualificación, no estamos dispuestos a pagar más que por las energías fósiles y hay que llegar a tener un 100% de la energía renovable. Las tres respuestas son equivocadas y, lo que es peor, llevan a error a los ciudadanos. Eso sí, quedan estupendamente en el discurso de los interpelados.

La primera respuesta correcta sería, y es, para reducir las emisiones de CO2. El problema es que eso políticamente no vende. Y que, además, España es el país que menos CO2 per cápita emite, junto a la nuclear Francia, algo que reduciría la urgencia de nuestra apuesta por las energías limpias. De hecho, nuestro nivel de emisiones per cápita es un 70% menor que las de Estados Unidos, un 45% menor que las de Alemania e, incluso, un 30% menor que las de China. Muchos pensarían que, de momento, no hace falta ir más allá. Así que como esto no vende, se endulza el asunto con la creación de empleo y, la verdad, no del todo confirmado. Es cierto que la energía renovable es intensiva en mano de obra comparada con la energía fósil, en particular porque lo es, igualmente, la instalación que precisa mano de obra poco cualificada. Son trabajos temporales de construcción puros y duros. Pero, dado que la energía renovable todavía está subvencionada no sabemos hasta qué punto está destruyendo empleo en otros sectores. Como cualquier economista sabe, subvencionar un sector implica destinar recursos de otros sectores que sí son competitivos destruyendo empleos de forma indirecta en los sectores no subvencionados. El efecto neto sobre el empleo en la economía está aún por dilucidar.

Simplemente hay que asumir que tener una generación limpia tiene un coste extra. Pero eso, tampoco, vende, ni es, políticamente acertado

Esto nos lleva a la segunda respuesta correcta. Estamos dispuestos a pagar de más lo que valoremos de menos las emisiones y el cambio climático. No es cierto que las renovables cuesten lo mismo que las energías fósiles aún. Seguramente este sea el caso en el futuro cercano. En la última subasta que se ha producido se ha anunciado que no tendría coste adicional para la factura eléctrica. Pero, queridos lectores, esto es una edulcorada versión de la realidad. En esa subasta había un suelo al precio que está por encima del precio mercado. En otras palabras, se garantiza por contrato un precio mínimo la electricidad. Por no hablar del impacto indirecto en los costes del sistema, que existen, pero que están ocultos. No se preocupen aparecerán en su momento en la factura eléctrica bajo el simpático nombre de “los peajes”. Simplemente hay que asumir que tener una generación limpia tiene un coste extra. Pero eso, tampoco, vende, ni es, políticamente acertado.

Y la última respuesta correcta es “lo que diga el patrón” que en este caso es la Comisión Europea. Los europeos nos hemos puesto de acuerdo en que hay reducir las emisiones de efectos de gas invernadero a la de los años 90. Olvídense de un 100% energía renovable. No solo no es conveniente. Además es imposible a un coste razonable.

Un respuesta honrada y clara a las tres preguntas enunciadas hubiera ayudado, y ayudaría hoy, a saber por qué estamos pagando más por la electricidad y lo que podemos esperar, de verdad, de las energías renovables.


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