Europa, parque temático

El control de la corrupción

La crisis no sólo es económica

La situación actual no es sólo de deterioro económico, es también social, de quiebra de valores irrenunciables para una Sociedad que aspira a progresar y crecer. Es una crisis de egoísmos personales y de absoluta falta de responsabilidad. De maximizar el pronto enriquecimiento desde la atalaya de poder que representa cualquier cargo público. De aceptar con execrable naturalidad que la política es un instrumento para el saqueo y el pillaje. De entender que el compadreo, el tráfico de influencias y el amiguismo son condición natural del ser humano, en general, y del político en particular.

Son tan culpables los que corrompen como los corrompidos y para acabar con ellos es necesario el compromiso de todos

Decir, seguir diciendo, hoy a las tres cuartas partes de los españoles que viven en la incertidumbre de “llegar a fin de mes”, que la corrupción carece de impunidad y que los corruptos acaban “pagándola” representa una afrenta a la sociedad civil. La corrupción sin duda perjudica la posibilidad de avanzar en la recuperación económica. Por lo tanto hay que acabar con ella y cuanto antes mejor. Y para ello no hace falta la creación de comisiones independientes formada por personas de amplio reconocimiento y prestigio social que elabore un informe al parlamento sobre regeneración de la democracia. No son necesarias, tampoco, decenas de nuevas leyes oportunistas del momento para combatir estas conductas. Sólo es necesario que se acaten las que ya existen y que se controle y persiga su cumplimiento. Recodando a Tácito me viene a la memoria aquella lapidaria frase suya: “cuanto más corrupto es el Estado más leyes tiene”.

No más salvapatrias ni proclamas

La Sociedad Civil española ya está harta de salvapatrias, de tantos sinvergüenzas; no quiere más aventuras y si quiere que estos aventureros del oro de la política entren en prisión tras devolver lo robado. Dejémonos de tanto discurso, de tanta proclama, y palabrería vacua, del recalcitrante... ”y tú más…”. Pasemos de las musas al teatro, no más alejamiento de los ciudadanos respecto a las instituciones de todo tipo. Es necesario el control, hay que rearmar moralmente a la sociedad española y para eso es necesaria ya una profunda regeneración de la clase dirigente, tanto política como empresarial. Son tan culpables los que corrompen como los corrompidos y para acabar con ellos es necesario el compromiso de todos, dejando de lado los intereses de partido y las conveniencias electorales.

Delega pero verifica

Ese control ya se ejercía en el derecho romano a través de la “culpa in eligendo” y la “culpa in vigilando”, que hoy recuperaríamos en la frase: “delega pero verifica”. No sólo hay que elegir a los mejores sino que además se tiene que seguir y controlar sus actuaciones, y ello no debe molestarles si cumplen con buena fe sus obligaciones. El control no supone en absoluto restricción a su gestión. Como un ejemplo vale más que mil palabras, me referiré a la enorme importancia que han tenido los interventores en los ayuntamientos ya que eran precisos sus “informes vinculantes previos” a la toma de decisiones por parte de los Alcaldes. Pues bien ese control ha desaparecido, siendo arbitrariamente sorteado, al igual que el que se ejercía sobre los poderes ejecutivo, legislativo y judicial. Es bueno delegar, incluso imprescindible, pero a la vez es absolutamente necesario vigilar esa delegación para evitar el compadreo y que éste se convierta en corrupción.

Es inaplazable la regeneración política, si no se hace, la historia estará para recordarnos que las revoluciones lo harán entonces a su manera

Justicia rápida

Como decía antes no hay que crear nuevas normas de control, civiles o penales, bastaría con aplicar a rajatabla las que ya tenemos y con la máxima rapidez, sólo una justicia rápida es eficaz.

En definitiva, es inaplazable la regeneración de la política en nuestro país, si no se hace, la historia estará para recordarnos que las revoluciones, que no han de ser siempre violentas, lo harán entonces a su manera, muy probablemente de una forma que nos invitará a arrepentirnos de no habernos dado cuenta de ello cuando se pudo hacer. En democracia lo que no se puede decir no se puede hacer y como dijo Ludwig von Mises: “La corrupción es un mal inherente a todo gobierno que no está controlado por la opinión pública.”


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