Europa, parque temático

A perro flaco todo se le vuelven pulgas

Me viene a la mente este viejo y sabio refrán español que quiere subrayar que cuando alguien se encuentra débil y vulnerable le surgen por todas partes problemas y dificultades. Y es que, efectivamente, a nuestra maltrecha España de los tiempos actuales le afloran dos nuevas amenazas, la de Merkel y la de Mas, que, siendo muy diferentes entre sí, tienen en común que ambas quieren aprovechar nuestra debilidad cuando la realidad es, en clave puramente política, que ambos persiguen intereses espurios muy distintos de los que quieren hacer ver a las sociedades que gobiernan. Es la servidumbre de los políticos a sus electorados. Hasta ahí podría ser legítimo. Sin embargo, alterar la realidad para desde la intencionada confusión generar un caldo de cultivo propicio a tergiversaciones y manipulaciones no sólo no es legítimo sino que representa el uso del poder en beneficio propio o del partido al que representan y nunca la defensa del bien común y del colectivo. Confundir al pueblo alemán, o a la sociedad catalana, sólo pretende el aprovechamiento de réditos políticos cortoplacistas que la Historia ha venido demostrando que nunca se consolidan y acrecientan el resquebrajamiento de los pueblos y las sociedades. Muchos, y muy graves, son los ejemplos que podríamos a traer a colación. Sin embargo, la realidad cierta es que Alemania no puede prescindir de Europa y Cataluña tendría un inequívoco incierto futuro fuera de una España plural pero sólidamente vertebrada.

Caida del Muro de Berlin, nacimiento del Muro de Merkel

En relación con la primera de las amenazas, es conveniente recordar que se cumplirán, en los próximos días, veintitrés años desde la caída del Muro de Berlín. Referente y resquicio de los efectos y las consecuencias de la última guerra mundial. Con aquél hito histórico se cerraba una vieja herida en el corazón de la Europa del futuro y de la Alemania de siempre. De inmediato se recuperó la vieja aspiración germana de la reunificación, coincidiendo en el tiempo con la recuperación de la eterna iniciativa de la construcción de la nueva “casa común europea”, donde se integraran los Países del Este. Se contraponían entonces las ansias de libertad de millones de ciudadanos y la erosión y definitiva derrota del comunismo continental. El vértigo con el que se produjeron los acontecimientos pudo llegar a impedir una reflexión sosegada del alcance último de lo que aquello pudiera acabar representando para Alemania y para la nueva Europa.

Alemania quiere dominar e imponer su impronta en el viejo continente, no con las armas sino a través de la Economía

Y es que lo que sucedió aquella semana de noviembre de 1989 fue, en verdad, un acontecimiento histórico. Pero sin embargo ello no nos debe hacernos olvidar los muchos muros que aún perviven en otros tantos lugares de la Tierra. Siempre decimos que habrán de caer, pero los intereses sinceros para que ello suceda son más que dudosos. No soy tan optimista y creo que, aunque probablemente caigan algunos, otros se mantendrán y es posible que, en determinados lugares, incluso se levanten nuevos. Una vez más, se repite la historia, Alemania quiere dominar e imponer su impronta en el viejo continente, no con las armas sino con la Economía y la determinación política de hacer valer sus postulados por encima de cualquier otra consideración. Se cedió entonces, sin contrapartidas, a la reunificación y cuando el marco entró a formar parte de la moneda única los alemanes se reservaron para sí la capacidad de control y gestión del Banco Central Europeo. Este hecho ha contribuido, razones de fondo incuestionables aparte, a los padecimientos que están sufriendo las economías de Grecia, Irlanda, Portugal, Italia o España. Merkel se acerca a procesos electorales en su país y entonces cambia a su arbitrio el discurso. Endurece sus posiciones pensando más en clave electoral local y personal que en la conveniencia de desbloquear los acuerdos ya adoptados por las instituciones europeas hace meses, releyendo y reescribiendo, a su sólo y particular interés los compromisos adoptados por todos. Reconozco, y lo he escrito en numerosas ocasiones, que en el pecado llevamos la penitencia. Es cierto que hemos administrado mal nuestros recursos, que hemos vivido muy por encima de nuestras posibilidades reales y que nos hemos endeudado hasta límites irresponsables con arreglo a nuestra capacidad de crecimiento. Pero quien esté libre de pecado que tire la primera piedra. Los bajos tipos de interés impuestos por la Alemania en crisis de los años 90 favorecieron la expansión de la burbuja inmobiliaria que nos reventó hace ahora más de cuatro años. Aquél disparate económico y financiero de los países del Sur fue también determinante para que, poco a poco, Alemania fuera saliendo de la crisis y vendiera sus productos a esos díscolos e irresponsables socios. Falsa y ruin es la política y egoístas algunos de los dirigentes.

Nuestro Gobierno, después de habernos pedido enormes sacrificios, debe defendernos frente a este nuevo “Muro de Berlín”

Cayó el “muro de Berlín” y se reunificó la cultura occidental. Helmuth Kohl, defendió la tesis de que la reunificación alemana sería la sólida base sobre la que asentar la anhelada unión europea. Transcurrido casi ya un cuarto de siglo desde entonces, podemos comprobar que aquel presagio del canciller alemán hace agua por todas partes. Como con valentía y coraje manifiesta Münchau, prestigioso columnista aleman, la reunificación de Alemania es una de las causas de la crisis que padece Europa y es el origen de la incapacidad para salir de ella. Y ello es así por diversas razones: la llegada de los políticos del Este, como Merkel ha determinado un profundo cambio en la política exterior alemana buscando un acercamiento a Moscú y tendiendo puentes de cooperación con el G-20 relajando el papel que ha de corresponderle en Europa como principal motor para la consolidación de la Unión Europea y la pronta salida de la crisis; por otra parte, Alemania ha roto el equilibrio entre los socios fundadores al considerase a sí misma una potencia autónoma; y finalmente, por concretas razones económicas entre las que cabría citar la sobrevaloración de la moneda única que conduce a Alemania a la defensa a ultranza de los principios de la competitividad, sin importarle la conquista de la productividad del espacio común. El resultado no es otro que un mal balance para todos: alemanes y europeos. Como decía Paul Valery “lo malo de nuestro tiempo es que el futuro no es lo que era”. Y que la Unión Europea se ha vuelto una Torre de Babel. Ahora nos encontramos con la necesidad de que nuestro Gobierno, después de haber pedido enormes sacrificios a los españoles, ha de defendernos con honor frente a ese nuevo “Muro de Berlín”. Qué nuestro presidente tenga siempre presente, como dice el refrán que  “más vale honra sin barcos que barcos sin honra.”

El Muro de Mas y la deriva secesionista

En cuanto a la segunda amenaza he de comenzar diciendo que si tuviera que definirme diría que soy “nacionalista” en el fondo, pero “moderado”, muy moderado, casi inocuo, en las formas. Personalmente, la cuestión se me complica mucho más porque también creo que España, en su conjunto, constituye una Nación, con la que me identifico plenamente y a la que deseo pertenecer. Pero también pienso que el Estado español tiene que tener como objetivo irrenunciable, como misión más importante, la integración y cohesión de sus pueblos y de las variadas y ricas culturas que lo conforman. Unificar no debe interpretarse como “uniformizar”, se ha de huir tanto del celo identitario de la parte como del todo. Soy un convencido de que, dentro de ese Estado, y tal y como está estructurado en nuestra Constitución, cada una de las regiones debería tener distinto “poder político” dependiendo del grado de “sentimiento nacional” de sus respectivas sociedades. Porque, en contra de lo que nos dicen unos y otros, sigo creyendo que no son las mayores o menores transferencias que en un momento determinado podamos administrar las que nos proporcionan “poder”. Por encima de esas mayores cuotas de poder se elevan los sentimientos, los irracionales sentimientos, que mal gestionados pueden alterar el necesario equilibrio de poderes y la imperiosa necesidad de convivir en la estabilidad que la situación actual exige. Además, sostengo, como ya he dicho en otras ocasiones, que el Estado de las Autonomías, como está concebido, ha podido mantenerse en ciclos económicos de crecimiento sostenido, en los que no ha faltado liquidez para hacer frente al dispendio en el que se ha desarrollado. La crisis actual nos ha enseñado, con crudeza, que no es posible dar continuidad a ese modelo de ingresos y gastos. Que el modelo está agotado y que nuestra capacidad de generación de riqueza y prosperidad para los ciudadanos, que no para sus políticos, tiene un límite y que a él hemos de someternos con verdadera disciplina. El Estado de las Autonomías fue una solución de compromiso, sin ningún parangón en el Derecho Administrativo comparado, que ha devenido insuficiente tanto desde el punto de vista político como económico-financiero. La crisis ha hecho aflorar sus carencias e ineficiencias. Ha demostrado a todos, políticos y ciudadanos, Gobierno Central y Autonomías, que no es sostenible, con independencia de que su encaje en la Constitución haya podido dar cierta continuidad al histórico respeto a las instituciones y derechos de los diferentes pueblos que desde el siglo XVI conforman la nación española.

CiU, desde la deslealtad más aberrante, pretende imponer nuevas reglas de juego, combinando la insaciabilidad del mensaje propio con el voluntarismo del pueblo catalán.

Sólo pediría que el pueblo catalán, siempre dentro del orden constitucional, tome la decisión acertada y, para ello, que lo haga, como ha demostrado a lo largo de los siglos, desde el desarrollo de su sociedad civil, valorando personalmente los pros y los contras de su reflexión, sin dejarse llevar por lo que dicen sus politicos y fundamentalmente el señor Mas. Convergencia y Unión se ha beneficiado, sin límites, de la Constitución del 78, hasta que cree haberle extraído todo lo que a su particular interés beneficiaba, y ahora desde la deslealtad más aberrante, característica propia de los nacionalismos irracionales acreditada a lo largo de la historia y los siglos, pretende imponer unas reglas de juego distintas, combinando el voluntarismo del pueblo catalán con la insaciabilidad del mensaje propio. El Sr. Mas ha llegado a decir que él ha sido elegido para llevar al pueblo catalán a su tierra prometida, considerandose ungido por un orden superior al de la propias reglas democráticas que le han permitido acceder a la Presidencia de la Generalidad de Cataluña. En ningún estado civilizado de la Unión Europea se hubiera permitido continuar, siquiera unos minutos en el lugar, a quien amenaza al representante de la totalidad de los ciudadanos, libre y democráticamente elegido por las urnas. Como dice nuestra Constitución, “la soberanía reside en el pueblo”, no en los políticos. La peligrosa deriva secesionista – un importante grado más en la tradicional ambición nacionalista de CiU - de Artur Mas, sólo engendrará enfrentamiento e inestabilidad, pero ello no ha de hacernos renunciar a la razón que nos asiste en la defensa de nuestra Constitución.

Y concluyo como siempre alentando a que luchemos todos contra la corrupción. Decía Frank Herbet que “la corrupción lleva infinitos disfraces”.


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