Europa, parque temático

El Estado no distribuye la riqueza, se la queda

Parece obvio pensar que la consolidación del Estado de Bienestar pueda llevar aparejado un sistema impositivo capaz de mantenerlo y que, en esa misma línea de razonamiento, una parte de la sociedad, la que conforma la minoritaria clase privilegiada, haya de soportar una serie de sacrificios consecuencia del objetivo irrenunciable de una equilibrada distribución de la riqueza ¿Sucede esto en nuestro país? Permítanme que lo ponga en duda. La corrupción, el fraude fiscal y la perpetuación de la descomunal estructura del Estado, entre algunos que otros factores, conducen, irremediablemente, a que el Estado no cumpla una de sus principales misiones, la de hacer más igualitaria la sociedad y más equitativa la forma de vida de sus ciudadanos. Hasta ahí, mala cosa. Pero como dice el consagrado principio de la incompetencia, la cosa puede ir a peor. Es decir, que el Estado no sólo no redistribuya la riqueza sino que se apropie de ella para paliar y hacer frente a las consecuencias de las equivocadas decisiones de los políticos.

Recuerdo un concienzudo estudio elaborado en Estados Unidos sobre las desigualdades sociales y la distancia entre ricos y pobres, que con rigor y seriedad académica venía a concluir que sendas cosas – desigualdad y brecha entre unos y otros- no eran consecuencia de las crisis cíclicas económicas que padecían los estados sino fruto de los errores de las decisiones de los políticos de turno. Allá donde fuere, en cualquier rincón del planeta. La insaciable voracidad de una ineficiente Administración pública, reclama para sí, como única medida para 'malcontener' el déficit público, la apropiación de los ingresos procedentes de la contribución de los ciudadanos al sostenimiento de los servicios públicos y muy especialmente de los servicios esenciales como son la Sanidad y la Educación, quienes son los primeros en sufrir en sus carnes la reducción de la inversión y el gasto. A ello hay que añadir la altísima tasa de paro y las tributaciones sin sentido -léase a título de ejemplo la del Impuesto sobre Patrimonio- que disminuyen cada día más la capacidad de ahorro de la perseguida clase media fundamental para el desarrollo de la economía y la salida de la crisis.

Impuestos por encima de la media de la eurozona

Y todo ello se pretende sufragar con más impuestos fundamentalmente soportados siempre por los mismos, en un país que está muy por encima de la media de los países de la Unión Europea para los tipos de IVA y de IRPF y el Impuesto de Patrimonio (somos junto con Francia y Noruega el unico país que lo mantiene y que grava rentas y activos que ya han tributado). Veámoslo con los siguientes gráficos (fuente: Eurostat):

Debe señalarse que el tipo correspondiente a España puede ser considerado como un promedio para el ejercicio 2013, ya que dada la autonomía en materia tributaria que permite nuestro estado territorial, los ciudadanos de La Rioja y de Madrid tributarán a un tipo marginal máximo del 51,9%, mientras que los catalanes, asturianos y andaluces lo harán al 56%.

Necesidad de los impuestos

Es cierto que los impuestos son necesarios para mantener el Estado de Bienestar, pero también es cierto que las subidas de impuestos generalizadas, y en especial las que afectan a las rentas personales, tan sólo servirán para retrasar la recuperación económica de nuestro país.

Por su parte, el exceso de estructura del Estado nos puede llevar, si no ponemos freno, a la ruina más inmisericorde. Por eso conviene saber cuál es la deuda de las Administraciones públicas y su peso sobre el PIB. Pues bien, teniendo en cuenta que la deuda total de las Administraciones públicas es de 884.416 millones y que se compone de 660.262 millones de la Administración central, 185.048 millones de las comunidades autónomas y 41.967 millones de las corporaciones locales, el siguiente cuadro refleja el estado de la cuestión, en términos porcentuales sobre PIB:

Fuente: Banco de España

De entre las diferentes comunidades autónomas, las que superan la media del 17,6 son la Comunidad Valenciana (29,3), Castilla la Mancha (27,8), Cataluña (25,9) y Baleares (21,9) y el resto está por debajo, siendo la más baja Madrid (10,7).

Conocimiento del destino

Pues bien, los impuestos, junto con las tasas y las contribuciones especiales, configuran los ingresos tributarios, principal fuente de financiación de los presupuestos de las administraciones públicas y base de los Presupuestos Generales del Estado. Pero, ¿con carácter general, se conoce adónde van a parar los impuestos? Puedo aventurarme a decir que son pocos quienes toman conciencia y conocen adónde van a parar los impuestos. Así, como cada uno conoce cuál es el presupuesto de su casa, es decir, en qué quiere gastar o invertir y en qué realmente puede gastar o invertir y cuáles son los resultados; debería de ser sensato, lógico y coherente que conozcamos con mayor claridad cuál es el paradero de nuestros impuestos y los resultados que obtenemos. Siendo su conocimiento no sólo un derecho sino también una obligación de los ciudadanos, y para ello necesitamos la transparencia suficiente para su cumplimiento.

Al tiempo de cerrar estas reflexiones, hemos conocido el fallecimiento de una de las personalidades más relevantes de la política europea y mundial de los últimos cincuenta años. Me refiero a la ex primera ministra británica Margaret Thacher. Mujer de firmes convicciones liberales y de incuestionable determinación en la ejecución de las mismas. Enemiga del intervencionismo descontrolado del Estado y de la sangría a los ciudadanos con impuestos sin destino y retorno eficiente para la sociedad.

Supo sacar adelante al Reino Unido de una de las crisis más difíciles de su historia y lo hizo con la convicción de quien cree en sí mismo y en el buen fin de sus políticas. En ella se hizo realidad aquello antes comentado de que la prolongación de las crisis es producto de las malas decisiones de quienes nos gobiernan que de las causas cíclicas que las pudieran provocar. Descanse en paz.

Como siempre, aunemos esfuerzos para luchar contra la corrupción, y tanto contra quien la fomenta como contra quien la disfruta. Como decía Taylor Caldwellla corrupción es irreversible cuando ha llegado a pudrir el alma de una nación”. 


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