Europa, parque temático

¿Nos empujará Berlusconi al rescate?

Contaba Ortega y Gasset en “El Espectador” que, en un teatro, la visión de lo que se representa en el escenario, siendo lo mismo para todos, depende del lugar en el que se esté sentado y de la situación personal y estado de ánimo de cada uno de los espectadores. Traigo a colación esta reflexión para entender como la puesta en escena de la futura dimisión de Monti, y la posible vuelta de Berlusconi produce para unos paises de la UE el que la bolsa baje y que suba la prima de riesgo, mientras que para otros nada de esto sucede. Parece que el sólo anuncio de su futuro retorno ha hecho temblar de nuevo a los mercados financieros. Ello se produce por el efecto contagio que dicha situación causa en determinados países como el nuestro. Circunstancia en la que no deberíamos caer, ya que al igual que la relajación de la presión sobre España no vino en su día de la mano de la mejoría de Italia, tampoco la crisis del gobierno italiano nos habría de producir esta reacción en los mercados. Nada relacionado con la complejidad de la política italiana tendría que sorprendernos a estas alturas de la eterna construcción de Europa. Por una parte, Monti fue una imposición de Bruselas. Y en eso Berlusconi tiene razón. El tecnócrata primer ministro italiano ha seguido, sin pudor, las directrices impuestas desde Bruselas y Berlín. Pero, no es menos cierto, que gracias a ello, la crisis financiera se ha congelado (que no solucionado). Monti gusta a los mercados, al Banco Central, a Alemania y a los burócratas de Bruselas.

Se gobierna con apoyos.

La clave de la situación creada reside en la regla de oro de la democracia parlamentaria. Se gobierna con apoyos. Si careces de ellos es imposible gobernar en precario y más en la situación de crisis que nos agobia a todos. Lamentablemente para él, Monti no los tiene. Es cautivo de su propia condición de tecnócrata sin partido. En mi opinión, Berlusconi tiene difícil ganar y formar gobierno, pero aventurar en la política italiana es siempre un arriesgado ejercicio de voluntarismo racional. Quizá con su sorprendente regreso ni lo pretenda y sólo persiga lograr una cierta inmunidad parlamentaria con la que presionar al futuro gobierno salido de las urnas. La decisión corresponde al pueblo italiano. El problema del imprevisible escenario es que Berlusconi es aborrecido por los mismos que aman a Monti y el resultado sobre la estabilidad financiera de Europa puede ser demoledor. Para España caben dos lecturas. La primera de ellas, y la más deseable para nosotros, es que los mercados se centren en Italia y nos dejen tranquilos durante el primer semestre de 2013, en el cual la crisis nos mostrará su peor cara. La segunda, y que más habremos de temer, es que esto no suceda y la inestabilidad de Italia nos arrastre con ellos precipitando, en esas circunstancias, el hasta ahora contenido rescate de nuestra economía. Sin olvidar que lo importante es el respaldo del BCE en todo momento ya que es a él a quien corresponde el control de la presión mediante el programa de compra de bonos (OMT)

¿Necesitamos o no el rescate ya?

Plantearnos ahora el rescate, cuando Rajoy parecía tener controlado el asunto y se multiplican las voces que manifiestan que España no necesita el “rescate”, entre ellas, y sorprendentemente, la de la propia canciller alemana, no deja de ser un claro riesgo de inestabilidad. Solicitarlo no despeja las dudas sobre si ello tendría un efecto automático sobre la reducción del diferencial con Alemania, la “prima de riesgo”, y, o bien, si por el contrario, las agencias de rating darian una vuelta de tuerca a la calificación del riesgo país, o de nuestras grandes corporaciones empresariales, y por derivación, éstas pudieran verse obligadas a asumir mayores costes financieros al acudir a los mercados en busca de recursos con los que financiar sus inversiones. Estamos cerca de concluir el 2012, y quizá sea tiempo de sosegada meditación sobre los pros y los contras de solicitar, o no, el “rescate”. Los sacrificios del pueblo español han llegado a su límite y no pueden ir más allá. Con estoica y loable resignación estamos asumiendo, no sin enormes sacrificios personales, los duros ajustes exigidos por Bruselas y queremos ver lo más pronto posible la luz al final del túnel.

En los primeros meses del 2013 tenemos fuertes vencimientos de deuda y elecciones en Italia(y si Italia pasa por problemas, aunque seamos los alumnos más aplicados de la clase, aquí tendremos no menos dificultades). No podemos permitirnos, de ninguna de las maneras, incrementar, más todavía, los costes de refinanciación de nuestra deuda. Esa meditación ha de conducir a nuestro Gobierno a ponderar, en todos los frentes, los posibles beneficios de solicitar el rescate. En última instancia podrá constituir la menos mala de las soluciones, y la que mayores ventajas pueda representar, pero hemos de tenerlo muy claro antes de tomar esa decisión. Aprovechemos estas fechas, que son propensas para la reflexión, y confiemos en que el resultado de ella nos dibuje el camino a seguir en beneficio de España y sus ciudadanos.

No olvidemos que hemos de luchar todos contra la corrupción. Como en su día dijo el famoso estadista inglés Benjamín Disraeli: “Cuando los hombres son puros, las leyes son inútiles; cuando son corruptos, las leyes se rompen”.


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