Europa, parque temático

Una nación de ovejas engendra un gobierno de lobos

Decía G. García Márquez, que “la vida no es la que uno vivió, sino la que recuerda, y cómo la recuerda para contarla”. Y no es fácil valorar conjuntamente lo que vivimos, lo que recordamos y lo que nos contaron.

Pertenezco a una generación que, en 1975, cuando murió Franco, tenía entre treinta y cuarenta años, o lo que es lo mismo, que habíamos vivido en primera persona la adolescencia, la juventud y nuestra incipiente madurez en pleno “franquismo”. Nosotros recordamos hechos, detalles, y tenemos vivencias de un tiempo triste, de medias conversaciones y silencios; de miradas interrogantes, desconfiadas y orgullosas; de saludos desproporcionados; de prohibiciones intuidas y no escritas; de preguntas sin respuestas y de respuestas incomprensibles; de asambleas en las universidades y carreras ante la Policía; de casas sin cuarto de baño y con establo; de lavanderas en lavaderos públicos y de costureras que giraban los puños y los cuellos de las camisas... Y también de momentos de alegría y juventud despreocupada, de días de fiesta con traje nuevo y paseo por donde correspondía; de bailes con tocadiscos y música italiana, de inventarnos fiestas y comisiones para poder reunirnos... Pero hoy, tras más de tres décadas largas de democracia, ya no recordamos las cosas como entonces e intentamos saber el porqué de lo que recordamos. Hemos pasado de no saber, siquiera, lo que era la política a tener una cultura democrática consolidada; de no haber oído hablar de “justicia” a exigir una “justicia justa”. Pocas generaciones han soportado, y hecho posible, un cambio tan drástico.

Pero todo esto vuelve a estar en peligro, hemos acabado el verano del 2013 ofreciendo al mundo, para regocijo de unos y vergüenza ajena de otros, el artificial, subdesarrollado e impresentable espectáculo de millones de parados que contemplan una Administración desmesurada y una corrupción desmedida. La mayor parte de nuestros políticos no están a la altura de las circunstancias y nosotros somos poco exigentes con ellos pensando que el tiempo lo resolverá todo. No nos equivoquemos, el tiempo por sí sólo no resuelve nada y como dijo el periodista norteamericano nacido en los primeros años del siglo XX Edward R. Murrow“una nación de ovejas engendra un gobierno de lobos”. En paralelo, me viene a la mente la acertada locución de Plauto, poeta y comediógrafo romano que vivió en el 200 a.C, Homo homini lupus" o su traducción "el hombre es un lobo para el hombre" popularizada, muchos años después, por el filósofo del siglo XVIII, Thomas Hobbes, el cual consideraba que una de las notas características de la condición humana es el egoísmo, por intermedio del cual el hombre mismo termina siendo su propio verdugo, es decir, un lobo para el hombre. Y es que mientras unos pocos piensan:

- En olimpiadas; la mayoría ve sus calles sucias y abandonadas.

- En destruir la unidad de España; la mayoría no es informada de las reales consecuencias que ello puede producir.

- En que son defensores de los trabajadores; casi todos creen que están siendo engañados.

- En la realización de grandes eventos y construcciones sin sentido y sin retorno social; una parte no desdeñable de la sociedad pasa hambre.

- En lograr el mayor número de subvenciones, prebendas y lobbies; el ciudadano de a pie ve cómo su recibo de la luz sube más de un 70% en cinco años y el déficit eléctrico se lleva el 70% de los fondos de Industria.

- En incrementar los impuestos; el clamor es preguntarse cómo va a crecer el consumo y, con ello, la actividad económica.

- En alcanzar mayor competitividad y avances técnicos; sin embargo, vemos irrisorias cantidades dedicadas a la investigación y cómo se nos va el talento a otros países

- En la reforma de la educación; mientras observamos que sólo algunos de los políticos que han de valorarla tienen titulación universitaria y otros solo el bachiller, siendo su única profesión, desde que nacen hasta que mueren, la política como arte para la supervivencia, sin apenas contacto con la sociedad y la economía reales.

- En la reforma financiera; mientras las pymes asisten consternadas a la imposibilidad de acceso al crédito y padecen los problemas derivados de la consentida y cómplice colocación de las emisiones de las preferentes, la deuda subordinada, etc. y el pasivo bancario se invierte en deuda pública y no en el sistema productivo.

- En la tan ansiada como frustrante, por incapacidad para llevarla a cabo, reforma de la Administración Pública; mientras se exige cada vez más esfuerzos al pueblo llano y soberano.

- En la eterna reforma de una Justicia frágil en la que casi nadie va a la cárcel y los que van no devuelven nada de lo que se llevaron; los procesos se prolongan, se falla a favor de la Administración cuando el que recurre es un particular y el ciudadano ve, cada día con mayor frecuencia, cómo algún vecino de muchos años es desahuciado de su vivienda.

Podría continuar durante horas trayendo a estas cuartillas multitud de sinrazones más pero ni ustedes se lo merecen ni yo quiero ahogarme en mí propia crítica. Esperemos que los Presupuestos del 2014, sean,como ha dicho el ministro Montoro, los de por y para la recuperación.

Sin embargo si en algo coinciden conmigo, háganme caso, renunciemos a ser ovejas para, por un lado asumir con nuestras decisiones y convicciones aquello en lo que creemos y a lo que no queremos dejar de aspirar, y por otro para evitar que se cumpla la aseveración de Murrow de que “una nación de ovejas engendra un gobierno de lobos”.


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