Europa, parque temático

¿Quién mata a la clase media española?

No hace mucho, en la primavera pasada, en esta misma tribuna, reflexionaba sobre la clase media española bajo un título quizá algo dramático: “La clase media: descanse en paz”. Seis meses después me pregunto quién está matando a esa vertebradora clase media. Europa, “el viejo continente”, y muy particularmente sus vecinos del sur han emprendido la dirección contraria a la del progreso de sus ciudadanos o, mejor expresado, de su clase media.

Tradicionalmente los pueblos han articulado su desarrollo y crecimiento desde una sólida base conformada alrededor de esa gran mayoría de la sociedad. Es decir, de una gran mayoría de la población cuyo eje de vida no era otro que trabajar, ahorrar y educar, en la mejor de las formaciones posible, a sus hijos para que a mayor satisfacción de aquellos, el progreso les hiciera mejores, cumpliéndose la vieja máxima de que los hijos terminan superando a los padres. Esa sana gente que viviendo al día piensa a largo plazo. Ambiciona el futuro y ansía la estabilidad sin estridencias exigiendo para sí, exclusivamente, la oportunidad del trabajo desde el esfuerzo.

Sin embargo, a lo largo de los últimos años y haciendo bueno aquello de que “en el pecado llevamos la penitencia”, se va acentuando la enorme brecha entre ricos y pobres, que parece cada día más insalvable. Es el caso actual de una gran parte de la rica, otrora, Europa, -construida durante siglos con el esfuerzo de su gran clase media-  que está siendo adelantada, en la conformación de la sociedad, por la de los países emergentes. El salto cualitativo de la clase media en sociedades como la india o china, o incluso como la peruana o colombiana es casi proporcional al desmoronamiento que padecen algunos países del sur de Europa como Grecia, Italia o España.

Nos estamos empobreciendo. Retrocedemos en nuestro Estado de Bienestar. Los impuestos que gravan las rentas del trabajo no sólo no se reducen sino que en los últimos años han recortado muy sensiblemente la capacidad de gasto de las familias españolas. No hemos de pensar en los no muchos privilegiados que tienen un empleo y llegan a fin de mes. El gran drama es el que afecta a una enorme mayoría de ciudadanos que sintiéndose, también, privilegiados por tener un empleo no son capaces de cubrir sus necesidades familiares; sin olvidarnos de los 6 millones de parados (“nominales”) que no tienen, siquiera, un trabajo, ni expectativa de contar en el futuro con él.

El “mileurismo”

Más de la mitad de la población laboral española es “mileurista”. Su sueldo anual ha ido congelándose, e incluso, reduciéndose a lo largo de los últimos cuatro años. Nadie ha podido ser ajeno a ello, ni siquiera quienes durante décadas se sentían protegidos por su condición de funcionarios. Si no se recuperan, y pronto, las medidas que representen una cierta dinamización de las rentas salariales; si no se estimula, mejor, se exige, a las entidades financieras que hagan llegar a las pequeñas y medianas empresas el crédito cuya carencia las asfixia, difícilmente se podrá hablar de recuperación de la demanda interna, del consumo doméstico, tan necesario hoy para que podamos hablar de verdad del inicio de la recuperación y la salida de la crisis.

Y, ¿quién es el responsable de todo esto? Es cierto que era necesario un cierto rigor en las políticas presupuestarias. No es también menos cierto que necesitábamos un “poco de palo” para  purgar nuestros desmanes. Pero quizá en una economía como la nuestra, o somos conscientes de la urgente necesidad de recuperar la estabilidad de nuestra clase media o sólo con “los ricos” no salimos del profundo pozo en el que nos encontramos. El verdadero motor de nuestra sociedad y nuestra economía son la clase media y las pymes, cuyo esfuerzo productivo nos sirvió para llegar a donde llegamos, para, quizá, embriagarnos y terminar muriendo de éxito como los viejos ídolos con pies de barro. Poco nos ha faltado para recordar con plena vigencia la reflexión de Ortega en su intemporal Rebelión de las Masas cuando afirmaba que era preciso encontrar un proyecto para que la nueva rebelión no se convierta en algarada y caos.

La nueva polarización

La polarización entre los nuevos aristócratas de la sociedad moderna y los depauperados componentes de una clase media, que se desmorona por su progresivo empobrecimiento, pone en serio riesgo, diría más, es la responsable del deterioro de la eterna aspiración de Europa de encontrar su “vellocino de oro” encarnado en el Estado de Bienestar. Es, de nuevo, la clase media, y las empresas arraigadas a ella, la que durante décadas ha estado financiando ese sueño que ahora nos abre los ojos descubriéndonos que quizá aquel viejo deseo no podía durar para siempre. Nos ha costado entender que una cosa son eso, los deseos, y otra la dura realidad. No quisiera traer, ahora, aquí, las demoledoras conclusiones de los informes que hablan del preocupante crecimiento del porcentaje de familias que vive, en nuestro país, en la frontera de la exclusión.

En ese escenario, ¿hemos de participar en el aquelarre del exceso de triunfalismo? En mi opinión deberíamos incentivar una especie de conciencia social proactiva encaminada a exigir de nuestro políticos la asunción de una realidad, que muy probablemente, cautivos de su necesidad de votos, no quieran reconocer. Y ello podría importarnos más o menos si detrás de esa necedad no hubiera miles y miles de familias angustiadas por su futuro y, lo que es peor por el futuro de sus hijos.

¿Ha muerto la clase media?

¿Ha muerto, entonces, la clase media? Afortunadamente, dentro de su gravedad, es posible salvarla y hemos de esforzarnos en ello aun cuando sólo sea para evitar que nada más exista, como indican Gaggi y Narduzzi, por un lado, una burguesía del conocimiento compuesta por tecnócratas con alta remuneración y, por otro, una clase de masas, consumidora, poco exigente, sin referentes culturales ni sociales, despolitizada, sin apenas ideología y fácilmente manipulable. La muerte de la clase media puede conducir a unos cambios sociales y económicos  que nuestros gobiernos ni reconocen, ni están capacitados para resolver.

En definitiva, como dice Manuel Caraballo Callero, la reducción de la clase media en los países desarrollados hará no solamente que la crisis se alargue más en el tiempo sino que a largo plazo nos encontraremos con una sociedad donde no existirán trabajadores formados para las demandas de la economía. Por tanto, lo que nos espera es una reducción de las capacidades potenciales y un estrangulamiento mayor de la economía.

En esa línea, Santiago Niño Becerra considera que hoy por hoy "la ideología prácticamente ha muerto" y gradualmente evolucionaremos hacia un sistema político en el que un grupo de técnicos tomará las decisiones y "la gente”, “la población”, cada vez tendrá menos o ningún protagonismo.

Para la élite, la amenaza más importante es la clase media. Tenemos que saber que la élite solo reconoce dos clases, ‘ellos’, o sea la clase elitista, singular estirpe, y la otra, la “masa” de Ortega.


Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba