Europa, parque temático

El pesimismo engendra pesimismo

Lo malo de la crisis que padecemos es que además de sufrirla en nuestros bolsillos, está provocando graves alteraciones emocionales en quienes más la padecen, es decir en quienes conforman la depauperada clase media española, que viene a representar casi el 40 por 100 de nuestra población actual. El pesimismo no sólo se ha instalado en la sociedad si no que ha entrado con verdadera crudeza en nuestros hogares. Está deteriorando peligrosamente las sensaciones y expectativas individuales de “no vivir bien”. El ciudadano medio afectado ha llegado a asumir con irremediable resignación la pérdida de toda autoestima interiorizando un cierto sentimiento de culpa y vergüenza. La expectativa de que “vamos a peor”, de que “no podemos seguir viviendo así”, está calando de tal manera en nuestra actitud ante la vida que el pesimismo paraliza las iniciativas, y, como pescadilla que se muerde la cola, agrava la situación, tanto individual como de la sociedad en su conjunto. Y es que el pesimismo engendra pesimismo.

¿El fin de la crisis está cerca?

Ocurre que, en estos días, nuestro estado de ánimo no alberga optimismo alguno. En ese estado de desesperanza y desánimo, por un lado, notas que tienes pocas ganas de hacer cosas, pero por otro, buscas desesperadamente motivos y estímulos que te incentiven. Es como si estuvieses en el fiel de una balanza sabiendo que puedes inclinarte hacia un lado o hacia el otro, pero con la particularidad de que no quieres, no tienes ganas de tomar la decisión de ladearte hacia ninguno. Es una situación ambigua, en la que estas incómodo, pero no quieres salir de ella. Esta ambigüedad no es buena. Hay que tomar decisiones, y éstas no han de encontrarse en el voluntarismo irresponsable del discurso de la apreciación de “ciertos brotes verdes” porque no es verdad; lo que sí es verdad, como dice Octavio do Barros -Director de Estudios Económicos de Bradesco -, es que la crisis europea se encuentra ya en su tercer cuarto, al igual que la crisis americana está ya en su última fase y, por el contrario los signos de flaqueza de China empiezan a ser incipientes. Sostiene el citado economista que el Euro es una de las mayores experiencias de la humanidad, que necesitamos cada dia “mas Europa” y no “menos Europa”, y que, después del ajuste brutal de sus desequilibrios, saldrá tremendamente fortalecida, y que, desgraciadamente, hay que tener claro que no hay atajos para llegar a ese puerto. Hemos de hacer frente a este mal y largo sueño de la crisis que sufrimos. Se han de vencer los miedos que generan pánico, ansiedad y depresión. Con objetividad y prudencia, ponderar que algo estamos avanzando y que en los últimos meses las tendencias más conservadoras están siendo quebradas, y el ejemplo más claro de ese cambio de posición, más flexible, es el experimentado por Alemania. El papel de Mario Draghi ha sido decisivo para salvar las resistencias de determinados países.

El cansancio es comprensible

Es comprensible el cansancio que está produciendo la crisis, pero ya fuimos muy lejos para volver sobre lo recorrido. Europa nadó mucho para que ahora tuviéramos que morir en la playa. En nuestro país lo que necesitamos es un Gobierno fuerte y unido que se centre en las reformas estructurales que sean necesarias, que tienda puentes con la oposición para llegar a soluciones de consenso, y que ambos, Gobierno y Oposición, se dejen de guerras particulares anteponiendo la defensa del bien común a los intereses de partido. Ya se ha actuado demasiado sobre la clase media y media baja, y lo que hay que hacer es, entre otras cosas, recomponer el tamaño de las estructuras del Estado en todos los escalones, potenciar el crecimiento económico, lograr la fluidez del crédito a las Pymes y crear un banco público, en vez de “uno malo”.

Los españoles llevamos cinco años de crisis, desde 2008, haciendo muchos esfuerzos y sacrificios. Tenemos un 26% de paro, hemos recortado prestaciones sociales, reducido gastos públicos y privados, mejorado la productividad, estamos exportando como locos… y todo, ¿para nada? Tenemos los mismos problemas que en 2008: una inmensa deuda, pública y privada que no somos capaces de pagar. 

Sin un Banco Central dispuesto a echar una mano y a estimular la economía y los precios en Europa, el final de éste particular desierto por el que deambulamos sin rumbo cierto será la inevitable reestructuración de nuestra deuda. De la deuda pública y la privada. Ello tendrá unos gravísimos efectos para la credibilidad de nuestra economía y la solvencia política de quienes nos gobiernan.

Del Old Normal al New Normal

Como dice Mohamed El-Erian, Ceo de Pimco, el mundo va a ingresar en lo que él denomina “un nuevo normal” frente a lo que era “el antiguo normal” en la forma de actuar de la economía mundial. Es decir, vamos a pasar de:

- Una fuerte expansión del crédito- Poca intervención del Estado en la economía- Escasa preocupación con el endeudamiento soberano- China creciendo fuerte, y- Altas tasas de retorno y crecimiento basado en el consumo

Al “new normal” caracterizado por:

- Crecimiento moderado del crédito- Mayor intervención del Estado en la economía- Reducción del endeudamiento soberano- China creciendo menos- Menores tasas de retorno, y- Crecimiento basado en la productividad y las inversiones.

Hoy, como siempre, concluyo con mi particular llamamiento a la lucha de todos contra la corrupción. Como dijo , Antonio Maria Costa, - que fue Director Ejecutivo de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito. - hay que rendir homenaje a los “héroes que tienen integridad: los funcionarios que luchan contra la corrupción y que no tienen miedo de perseguir a las personas importantes; los denunciantes de irregularidades que arriesgan sus puestos para denunciar las acciones indebidas; los periodistas que arriesgan sus vidas para investigar los fraudes y contar la verdad; los fiscales que defienden la justicia, incluso cuando sufren el ataque de fuerzas poderosas.”

Pero, también hoy desearía que todos hiciéramos el mayor de los esfuerzos para, con racional objetividad y sin huir de la inescrutable realidad, hacer causa común frente al pesimismo, el desánimo generalizado, la desesperanza y apostemos por creer en nosotros mismos y en nuestra capacidad para salir adelante. No es la primera crisis de nuestras vidas ni por supuesto será la última. Recuerden: el pesimismo engendra pesimismo.


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