Europa, parque temático

El emprendedor: un valiente en peligro de extinción

A la hora de realizar cualquier reflexión sobre emprendedores la primera pregunta que uno suele hacerse es; ¿Qué o quiénes son los emprendedores?, ¿se trata de sujetos especiales, o bien son personas a las que las circunstancias de la vida han llevado a desarrollar nuevos proyectos y crear empresas?

Efectivamente, sin necesidad de ser especiales en sí mismos, diversas características del individuo, pueden favorecer que éste pueda tener una cierta disposición a la actividad emprendedora y al logro del éxito en la misma.

Entre las características que los expertos suelen citar como propias de un buen emprendedor figuran la imaginación, la habilidad para innovar, la capacidad de sacrificio, las dotes de organización, el liderazgo, el dinamismo y la comunicación, por citar algunas de ellas, quizá las más relevantes.

Dichas características podrían ser catalogadas como endógenas, propias de cada individuo, de cada emprendedor. Pero también se deben tener en cuenta factores externos, ajenos a la propia voluntad del individuo que pueden condicionar muy notablemente el éxito o fracaso de la iniciativa a emprender y, - derivado de ello, - una mayor relevancia que aquellas otras que conforman su propio carácter y personalidad.

Entre los factores externos que condicionan la actividad emprendedora se suelen citar:

- La educación y formación recibidas, en el ámbito específico de la actividad a emprender.- La existencia de oportunidades para emprender y, - tan importante como estas, - la posibilidad y disposición de percibir esas oportunidades.- El apoyo social y mediático a la figura del emprendedor. Los valientes y aventureros también pueden desfallecer al predicar en el desierto. Precisan de una "sociedad" que les escuche y atienda sus propuestas. Es un elemento fundamental para llevar al emprendedor a crear una empresa.

- Por último, la coyuntura económica, sin duda la que posibilitará -en mayor o menor medida- el éxito o el fracaso de la iniciativa y de la actividad emprendedora.

En relación con estas dos últimas consideraciones, me van a permitir una pequeña reflexión, ya que en una coyuntura económica de crisis, como la que estamos atravesando, parece inevitable que la senda de la recuperación tenga que pasar por la creación de nuevas empresas y de nuevos negocios, es decir por los emprendedores:

¿Es España un buen lugar para la promoción de la iniciativa emprendedora?

En general la percepción generalizada es que España no se ha caracterizado, tradicionalmente, por su iniciativa emprendedora. Más allá de esa particular percepción existen estudios que avalan esta preocupante realidad y acreditan nuestras carencias y limitaciones en el campo de la aventura emprendedora.

El índice de clima emprendedor del Eurobarómetro sitúa a España en una de las últimas posiciones, con tan sólo Portugal, Grecia, Chipre y Hungría por detrás.

Estos resultados son muy desalentadores para el futuro de nuestro país, sobre todo si consideramos que el mismo Eurobarómetro publicado nos sitúa muy alejados de EE.UU, quien a su vez se encuentra muy por delante de la propia media de la Unión Europea.

Otros indicadores ratifican la posición de España, - en relación con la media de la Unión Europea, - respecto de:

1. Las dificultades y trabas para iniciar un negocio2. La imposibilidad del acceso al crédito3. La no justificada percepción, - no razonable y favorecedora -, por la Sociedad que su propia condición innovadora exigiría en una situación de crisis como la que atraviesa el país.

En España, en estas circunstancias, afloran algunos de los siete pecados capitales con los que nuestra historia nos caracteriza: la pereza de quienes esperan que sean los demás los que inventen; la envidia del éxito ajeno y, -sobre todo- la soberbia para no reconocer que los avances de otros nos ayudaran a todos a salir de la difícil situación por la que atravesamos. Y con esas prevenciones el estigma del fracaso persigue a las personas a lo largo de la vida, promoviendo con ello el bloqueo de proyectos e iniciativas que siempre albergarán la duda de si su puesta en marcha habría cambiado algo las cosas. Desahogo éste que creo, con seguridad, compartirán Vds. conmigo.

Crear una empresa en España es difícil

Respecto de mi apreciación personal de que crear una empresa en España es difícil, o al menos más difícil que en el resto de la Unión Europea. ¿Realmente es esto así? Pues bien si acudimos al informe Doing Business del Banco Mundial los resultados son demoledores.

En la edición de 2009 de este estudio, España ocupa el puesto 140 del ranking de países en cuanto a facilidad para la creación de empresas sobre un total de 181.

La principal razón para que España ocupe una posición tan retrasada está en la duración de los trámites para crear una empresa. En este apartado España aparece con una media de 47 días para la constitución y puesta en marcha de una empresa (frente a la media OCDE de 13,4 días). Estos 47 días comprenden también las autorizaciones autonómicas y licencias municipales.

Aparte del número de días para constituir la empresa, el índice también valora el número de trámites requeridos para su puesta en marcha, - diez - en el caso de España; el importe de los costes de tramitación necesarios en función de la renta per cápita, - 14,9% en el caso de España, y los fondos iniciales requeridos para poder crear la sociedad que suponen el 13,1 % del mismo parámetro de referencia anterior.

Efectivamente el análisis de los datos del informe para España revela que los elevados plazos para la creación de empresas se deben fundamentalmente a dos causas: los pasos relacionados con el Registro Mercantil y la concesión de licencias municipales.

El primero está hoy casi prácticamente resuelto; el segundo es el que más tiempo requiere alargándose en algunos casos durante meses.

Resumiendo los problemas con los que se enfrenta el emprendedor son fundamentalmente:

- Enunciar y concretar un modelo de negocio realizable, rentable y sostenible y, - sobre todo, - creíble.- Las dificultades, para el acceso a la financiación del proyecto.- La falta o ausencia absoluta (en algunos casos) de procesos simplificados para iniciar y operar empresas.

En los momentos de crisis económica, - como el actual, - es cuando se debe dar mayor respaldo a las Pymes, en especial por su impacto social en la generación y mantenimiento del empleo, y porque se pueden desenvolver en el nuevo entorno con mayor flexibilidad y rapidez por sus menores estructuras y burocracias.

Y en nuestro país si no tomamos medidas, - con urgencia y celeridad, - nos encontraremos, - como dice el título de este artículo, - que "el emprendedor es un valiente en peligro de extinción".

¿Y qué medidas son las que hay que tomar?: todas aquellas que promuevan y faciliten esas reformas estructurales clave que se vienen pidiendo desde diversos ámbitos:

- Una ley de emprendedores que facilite la creación de empresas y establezca medidas de apoyo e incentivos, y- La culminación del proceso de saneamiento, restructuración y recapitalización del sistema financiero, procediendo ya a la intervención total y sin contemplaciones de las entidades que no sean capaces de subsistir por sí mismas.

Si esto no se lleva a cabo será imposible reactivar el flujo de crédito a las Pymes. Y como señala Aristóbulo de Juan es muy preocupante que numerosas entidades mantengan en sus puestos a los consejeros y directivos que causaron, - o consintieron, - previamente su crisis, y además las influencias políticas no han desaparecido.

Para terminar, digamos que hay tres cosas que no tienen vuelta atrás:

- La palabra dada- La flecha lanzada- Y la oportunidad perdida

Pues bien, no perdamos la oportunidad de tomar estas medidas a la mayor brevedad por el bien de los actuales y futuros emprendedores de los que este país y, -su ya larga crisis- tanto necesita.


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