Europa, parque temático

Muchos lobos y pocas ovejas

De muy joven me leí los Episodios Nacionales de Benito Pérez Galdós y descubrí entonces lo brutos que éramos los españoles y lo mucho que hacíamos sufrir a este bendito país llamado España.

Cien años después de la publicación de esa joya de nuestra literatura, y a la vista de lo que está sucediendo en el mundo de la política, me sigue pareciendo, hoy, que los inexorables vaticinios del prolífico canario están más vigentes que nunca. Su especial preocupación por la memoria histórica de los españoles del siglo XIX le llevó a evolucionar en su pensamiento hasta hacer suyo el amargo escepticismo construido desde la duda infinita de nuestra capacidad para superarnos a nosotros mismos.

Seguimos instalados en esa incapacidad para resolver aquellas cuestiones que urge acometer para progresar en el tiempo. Continuamos viviendo en un estado de carencia absoluta de “fe nacional” y volvemos, siempre indecisos, una y otra vez, sobre nuestros propios pasos. Es decir, seguimos siendo brutos, pero con una diferencia: los pastores se han convertido en lobos, que son muchos y las ovejas somos pocas. Y cuando hay un tirano sólo hay un objetivo a batir, pero cuando hay tantos y tan bien colocados es complicado. Te dan ganas de echarte al monte. 

Entiendo oportuno y conveniente reproducir ahora y aquí un fragmento del libro de Benito Pérez-Galdós "La fe nacional y otros escritos sobre España" publicado en 1912: 

“Los dos partidos que se han concordado para turnarse pacíficamente en el poder, son dos manadas de hombres que no aspiran más que a pastar en el presupuesto.

Carecen de ideales, ningún fin elevado les mueve; no mejorarán en lo más mínimo las condiciones de vida de esta infeliz raza, pobrísima y analfabeta.

Pasarán unos tras otros dejando todo como hoy se halla, y llevarán a España a un estado de consunción que, de fijo, ha de acabar en muerte.

No acometerán ni el problema religioso, ni el económico, ni el educativo;

No harán más que burocracia pura, caciquismo, estéril trabajo de recomendaciones, favores a los amigotes, legislar sin ninguna eficacia practica, y adelante con los farolitos.

Si nada se puede esperar de las turbas monárquicas, tampoco debemos tener fe en la grey revolucionaria. No creo en los revolucionarios de nuevo cuño ni en los antediluvianos.

La España que aspira a un cambio radical y violento de la política se está quedando, a mi entender, tan anémica como la otra.

Han de pasar años, tal vez lustros, antes de que este Régimen, atacado de tuberculosis ética, sea sustituido por otro que traiga nueva sangre y nuevos focos de lumbre mental.”

Releyendo este texto, me sorprendo del fantástico sentido de la anticipación de Galdós y me amarga, a la vez, comprobar, como decía el famoso filósofo, que “nada cambia, solo se transforma” y en nuestro caso a peor. Resistiéndome a caer en la melancolía de los tiempos que vivimos, el mero repaso de las noticias con las que cada día los medios de comunicación nos atormentan, en el ejercicio de su más importante función informativa, nos confirman esas premonitorias palabras del gran novelista español del Siglo XIX.

Continúa, sin ejercicio de contrición alguno, la corrupción de toda índole extendiendo su fango hasta por instituciones que algunos cándidos idealistas pensábamos que eran invulnerables. No dejan de aflorar los casos de amiguismo caciquil, la cultura del dedo, el legislar por legislar, el engaño al pueblo llano y soberano, el afán de destruir, revive la eterna España revisionista que se preocupa más de reinterpretar la historia que de superarla.


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